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La amenaza de la prima de riesgo

Tiempo de lectura 4 min.

03 de agosto de 2011. 00:21h

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3/8/2011

La prima de riesgo –la diferencia entre el rendimiento del bono a 10 años español con respecto a su homólogo alemán– procuró ayer a la economía española una jornada pródiga en sobresaltos e incertidumbres, ya que parecía que ésta estaba fuera de control y a merced de la volatilidad y la desconfianza de los mercados. A primera hora de la mañana, se rebasaron los temidos 400 puntos, se llegó a los 404, barrera que, según los expertos, una vez rebasada puede indicar que un país debe ser rescatado. Al final de la jornada, se batió otro récord y cerró en 386 puntos.
Las causas hay que buscarlas en varios factores: está claro que el nuevo balón de oxígeno a Grecia no ha aplacado la desconfianza sobre nuestra economía. Tampoco han ayudado mucho, sino todo lo contrario, las turbulencias en  Estados Unidos, ya que a pesar del acuerdo sobre la deuda, la caída del consumo en este país ha repercutido severa y negativamente en su Producto Interior Bruto.  Pero más allá de las circunstancias de la economía mundial, parece que las medidas del actual Ejecutivo no convencen a los inversores. La situación ayer fue lo suficientemente crítica como para que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez  Zapatero, conversase con los líderes de las principales fuerzas políticas de nuestro país para comunicarles los contactos que el equipo económico del Ejecutivo estaba manteniendo con los gobiernos de Francia, Italia –que también vivió una jornada crítica– y Alemania. Y desde la Comisión Europea se intentó tranquilizar a los mercados al mostrarse convencida de que las autoridades españolas están tomando las medidas necesarias para que la economía se estabilice, por lo que descartaba una intervención. Sin embargo, lo cierto es que la rentabilidad del bono sigue cotizando al alza, lo que encarece aún más la financiación del Gobierno y de las empresas españolas. Si España se mantiene en estos niveles, la economía no podrá crecer y se destruirá más empleo, lo que supone un riesgo que el Ejecutivo debe atajar. Ya se ha demostrado que no basta con un conjunto de medidas más o menos afortunadas y hacer los deberes. Es necesario ir más allá. Lo que se necesita en este momento son profundas reformas estructurales que no pueden esperar al desenlace de las elecciones generales del 20 de noviembre, porque a medio plazo estos niveles no son sostenibles y cada vez es más caro financiarse. El Gobierno –a pesar del anuncio de ayer, en el que comunicó que no habría más ajustes económicos– debe acometer las medidas que sean necesarias para que los mercados confíen en la economía española, en que se están cumpliendo los objetivos marcados y en que hay una clara voluntad de acometer todas las reformas que sean necesarias. Hasta el 20 de noviembre hay margen de maniobra para intentar frenar todos estos movimientos especulativos que nos ponen en una situación de riesgo. Cabe recordar que, según Bruselas, si un país tiene una prima de 400 puntos básicos y no toma medidas en su debido momento, es probable que el impacto del sobrecoste por financiarse en el conjunto de su economía genere un impacto negativo en el PIB de un 0,8% anual, algo que España no se puede permitir.
 

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