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Pasmo

Tiempo de lectura 4 min.

02 de abril de 2011. 21:15h

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3/4/2011

Me pinchan y no sangro. Me extraen una muela sin anestesia y no reacciono. Turbación, conmoción, desconcierto ante lo inesperado. También chasco y estupor. Necesitaba salir de Madrid. Pero no quería hacerlo sin asegurarme el sosiego. Hablé con mi confidente de La Moncloa, y me confirmó mis impresiones. Se lo pregunté: ¿Cómo es posible que un político en su más alta cota de prestigio pueda renunciar a presentarse de nuevo? Su respuesta me tranquilizó: «No te preocupes. Todo este lío lo ha montado el Partido Popular. El Presidente optará en las próximas elecciones a la Presidencia del Gobierno. Lo hará por España. Se lo ha pedido la ONU, y ya sabes lo importante que es la ONU». Oídas sus palabras, hice las maletas y fuíme.

Hoy marca el calendario que vivimos el día 2 de abril del año 2011. Inesperadamente, ante el Comité Federal de su partido, que creo entendido que es el PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero ha anunciado formalmente su retirada. Me pinchan y no sangro, insisto. ¿Cómo puede hacernos semejante faena a cuarenta millones de españoles? ¿Qué va a ser de nuestros hijos y de nuestros nietos? En algunas ocasiones he sido algo crítico con su política. Pero de ahí a desear su marcha, media largo trecho. Como Presidente del Gobierno de España, Zapatero ha culminado grandes metas y luminosos objetivos. Por ejemplo, superar a Grecia. En el año 2009, Grecia tenía tres millones de parados. Pues ¡hala! Y que los griegos se fastidien. En 2011, los españoles vamos camino de los cinco millones de parados. Eso no se consigue fácilmente, y más aún, cuando se recibe una nación con una estructura económica pujante y sólida. ¿Será la modestia la causante de su inesperada postura? Los brotes verdes. Donde miro advierto brotes verdes. Claro, que estamos en abril.

Me siento huérfano. De sopetón, huérfano y hundido. No me esperaba este escopetazo anímico. Y claro, tendrá que organizarse un proceso de elecciones primarias en el PSOE, y eso es grave. Porque Zapatero, que ha solucionado todos los problemas que España no tenía, ha sido poco cuidadoso con la armonía entre los suyos. Se llevan bastante mal sus posibles sucesores. Rubalcaba, en mi opinión, no creo que opte a nada con tanto faisán suelto y volandero. Chacón, con un Zapatero buscando la puerta de salida, va a tener que dar la cara por la guerra ésta que nadie sabe cuándo y cómo va a terminar. Si con Gadafi en el poder o con Bin Laden en lugar de Gadafi. Todo muy positivo. La sorpresa podría ser Trinidad Jiménez, pero si hay urnas de por medio, Trinidad no gana ni la presidencia de su comunidad de vecinos. Bono está demasiado visto y excesivamente leído y oído. Ya lo sé. Eguiguren. Chusito Eguiguren, ese enamorado de España. Pero no lo veo en su salsa. El gran problema que tiene el PSOE con un Zapatero renunciado es que resulta harto complicado encontrar un sustituto con su carisma, su preparación, su dominio de la política internacional, su simpatía arrolladora y que le quepa en la cabeza el Estado. Aunque sea el Estado de San Marino, pero el Estado al fin y al cabo. No veo cantera con posibilidades. ¿Por qué se nos va, así de golpe, y nos abandona?

Hay que ser optimistas, aunque sea por obligación. España se despide con infinito dolor del político que ha demostrado su grandeza. La de España, me refiero. Después de su época de gobernante, España zozobra, pero no se ha hundido definitivamente. Y esa resistencia frente al temporal nos la ha hecho ver Zapatero. Ocho años destrozando a España, y España sigue. Gracias por abrirnos los ojos.

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