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Deuda inquietante

Tiempo de lectura 4 min.

28 de octubre de 2010. 21:34h

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29/10/2010

Aquí mucho perder el tiempo con Eta-Batasuna y Rubalcaba pero lo que aún preocupa en la calle de verdad es la economía. Los últimos datos de Cáritas son  inquietantes. La prestigiosa institución humanitaria de la Iglesia atiende diariamente a 800.000 personas, y su previsión es que esta cifra irá desgraciadamente a más. Tenemos a la mitad de nuestros jóvenes sin empleo. Casi el cuarenta por ciento de las familias españolas no logra afrontar sus gastos imprevistos. Los últimos datos macroeconómicos no han sido malos, pero los del cuarto trimestre volverán a ser otra vez nefastos. La venta de coches ha caído un 37 por ciento y hay un detalle que ayer  recordó el ex ministro Gómez Navarro  en Antena 3 que produce escalofrío. La deuda española sigue creciendo. Se ha triplicado en trece años.  Debemos ya más de tres billones. Somos de los países más endeudados del mundo. Y lo grave es que, en vez de adelgazar la cifra dislocada de dinero que tenemos que pagar, continuamos engordándola trimestre a trimestre. Con el consiguiente perjuicio que tal hecho causa en nuestras arcas. El que no debe nada no tiene problema alguno con los bancos. Pero si debes mucho estás en sus manos. Es lo que nos pasa ahora como país. Somos vulnerables a las especulaciones de los tiburones financieros porque estamos a expensas de ellos. Si nuestra deuda fuese mínima no existiría esa posibilidad de presión. Pero en las actuales circunstancias mandan sobre nosotros las instituciones financieras internacionales y no tenemos más remedio que hacer lo que nos diga Europa. Interesante debate el que se abrió ayer en la UE sobre la reforma del Tratado de la Unión. Franceses y alemanes quieren darle solemnidad legal a algo que parece razonable: los países de la UE que no cumplan sus compromisos  deben ser sancionados de una u otra manera. No tiene mucho sentido que Europa sirva sólo para dar dinero y carezca de capacidad coercitiva sobre quienes no cumplen. Algo que ahora particularmente nos puede afectar a nosotros y a otros «pigs» de la Unión, pero que en otras circunstancias podría salpicar a cualquiera.

El problema de lo elevado de la deuda española es que es insostenible. No tiene sentido que se quiera cargar sobre la Banca el peso de las pérdidas de los países en quiebra. Los gobiernos y las administraciones deben aprender a gestionar con profesionalidad, sabiendo que el derroche y el dispendio están penalizados. En cualquier empresa un balance continuado de pérdidas se llevaría por delante a sus gestores y a la sociedad en cuestión. En las administraciones públicas parece como si sus responsables no tuvieran responsabilidad alguna. Nos hemos acostumbrado en España a un tren de vida imposible de mantener. Lo que dijo el otro día  Botín es de cajón. No podemos pagar este Estado autonómico hinchado de empresas públicas, embajadas innecesarias,  televisiones en pérdidas, funcionarios a dedo y deuda galopante.

El Gobierno quiere llevar el debate hacia Eta, pero lo que de verdad nos interesa es la economía. Sin orden no habrá recuperación. Y ya empieza a ser insoportable esta situación límite de desempleados, prejubilados  y empresas en quiebra.

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