Otra prueba para la (des) Unión Europea

La descoordinación entre los socios europeos ha sido la nota habitual en la respuesta al Covid-19, la peor crisis que atraviesa el club desde la Segunda Guerra Mundial

Covid-19 Coronavirus emergency lockdown in Italy
Una mujer reza sola ante la Basílica de San Pedro del Vaticano/EFEANGELO CARCONIEFE

Las descoordinación y el salvese quien pueda dominan la gestión de la crisis europea

Las autoridades europeas se enfrentan al reto de asegurar el suministro médico en todo el territorio comunitario, evitar el cierre unilateral del fronteras y paliar los efectos económicos sin un liderazgo claro.

No sufrimos una crisis tan dramática y de tal magnitud desde el final de la Segunda Guerra Mundial y, finalmente, hoy la Unión Europea actúa. No teníamos dudas de que sería así”, aseguró este pasado viernes en un comunicado el Presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli en unas palabras que son a partes iguales una felicitación y una crítica feroz ante la tardanza y palos de ciego que han guiado las decisiones de las autoridades europeas en estas últimas semanas.

Tal y como recordó la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, la sombra de la crisis financiera de 2008 tras la quiebra de Lehman Brothers se cierne sobre el club comunitario si no se toman acciones contundentes. Una vez más, los Estados Europeos reaccionan con egoísmo y mirada cortoplacista a una nueva encrucijada y repite muchos de los errores cometidos no sólo durante la crisis económica sino también durante la oleada migratoria del año 2015. De hecho, muchas de las heridas ocasionadas por estos lances vuelven a reabrirse en una nueva policrisis cuyas ramificaciones y derivadas siguen sin conocerse. La firmeza y unidad de las autoridades y sociedad chinas contrastan con el caos y la debilidad de las democracias europeas.

Soledad italiana

Quizás lo que mejor ejemplifique la falta de solidaridad europea y la dinámica del sálvese quien puede sea el artículo del embajador permanente de Italia en Bruselas, Maurizio Massari, publicado en el digital Politico el pasado martes después de que ningún país europeo hubiese enviado material a Italia para proteger contra el contabio virus, a pesar de que Bruselas había activado el mecanismo conocido como Protección Civil hace días. “La crisis del coronavirus no es sólo una crisis nacional. Es una crisis europea y debe ser tratada como tal”, alertaba Massari para después quejarse amargamente de que mientras sus socios europeos le habían dado la espalda, China había respondido a esta llamamiento. “Para empezar, debemos asegurarnos de que, bajo la coordinación europea, la cadena de suministro de equipo médico y su redistribución entre los Estados y regiones que más lo necesitan. Hoy, es Italia; mañana puede ser otro sitio”.

A pesar de este mensaje de SOS, Francia y Alemania han mantenido durante todos estos días sus restricciones a exportar equipo medico para prevenir y contener el coronavirus también dentro del territorio comunitario y hubo que esperar hasta este pasado viernes para que la presidenta del ejecutivo comunitario, Úrsula Von der Leyen, consiguiera convencer a París y Berlín de que cambiaran su actitud. Una semana después de que algunos socios europeos mostraran su malestar en un Consejo extraordinario celebrado en Bruselas de los ministros de Sanidad. ¿Por qué esta tardanza?

100 días sin rumbo

En estos momentos, Bruselas no tiene ni auctoritas ni potestas. En el segundo ámbito -la capacidad de ejercer el poder de manera coercitiva porque sí lo dicta la ley- muchas de las competencias sobre Salud pública y gestión de fronteras recaen sobre las capitales y en cuanto a la auctoritas- el liderazgo moral- resulta difícil de resumir en una sola frase. Esta crisis llega en un momento en el que el ejecutivo presidido por Úrsula Von der Leyen acaba de cumplir el pasado lunes sus primeros cien días de mandato en tierra de nadie y sin una una brújula clara ante la falta de apoyos claros y la necesidad de contentar a sectores muy diferentes: desde los conservadores polacos al giro social y verde que le reclama un hemiciclo europeo más fragmentado que nunca. Von der Leyen no tiene el conocimiento de la burbuja europea de su predecesor, Jean Claude Juncker ni su astucia política y da la imagen de ser una equilibrista que debe conseguir que ninguno de los platillos giratorios se le caiga, sin que eso le permita saber hacía dónde va.

