Barcelona

La frágil y pasajera unidad catalana

El pacto del Estatut en las Cortes y el desarrollo de la financiación ya evidenciaron que la unidad sólo es un deseo.

La frágil y pasajera unidad catalana
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El lema de la manifestación de rechazo a la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) hizo tambalear los cimientos sobre los que reposa la unidad catalana para defender el Estatut, aunque, finalmente, se alcanzó un frágil consenso. Los primeros temblores acostumbran a ser la antesala de futuros movimientos sísmicos y no se descarta que, en este caso, se produzca un terremoto cuando el frente catalán intente hacer piña en el Parlament y en el Congreso de los Diputados. Si este terremoto destruirá la unidad es aún un interrogante, aunque hasta la fecha todos los intentos de los partidos catalanes de ir de la mano han acabado por los suelos. Los intereses partidarios y la disciplina de voto del PSC con el PSOE en las Cortes han actuado como dinamita.En 2005 el entonces presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, actuó como precursor de la unión de defensa del Estatut reuniendo a los líderes de los principales partidos catalanes en un acto de fuerza antes de ir a presentar el texto del Estatut al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Lo que no esperaba entonces Maragall es que un compañero suyo de partido, José Montilla, sería señalado por CiU como el responsable de debilitar el entonces llamado «cuatripartito» al anunciar la intención de los socialistas de enmendar el texto aprobado en el Parlament el 30 de septiembre de aquel año 2005.Los intentosAhora es el mismo Montilla, convertido en presidente de la Generalitat, quien se encarga de liderar la defensa del Estatut, aunque, como Maragall, no ha conseguido nunca que todos los intentos de que los partidos catalanes vayan de la mano hayan durado más de dos telediarios.La unidad catalana más duradera fue la nacida a raíz de una resolución del debate de orientación política general celebrado en octubre de 2008 para defender la financiación, pero que acabó fulminada en diciembre del mismo año, cuando los 25 diputados del PSC en Madrid se desmarcaron del frente catalán para votar los Presupuestos con el PSOE. El verano de 2008 fue especialmente tenso entre PSC y PSOE, ya que la financiación de Cataluña se demoraba sin aparente voluntad del Gobierno por solucionar el asunto. El 9 de agosto de 2008 era la fecha límite fijada por el Estatut para la entrada en vigor del nuevo sistema y los partidos catalanes decidieron ir de la mano para ejercer presión al Gobierno, pero las dificultades en la negociación y los ataques de CiU al PSC acabaron con el intento, que fue rematado por el pacto del líder de ICV, Joan Saura, con la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega.El conseller de Economía, Antoni Castells, llegó a insinuar que el PSC no apoyaría los Presupuestos, pero Montilla zanjó el conato de rebelión y los soocialistas votaron en bloque en el Congreso. Poco después, se desataron las críticas de CiU, ERC e ICV.La ofensiva ante el TCLa misma historia se produjo este año, cuando a mediados de abril CiU, PSC, ERC e ICV diseñaron una ofensiva conjunta para reformar la Ley del Constitucional para forzar la renovación de sus miembros. La ofensiva se descafeinó al cabo de pocos días cuando los republicanos optaron por no rubricar la resolución, pese a respaldarla. La proximidad de las elecciones catalanas empezaba a ser un lastre para los intentos de los partidos de actuar en un frente común por encima de los intereses partidarios.Queda ahora por ver si la unidad para construir una respuesta conjunta al recorte del Estatut corre mejor suerte, y si los partidos catalanes son capaces de anteponer sus intereses particulares para intentar recomponer el Estatut corregido por el TC. Los preparativos de la manifestación unitaria los pusieron en evidencia que soldar el frente catalán. La cabecera de la marcha, un auténtico puzzle, fue la prueba más palmaria de lo complejo que es el pacto entre CiU, PSC, ERC e ICV, sobre todo a pocos meses de las elecciones.Sin embargo, la unidad escenificada en la manifestación de anteayer se mantendrá durante unos días porque a nadie le interesa quedar ante la opinión pública como el responsable de destruir el frente. A lo largo de esta semana, los partidos deben articular la estrategia en defensa del Estatut refrendado. Pero la prueba de fuego llegará cuando el frente catalán se traslade al Congreso. «No creo que todos tengan las manos totalmente libres para defender lo mismo que defendemos aquí», dijo ayer Mas.