La liberación de los presos bloquea el diálogo con los talibanes

El caos político en Afganistán se acentúa coincidiendo con el inicio de la retirada de EE UU

Suspected militants arrested in various operations
Detención de varios presuntos miembros de los talibanes en una operación de las fuerzas del orden afganasGHULAMULLAH HABIBIEFE

Los talibanes rechazan las condiciones del Gobierno para la liberación de presos incluida en el acuerdo de paz firmado con Estados Unidos. Nadie espera acabar una guerra de 40 años en un día, pero al menos sí se esperaba que los primeros pasos para la paz no acabaran en más problemas. Con una semana de retraso el presidente legítimo de Afganistán, Ashraf Ghani, firmó el protocolo para poner en libertad a 5.000 presos insurgentes, pero la propuesta fue rechazada por los talibanes. Según el decreto presidencial, una primera ronda de 1.500 presos se seleccionará por edad, salud y la duración de las sentencias ya cumplidas.

“Como gesto de buena voluntad, el perdón y la liberación de 1.500 prisioneros talibanes empezará el 14 de marzo en la prisión de Bagram. Todos los días deberán ser liberados cien prisioneros talibanes en función de su estado de salud y del periodo restante a cumplir de sus condenas”, señaló el escrito.

Los prisioneros liberados, que serán identificados por valores biométricos, también tendrán que prometer por escrito que no regresarán al campo de batalla. Después, los 3.500 prisioneros restantes serán liberados tras el inicio de las negociaciones, 500 cada dos semanas siempre que el Talibán reduzca la violencia en el campo de batalla, según el decreto presidencial. “Para liberar a sus militantes, queremos garantías de que no van a retomar las armas; sin esa garantía sería difícil dejarlos en libertad”, indicó el portavoz presidencial, Sediq Sediqqi, durante su conferencia con periodistas.

Para los talibanes, sin embargo, la lista está cerrada y no aceptarán que ésta pueda “ser modificada por nadie”, y exigen una liberación completa y sin condiciones como primera premisa para poder iniciar el diálogo intraafgano. Así, ante la posibilidad de que este proceso de paz descarrile y no pueda poner fin a la guerra más larga de su historia, responsables estadounidenses instaron a las dos partes a que se reúnan en Doha para hablar de este intercambio de presos y dar comienzo a las negociaciones internas afganas.

Coincidiendo con el decreto de la liberación de los prisioneros, el Departamento de Estado de EE UU emitió un comunicado indicando que el nivel de violencia era “inaceptable” y que mientras el Talibán ha detenido sus ataques contra las fuerzas de la coalición y en las ciudades afganas, la violencia en las zonas rurales sigue siendo demasiado alta. De hecho, el Ministerio del Interior informó ayer que durante las 24 horas anteriores habían llevado a cabo 32 operaciones en 15 provincias, que mataron a dos civiles y a cinco soldados.

A esto se suma la crisis política con la investidura de dos presidentes, el reelegido Ghani y su rival Abdulá Abdulá, lo que ha provocado un caos político que demora la formación de un equipo nacional de negociación y el inicio de las conversaciones, que debían empezar el próximo martes en Oslo, Noruega. En este sentido, la comunidad internacional ha dejado claro que “no reconoce el Emirato Islámico de Afganistán y no aceptará o apoyará su restauración”, para que los talibanes no traten de monopolizar el poder