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Mas se erige como el profeta que guiará a Cataluña a la «tierra fértil»

Pujol compara a España con un «pedregal» donde «las semillas no dan sus frutos»

  • Mas y Pujol mostraron sus tesis soberanistas ayer en el Ateneu de la calle Canuda
    Mas y Pujol mostraron sus tesis soberanistas ayer en el Ateneu de la calle Canuda

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19 de octubre de 2012. 23:53h

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20/10/2012

BARCELONA– Igual que Moisés guió a los judíos a la tierra prometida, Artur Mas quiere ahora guiar al pueblo catalán «a una tierra fértil, productiva y donde crezcan las semillas». Mas tomó ayer el relevo de su antecesor, Jordi Pujol, que, tras buscar un encaje para Cataluña dentro de España, afirma que ha fracasado y que el único camino que le queda es el de la independencia. Pujol ahora votaría «sí» en un referéndum secesionista, y, para argumentarlo, ha querido escribir un libro, «El caminante en el desfiladero» (Destino en castellano, Proa en catalán)  para que la gente «no se sienta engañada».

Para presentar el relato que narra su trayectoria hacia una postura independentista contó con la complicidad de Mas. O Mas contó con la complicidad de Pujol, tanto monta, monta tanto, porque la presentación del libro, en el Ateneu Barcelonès, fue sin ambages un acto de precampaña para explicar a quienes no ven claro el camino de la independencia que «es mejor tener dudas que el desencanto».

Pujol y Mas construyeron un  relato a favor de la independencia a partir del título del libro del ex president. Primero uno y después otro, hablaron de que el pueblo catalán se encuentra ahora en medio de un desfiladero y que no tiene otra salida que tirar hacia adelante si no quiere «pasar hambre y frío», alertó Pujol, o que «una riada se lo lleve por delante». El ex president dijo que dar marcha atrás es volver «a un pedregal», «a una tierra poco amable, donde las semillas no dan frutos». Llamó a los catalanes a no lamentarse porque aunque sea complicado, al final hay «una tierra fértil». Un relato de remisiones bíblicas que Mas, metido en el papel de mesías del soberanismo desde la Diada, adornó con épica.

Después de que Pujol acabara su discurso asegurando que la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatut rompió el espíritu de la Transición y dejó a Cataluña huérfana de Constitución, Mas recogió el relevo. Tras reconocer el «coraje» de Pujol y hombres como el ex president que dedicaron décadas a  dibujar una España plurinacional, dio por sentado su fracaso. Sólo dio una alternativa a este fracaso: la independencia. A los indecisos les planteó una batería de preguntas, en las que no tuvo reparos de equiparar a Cataluña con CiU.

Primero planteó cuántas veces Cataluña ha fallado al Estado en momentos como la Transición, la redacción de la Constitución, la construcción del Estado de la Autonomías o la entrada en la Unión Europea. Su respuesta fue ninguna. Y luego propuso las preguntas al revés, en cuántas ocasiones ha fallado el Estado a Cataluña, y enumeró la Loapa; los Estatutos de Autonomía de 1979 y 2006, o el pacto fiscal. Así trató de convencer a los indecisos, consciente de que necesita una mayoría sólida para emprender «un nuevo camino» hacia la independencia.
 

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