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Caracas

Chávez saquea a los «terratenientes» españoles

Unos 200 hispano- venezolanos esperan la ayuda prometida por Zapatero y Moratinos desde diciembre pasado.

Chávez saquea a los «terratenientes» españoles
Chávez saquea a los «terratenientes» españoleslarazon

Acosados por Venezuela. Abandonados por España. Son doscientos españoles, y sus familias, a los que las turbas chavistas han expropiado sus haciendas por las bravas, invadiéndolas y ocupándolas sin más título que la pura fuerza. La muerte de Franklin Brito, el agricultor desposeído de sus tierras en una de tantas decisiones arbitrarias del régimen chavista, ha dejado claro a estos expropiados que «nadie va a hacer nada» por ellos.

Y es que ellos, como Brito, lo han perdido todo o sienten que van a perderlo irremediablemente. Hasta hace unos meses esperaban que el Gobierno español lograse arrancar al régimen bolivariano una indemnización que les compensase, en lo posible, por los cuarenta años de esfuerzo que les costó levantar unas explotaciones agrarias que ahora languidecen, saqueadas e improductivas.

«Logré contactar con uno de ellos, de los ocupantes, y me insistía en que él no estaba en mi finca. Imáginese, qué cinismo. Realmente no han hecho nada. Sólo han saqueado lo que había: dos tractores, la casa, la vaquera, la cerca, las bombas de agua, todo lo desmantelaron.

La finca está muerta, improductiva», lamenta Félix Barbero, el presidente de la Federación de Centros Españoles de Venezuela, que intentó la mediación de España. Más que la del Gobierno, la del Rey Don Juan Carlos, a quién le entregó hace dos meses un documento con las peticiones de estos propietarios. Pero ni por ésas.

Barbero recuerda que se enfrentó a hechos consumados cuando todo empezó. «Al llegar un día la inspección, me encontre con que la finca estaba dividida en cuatro partes y que le habían dado carta agraria, con una facilidad pasmosa, a cuatro personas que nunca habían tenido conocimiento ni posesión de la finca. Y el verdadero propietario quedó fuera».

El verdadero propietario, o sea, él, se veía obligado a empezar un tortuoso peregrinaje burocrático por distintas instancias oficiales para satisfacer las exigencias del INTI, el Instituto Nacional de Tierras, la joya de la corona del socialismo agrario de Hugo Chávez, que se vanagloriaba, no hace mucho, de haber expropiado ya el 30% de las haciendas «a los terratenientes».

Enredo burocrático
Estos «ricos», según la denominación chavista, desde hace años tienen un objetivo prioritario: demostrar que sus propiedades son legalmente suyas, no importa si las han trabajado durante décadas. El problema: que Venezuela no es un país donde las transacciones de terrenos se hayan registrado correctamente de una forma habitual. Más bien parece todo lo contrario.

Para los propietarios esto es una catástrofe: «Además del daño económico por la pérdida de las propiedades, también tenemos un daño adicional, gastos y pérdida de tiempo, por la serie de gestiones que nos han obligado a hacer para demostrar la propiedad de nuestras fincas».

Y todo, al final, para nada. Los documentos de propiedad –Félix encontró por suerte los suyos– debían llevarlos después a la Guardia Nacional. «¿Cómo voy a moverme a la Guardia Nacional, con el coste de desplazamiento que me lleva eso?», se pregunta Félix. «Y encima», añade desconfiado, «si conseguimos sacarlos (a los ocupantes), se van a meter por otra parte. Cómo voy a revertir esa ocupación si no hay ninguna seguridad».

Como él, en la misma situación, se encuentran otros dos centenares de compatriotas, según sus datos. Españoles de pasaporte, porque su acento les delata como venezolanos incluso aunque hayan nacido en España, como el propio Félix, que a los ocho años se fue para allá desde su Extremadura natal. Ahora, con el corazón «partío» entre los dos países y, peor aún, con la cuenta corriente en rojo intenso por las locuras económicas del paladín del socialismo del siglo XXI, piensa en volver para rehacer su vida.

La promesa que no llega

Estos hispano-venezolanos lo único que querían era una indemnización justa para salir del infierno en que se ha convertido Venezuela y volver a la «madre patria». Pero ya saben que eso no ocurrirá. «Zapatero en 2006 se comprometió a que iba a defender los derechos de los españoles y a garantizar sus propiedades», explican.

 También recuerdan la visita del ministro Miguel Ángel Moratinos a Caracas en julio de 2009. Pero pasa el tiempo y no hay solución. «El ministro nos dio su palabra en una reunión en el Consulado General de España en Caracas. Y se suponía que en no más de dos meses, diciembre, estaría todo solucionado». Pero es ya septiembre, y las cosas siguen igual.

Según los datos del Ministerio de Asuntos Exteriores, en junio eran 93 los españoles que habían presentado oficialmente reclamaciones. «Si hay más, a nosotros no nos consta», decía entonces el embajador Javier Elorza, encargado del caso que, además, aportaba cifras a LA RAZÓN: de los 93 casos registrados, Venezuela había aceptado indemnizar a 13 y devolver la propiedad a otros 17. En otros 28 casos faltaba documentación. El INTI rechazó seis peticiones porque no aportaban ningún título de propiedad.

En todo caso, y estando Chávez de por medio, Barbero y los demás afectados saben que lo tienen difícil o lo que es peor, imposible. Y no se explican que el Gobierno español intente animar a más empresarios para que inviertan en un país «donde muchos españoles están siendo maltratados».


Caracas despide a Brito, un símbolo de inconformismo
Mantuvo su última huelga de hambre hasta el final para recuperar sus tierras expropiadas, pero no lo consiguió. Sin embargo, Franklin Brito ha recibido el apoyo de Venezuela tanto en sus repetidas huelgas como en su despedida, un funeral que congregó ayer en Caracas a decenas de personas entre familiares, periodistas y ciudadanos. En la foto, una de las hijas de Brito, quien le acompañó durante la larga huelga, se despide entre lágrimas de su padre apoyada sobre el féretro.

Agresividad entre compatriotas
«Mi familia sigue allí ahora», afirma Félix mientras charlamos en una mesa del Cafe Gijón cuando vino a Madrid, en abril. «Y claro que tengo miedo de que les pase algo. A mi esposa casi se la lleva una moto anteayer. Le pasó por encima de un pie. Parece que venían de un robo. Yo salía a caminar antes muy temprano y me encontraba con un canario que salía a trotar, pero le secuestraron. Entonces, yo también deje de salir a caminar», explica. El hispano-venezolano cree que la inseguridad es tan alta que «acudes a los medios policiales y casi pueden agarrarte y meterte preso al final». También opina que el nivel de agresividad ha aumentado: «Antes compartíamos lo que preparábamos. Ahora te dicen que te largues y te escupen», asegura. Según Félix, en cualquier momento se podría llegar a una «guerra civil» que, según cree, alienta el propio Chávez con su discurso populista dirigido a los ciudadanos menos leídos.