La UE trata de evitar el desabastecimiento pese al cierre de fronteras

Los Veintisiete estudian establecer corredores terrestres para garantizar la libre circulación de productos básicos y material sanitario en plena crisis del coronavirus

Camiones esperan largas colas de hasta 60 kilómetros en Bautzen, en la frontera entre Alemania y Polonia/AP
Camiones esperan largas colas de hasta 60 kilómetros en Bautzen, en la frontera entre Alemania y Polonia/APRobert MichaelAP

El espacio sin fronteras Schengen, uno de los grandes logros del proceso de integración europeo, ha saltado por los aires. Ante lo inexorable de los hechos, la Comisión Europea se afana ahora por intentar que las consecuencias sean lo menos dañinas posibles. A pesar de que Bruselas había realizado en las últimas semanas constantes llamamientos a que los países europeos no cerrasen sus fronteras internas de manera unilateral como modo de frenar el coronavirus, las capitales han hecho caso omiso de estos ruegos. A un primer grupo de Austria, Dinamarca, Eslovaquia, Polonia, Lituania y República Checa ha acabado sumándose Alemania, España, Portugal y Grecia y puede que alguno más cuando el lector lea estas líneas. Con su iniciativa de blindar las fronteras exteriores a los nacionales de terceros países, la Comisión Europea confía en que la vuelta a la normalidad se produzca lo antes posible, pero sabe que no será fácil.

Por eso, ahora Bruselas intenta reaccionar en el segundo asalto. El Ejecutivo presidido por Ursula von der Leyen es consciente de que su capacidad de liderazgo está herida de muerte, pero confía en la resurrección. Ha perdido ya algunas importantes batallas, pero quiere ganar la guerra.

La consigna es preservar la libre circulación de bienes y de trabajadores transfronterizos y crear corredores para que los transportistas europeos puedan seguir circulando por el mercado común. A corto plazo, la prioridad reside asegurar el abastecimiento de material médico para luchar a epidemia y productos de primera necesidad A medio y largo plazo, evitar que se vea dañado el funcionamiento del mercado común y que la recesión económica sea incluso más severa de lo pronosticado.

Por eso, ayer se celebró una reunión extraordinaria de los ministros de Transportes de los Veintisiete en la que se estudió la puesta en marcha de vías de acceso prioritarias para los transportistas después de que los problemas detectados desde finales de la semana pasada en ciertos puntos fronterizos.

Según el comunicado emitido por el ministerio de Transportes, el titular español José Luis Ábalos expusó durante el encuentro la necesidad de una acción coordinada impulsada por el ejecutivo comunitario “ que aborde con absoluta prioridad y urgencia garantizar la libertad de tránsito del transporte de mercancías a nivel europeo, vital para la actividad económica y para la entrega de suministros a la sociedad y sin vetar flotas y conductores de ningún país de la Unión Europea”. El ejecutivo comunitario también recordó tras el encuentro que “los Estado miembros que imponga restricciones en el transporte de bienes, trabajadores y pasajeros deberían hacerlo sólo por razones de salud”.

Si la carestía se convierte en una realidad debido al cierre unilateral de fronteras, el papel de Bruselas se convertirá en irrelevante e imperará la ley del más fuerte. Otra vez nos enfrentaremos a otro episodio bochornoso como cuando Italia tuvo que recurrir a China ya que socios como Alemania y Francia habían impuesto restricciones a sus exportaciones de mascarillas y otro material médico para luchar contra la epidemia y Bruselas tuvo que batallar durante más de una semana para que entraran en razón, perdiéndose un tiempo precioso.

La tradicional locomotora alemana le empieza a ver las orejas al lobo. “Para el funcionamiento del mercado único es necesario que puedan fluir las mercancías. Dependemos de la división del trabajo en nuestras cadenas de producción como se ve por ejemplo en nuestra industria automovilística”, aseguró, con su habitual pragmatismo la canciller Angela Merkel tras la videoconferencia mantenida con los líderes europeos este pasado martes.

“Cuando miramos atrás al año 2015 y sus efectos sobre la economía en el contexto de la crisis migratoria argumentamos que los efectos económicos de los controles fronterizos adicionales iban a ser relativamente limitados. El análisis ahora sería muy diferente: parar los viajes transfronterizos podrían llevar a una mayor disrupción de la actividad económica”, aseguraban Raffaella Menino y Guntram B Wolff en un artículo para el think tank Bruegel justo antes de que se impusiera el efecto dominó de cierre de fronteras y en defensa de las tesis de la Comisión Europea. Tal y como recuerdan en este texto, en 2018 los ciudadanos de los Veintisiete realizaron 320 millones de viajes de una noche dentro del club comunitario y más de esos 39 desplazamientos (12%) se correspondieron a viajes de negocios. Más de 1.900.000 residentes en el espacio Schengen cruzaron la frontera a otro país para trabajar.