MENÚ
lunes 17 diciembre 2018
09:12
Actualizado

Avance editorial

300 valientes: la batalla que convirtió en héroe a Leónidas

Pocos relatos han seducido tanto como los de Alejandro, Pericles, Troya o Salamina. El libro «La gran aventura de los griegos» los narra de una forma diferente. Ofrecemos un extracto del capítulo de la batalla de las Termópilas.

  • 300 valientes: la batalla que convirtió en héroe a Leónidas
  • 300 valientes: la batalla que convirtió en héroe a Leónidas
    300 valientes: la batalla que convirtió en héroe a Leónidas

Tiempo de lectura 8 min.

01 de marzo de 2009. 01:08h

Comentada
1/3/2009

De niño vi «El león de Esparta» y me fascinó. ¡Qué final tan épico! Por aquel entonces, no estaba acostumbrado a ver películas en las que los personajes morían y pensé que aquello era un marchamo de calidad. Por eso, cuando escribí mi primera novela, que era de romanos, acabé con todos los protagonistas menos uno, que quedaba vivo para enterrar a los demás. La película se mantiene bien, pese a los años. «El león de Esparta» inspiró a Frank Miller para crear el cómic «300», y de éste salió la película que ha vuelto a poner de moda a los espartanos [...] ¿Cuántos hombres defendieron las Termópilas? Leónidas disponía en total de 7.000 soldados. De ellos, había 4.000 peloponesios, 1.100 beocios entre tespios y tebanos, unos 1.000 focidios y el resto locrios. Ahora bien, en el contingente del Peloponeso formaban unos 1.000 lacedemonios, de los cuales sólo 300 eran auténticos ciudadanos espartiatas. El desfiladero, donde el viajero puede encontrar una estatua levantada en honor de Leónidas, ha cambiado mucho desde la batalla entre los espartanos y los persas. Los sedimentos arrastrados por el río Esopo y los torrentes que bajan del Eta han hecho que la costa se aleje varios kilómetros, pero en el año 480 había puntos del desfiladero con menos de 30 metros de anchura, que se reducían a 15 en los lugares más angostos. El paso tenía unos cinco kilómetros de longitud y presentaba tres estrechamientos, conocidos como Puertas. Leónidas y sus hombres se apostaron en la segunda, mirando hacia el oeste, por donde debían llegar los persas. Esto parece antiintuitivo, pues nos imaginamos a Jerjes viniendo desde oriente. Pero hay que tener en cuenta que el golfo de Malia es un profundo entrante que, justo antes de las Termópilas, gira bruscamente hacia el este. En aquel punto había un antiguo muro construido por los focidios, que Leónidas hizo reparar. Pero la posición tenía un punto débil. Antes de llegar al desfiladero, el río Asopo desembocaba en el golfo Malíaco. Remontando su curso por el barranco se llegaba a un camino en las alturas, la llamada senda Anopea, que rodeaba la posición griega por el sur en una larga vaguada entre dos líneas paralelas de sierras. Después volvía a girar hacia el mar hasta aparecer al otro lado del desfiladero, justo tras la espalda de los defensores. Tropas suficientes Leónidas, al que informaron de ese punto débil, envió a cubrir la senda Anopea a 1.000 hombres, los focidios, y dejó a los otros 6.000 protegiendo la ruta principal. Si nos atenemos a parámetros griegos, eran tropas suficientes para ambas misiones, que habrían podido detener durante un tiempo indefinido a un ejército equivalente o superior. Pero lo que se les venía encima no era un ejército convencional. Hacia mediados de agosto apareció ante las Termópilas la vanguardia de Jerjes. Una vez allí, los persas aguardaron durante cuatro días sin entrar en combate. Se han buscado diversas razones para explicar esa demora: que no se atrevían a atacar de frente una posición tan fuerte como la de Leónidas, que hacía mal tiempo y estaban esperando a su flota¿ El ejército persa era tan numeroso que por fuerza tenía que dividirse en varios cuerpos para marchar. Es probable que Jerjes en persona viajara en el centro del larguísimo convoy, y que este cuerpo central no llegara a la ciudad de Traquis, situada casi a la entrada del desfiladero, hasta el cuarto día [...] Una vez llegado Jerjes, empezó la ofensiva. Los primeros en atacar fueron los medos, tropas iranias de confianza. Según Heródoto, cayeron muchos. Pero dudo que se levantaran las inmensas pilas de cadáveres que la nueva tradición del siglo XX nos presenta.Ya hemos visto que en las batallas antiguas un ejército sólo sufría un número desproporcionado de bajas si se veía rodeado y sin posibilidad de escapatoria, mientras que los medos tenían detrás de ellos el camino libre para volver con los suyos. No obstante, 100 o 200 bajas en un primer asalto y en un espacio tan reducido habrían sido un inconveniente más que considerable, y podían demostrar a Jerjes y su general Mardonio que no iban a tenerlo fácil. Los Inmortales de Jerjes A continuación, tal vez por la tarde, Jerjes envió a sus Inmortales. Se trataba de un cuerpo de élite de 10.000 hombres, según Heródoto, llamados así porque cada vez que se producía una baja en sus filas se cubría con otro candidato en lista de espera. En los documentos persas no hay ninguna referencia a esos supuestos