En las capitales, a la debilidad de la canciller alemana Ángela Merkel en la recta final de su mandato se le suma las tensiones en el eje franco- alemán, con un Emmanuel Macron que durante los últimos meses ha emprendido un pulso para marcar la agenda comunitaria tras la marcha de Reino Unido del club. Un empuje necesario pero insuficiente y que también le ha granjeado recelo en el resto de las capitales. Para algunos, París tan sólo quiere reconfigurar el proyecto europeo a medida de sus intereses. En cuanto a los otros socios, Italia ha perdido influencia debido a su deriva populista y el gobierno de Pedro Sánchez se adentraba en terreno desconocido al apostar por alianzas de “geometría variable” según los ámbitos.

Esta última semana, las autoridades europeas han empezado a reaccionar lentamente. Tras los mensajes tranquilizadores de semanas precedentes, el tono se ha endurecido. La prioridad ya no ha sido calmar, sino asustar. La comisaria de Sanidad, Stella Kyriakides, pidió a los Estados contener de “manera agresiva” el virus con el objetivo de ganar tiempo y evitar el colapso de las capitales e hizo un llamamiento a los ciudadanos para que siguieran “al pie de la letra” los dictados de las autoridades públicas. Aunque Bruselas no puede imponer protocolos comunes en los Estados el contagio, con este paso al frente el ejecutivo comunitario decidió utilizar, al menos, su poder de alerta. Y ha comenzado a dar resultado, aunque quizás no con la celeridad requerida.

Cerrojazo Schengen

Pero el liderazgo de Von der Leyen flaquea en otros ámbitos. Este pasado viernes la presidenta del ejecutivo comunitario pidió encarecidamente a los Estados que no cerrasen sus fronteras de manera unilateral, con el objetivo de preservar el espacio Schengen. “Por supuesto todos queremos proteger a nuestros ciudadanos de la extensión del virus, pero miremos todos juntos cómo podemos hacerlo y cómo podemos hacerlo de manera más efectiva. Ciertos controles pueden estar justificados pero prohibiciones generalizadas de viajar no son lo más efectivo según la Organización Mundial de la Salud”, aseguró la política alemana. Como si fuera una profecía autocumplida o una invitación a la desobediencia, pocas horas después algunos países como Polonia, República Checa, Eslovaquia o Dinamarca – la lista puede haber aumentado cuando el lector lea estas líneas- comunicaron la prohibición de entrada a extranjeros, incluidos los ciudadanos comunitarios en una reminiscencia del efecto dominó vivido durante la crisis de refugiados del año 2015 en la que se impuso la mano dura de los países del Este y los movimientos unilaterales, sin importar las consecuencias para el resto. Ante la situación, Emmanuel Macron, está batallando para conseguir un cierre coordinado de fronteras.

Impotencia del BCE

En cuanto a las repercusiones económicas, la Comisión Europea ha concedido una bula generalizada para que las capitales inyecten liquidez a la economía con el objetivo de evitar efectos devastadores. Esta gasto no computará dentro de las normas de déficit público- lo que supone de facto la suspensión del Pacto de Estabilidad y Crecimiento- y se repetirá el mismo esquema de ayudas públicas flexibles aplicado tras la quiebra de Lehman Brothers en 2018 para auxiliar a los bancos. Pero el dinero comunitario ni está ni se le espera ya que Bruselas tan sólo puede reorientar partidas ya asignadas a los Estados y permitir que se apliquen ahora para tapar agujeros.

La gran duda es si economías como poco margen de maniobra por su altísimo endeudamiento como la italiana o la española podrán hacer frente a este reto si no se aplican redes de seguridad comunes en la zona euro. Fuentes del ministerio de Economía españolas se han mostrado en contra de grandes planes de estímulo fiscal ante el peligro de promover “comportamientos irresponsables”. Lagarde ya advirtió el pasado jueves de que el BCE tiene un margen de maniobra más escaso que en el pasado y de que no puede actuar para reducir los diferenciales en las primas de riesgo, una palabra que desataron el pánico en los mercados y las críticas de Roma y París.