Nueva York

La Gran Manzana y el tulipán holandés

El carácter de una ciudad se encuentra, en la mayoría de las ocasiones, en sus raíces históricas, en los motivos que han propiciado su fundación y que después han impulsado su desarrollo.

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 Si Nueva York representa, mejor que otra ciudad de Estados Unidos, esa idea crucial del «Melting Pot», el crisol de culturas, es por su origen multiétnico y por una firme defensa de la tolerancia y el mercado libre que la convirtieron desde el principio, incluso para sus primeros habitantes, en una excepcionalidad. La ciudad era heredera directa de los debates que agitaron los siglos XVI y XVII, y de las ideas que promovieron Descartes y Espinoza. Son los rasgos que determinan su ADN.

La marca que la separó del resto de asentamientos en la costa norteamericana. La pregunta que entonces surge es: ¿por qué Manhattan es una metrópoli distinta a las demás colonias? ¿De dónde proviene su carácter internacional? La leyenda refiere que los colonos que se instalaron en la vertiente atlántica del nuevo continente traían consigo ese puritanismo que abominaba de la libertad de culto. Una teocracia o mesianismo, que les llevó a proclamar que la sociedad americana estaba «ungida por la divinidad» y, por tanto, predestinada a defender sus valores (democráticos y fundacionales) en su territorio y en el resto del mundo. ¿Les suena el discurso? Pero la Gran Manzana, sin embargo, no responde a ese patrón. Russell Shorto explica el motivo.

En su libro detalla el origen de Nueva York, que es la clave que lo aclara todo. El mito afirma que la urbe surgió a partir de colonias inglesas. Pero lo que había pasado desapercibido es que los primeros pobladores (aparte de los indios) fueron holandeses. Ellos importaron el modelo de una sociedad abierta, con tendencias democráticas, que aspiraba a que los ciudadanos se autogobernaran. En 1640, cuando apenas contaba con 400 personas, ya se hablaban 18 lenguas y en sus calles convivían inmigrantes de nacione diferentes. Creían en la fuerza del individuo y del comercio. Nunca imaginaron que serían el corazón financiero del siglo XX y del XXI.
 

Sobre el autor: Russell Shorto es historiador y periodista, colabora en «The New York Times» y dirige el The John Adams Institute. Ideal para... : los amantes de Nueva York, que encontrarán una fascinante y desconocida historia sobre el origen de la Gran Manzana. Un defecto: El exceso de datos en ocasiones rompe el ritmo de la narración. Una virtud: Explica por qué esta ciudad tiene una idiosincrasia que la diferencia del resto de EEUU. Puntuación: 7