Inmortales, aunque parece que sí tendían a utilizar divisiones basadas en el sistema decimal, de modo que una unidad especial de 10.000 hombres no parece imposible. Los Inmortales se estrellaron contra la falange griega sin mejores resultados que los medos. La explicación que da Heródoto es que, aparte de que el espacio reducido no les permitía aprovechar su superioridad numérica, sus lanzas eran más cortas. Un par de palmos en la longitud de la lanza podían representar la diferencia entre la vida y la muerte. Además, los escudos de los persas eran de mimbre y cuero [...] Al final del día, los persas no habían logrado ganar un solo palmo de terreno y habían sufrido considerables bajas. Al segundo día los ataques no fueron tan intensos. Es fácil suponer que el mando persa comprendió que embistiendo de frente como carneros no iban a conseguir nada (ya se lo había advertido el ex rey espartano Damarato, que viajaba con Jerjes), y se limitaba a poner a prueba a los espartanos y a los demás griegos. Fue entonces cuando, según Heródoto, intervino un traidor llamado Efialtes que les informó de la existencia de la senda Anopea. La historia es verosímil, pero, aunque no hubiese aparecido el tal Efialtes, los persas ya habrían encontrado a cualquier otro lugareño. Cuando Alejandro Magno se topaba con desfiladeros aparentemente inexpugnables, rodeaba la posición enemiga recurriendo a guías locales. Por supuesto, en el caso de Alejandro consideramos esto una maniobra brillante; al tratarse de los persas, pensamos en traición [...] En la noche del segundo día de batalla, los Inmortales, al mando del oficial Hidarnes, tomaron el camino y se internaron en el monte. No es necesario pensar que un contingente tan grande participó en una maniobra nocturna y entre la espesura: las dificultades de una operación así eran más que considerables, y se habrían agravado con casi 10.000 hombres. Pero, fueran una fracción o todo el regimiento, los persas avanzaron durante toda la noche, es de suponer que a la luz de la luna, llena o no, porque no podían marchar con antorchas, que los habrían delatado. Cuando Leónidas se enteró de la maniobra envolvente, ya había amanecido.Tanto él como los demás se dieron cuenta de que la posición era ya indefendible, pues los iban a atacar por los dos lados. El rey espartano despachó a todas las tropas del Peloponeso y se quedó con sus 300 espartanos, los 700 tespios y los 400 tebanos. Se ha hablado de que permanecieron allí para cubrir la retirada de los demás, pero tal vez la explicación que nos parece más primitiva y menos razonable, el honor, sea la correcta. Los espartiatas de pura sangre, como ya vimos, podían perder sus derechos de ciudadano si se convertían en trésantes o temblorosos. No era necesario huir, sino que bastaba con sobrevivir a una derrota para convertirse oficialmente en un cobarde. [...] La caída de Leónidas La batalla fue la más dura de los tres días, porque esta vez los espartanos y sus acompañantes, sabiendo que estaban perdidos, no se limitaron a mantener la posición, sino que salieron más allá de la muralla, al encuentro de las tropas de Jerjes. Allí, como cuenta Heródoto, rompieron las lanzas y echaron mano a las espadas: es probable que ocurriera así, pero tampoco hay que tomarse esto como la Biblia, ya que es la típica retórica de estos textos. Leónidas cayó, y se desató una pugna por su cadáver y sus armas tan encarnizada como las que Homero describió en la Ilíada. Los espartanos lograron al fin hacerse con el cuerpo de su rey y se retiraron hacia un montículo, pues en esos momentos aparecían por otro lado del desfiladero los Inmortales de Hidarnes. En esa colina siguieron luchando, hasta que los persas renunciaron a matarlos cuerpo a cuerpo y recurrieron a las flechas. Los escudos de los griegos debían de estar hechos trizas, y además éstos eran tan pocos y los persas tantos que les resultaba imposible cubrirse todo el cuerpo. Así murieron todos los que allí estaban, al menos en teoría. Porque Heródoto nos refiere con todo detalle quiénes fueron los más destacados de entre los espartanos y los tespios. ¿Quién se lo contó, si no quedaron supervivientes? Como fuere, los persas consiguieron superar aquel obstáculo, así que hay que reconocerles el mérito de obtener una victoria bastante rápida -en poco más de 48 horas- ante una posición difícil de asaltar y en un país desconocido. Leónidas y los suyos se convirtieron en héroes, y su ejemplo fue tan inspirador que 2.500 años después todavía se recuerda en la cultura popular.

Javier NEGRETE

Ficha
-  Título: «La gran aventura de los griegos».
-  Autor: Javier Negrete.
- Edita: La Esfera de los Libros.
- Fecha de publicación: 10 de marzo.
-  Sinopsis:  el autor, licenciado en Filología Clásica, traductor de Plutarco y novelista, hace un retrato para todos los públicos de la Antigüedad griega. El libro ofrece una visión de esta época distinta a la de los manuales tradicionales, y en él se retratan de forma amena y rigurosa desde las batallas más épicas hasta las vidas de los personajes más célebres.

Últimas noticias