Historia

París

Carta a los jefes de la URSS

La Razón
La RazónLa Razón

Leí el texto de Solzhenitsyn cuando aún era un adolescente. Fue gracias a don Valentín, mi profesor de Historia del Arte en San Antón, que conocía muy bien el ruso y solía comprar los escritos de los disidentes en París. Había localizado la Carta a los jefes de la URSS en una separata publicada en inglés y me la regaló cuando dio con el texto original. Yo ya conocía alguna de las novelas de Solzhenitsyn a la sazón, pero aquel texto me impresionó. El antiguo recluso del GULAG planteaba –para sorpresa mía– la política en términos morales. Señalaba el mal intrínseco que había en la ideología socialista que privaba al hombre de la propiedad privada fundamentalmente porque sabía que así podría controlar su libertad; desvelaba cómo el sistema estaba perpetrando desastres ecológicos mayores que el capitalismo y desmentía que aquella visión procedente de Marx pudiera contribuir a la paz cuando se observaban las tensiones que había creado no sólo frente al mundo libre sino también hacia la «hermana» China. Solzhenitsyn invitaba a los miembros de la Nomenklatura a renunciar a su poder para salvar a una Rusia que cada vez se encontraría en una situación más comprometida y a construir una nueva sociedad que asumiera una verdadera libertad de expresión y que hundiera sus raíces morales en la única cosmovisión que había reconocido plenamente la dignidad del ser humano: el cristianismo. Confieso que aquella lectura me abrumó. ¿Cómo podía alguien intentar dar respuesta a los grandes males de la sociedad apelando a una ética de origen espiritual? ¿Chocheaba Solzhenitsyn o quizá tenía razón? A los pocos meses, las autoridades de la URSS optaron por expulsarlo del territorio nacional sabedores de que había redactado una obra, «El Archipiélago GULAG», que no habían logrado descubrir. En apariencia, el despotismo había vencido y, sin embargo, la URSS no llegaría a durar dos décadas más, mientras que Solzhenitsyn acabó regresando a una Rusia libre del sistema que la esclavizó durante tres cuartos de siglo. Da que pensar…