La vía sueca contra el coronavirus: colegios y restaurantes abiertos y sin confinamiento

Las autoridades del país escandinavo apuestan por la responsabilidad individual y colectiva para contener la pandemia, que ya suma más de 3.000 contagiados y un centenar de muertos

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A ambos lados del puente de Oresund que une Dinamarca y Suecia se afronta de manera muy diferente la lucha contra la pandemia del coronavirus. Mientras que el Gobierno de Copenhague fue uno de los primeros de la UE en blindar sus fronteras, suspender clases y cerrar todos los comercios menos tiendas de alimentación y farmacias, su homólogo sueco ha optado por evitar graves restricciones a la libre circulación de sus ciudadanos y mantiene abiertos sus aeropuertos.

Con más de 3.000 contagiados y un centenar de muertos, el primer ministro sueco, el socialdemócrata Stefan Löfven, ha preferido seguir las recomendaciones de la independiente Agencia Pública de Salud, que considera que adoptar medidas dacronianas tendría un efecto limitado y podría paralizar las funciones sociales.

“No tiene sentido cerrar fronteras, la epidemia está aquí, dificultaría la circulación de materiales. Cerrar escuelas puede aumentar el contagio y reducir personal en los hospitales”, afirma Anders Tegnell, epidemiólogo jefe de este organismo y que ha tachado de “políticas” medidas de ese tipo adoptadas por países vecinos como Dinamarca, donde las decisiones las toma directamente el Gobierno sin asumir necesariamente las directrices de sus autoridades sanitarias.

Orla Vigsö, profesora de comunicaciones de crisis en la Universidad de Gotemburgo, achaca el contraste entre los dos países nórdicos a sus diferentes estructuras políticas. “En Dinamarca, puedes recibir una multa si no haces lo que dicen las nuevas leyes, por lo que las autoridades tienen respaldo para imponer esto al público”, señaló al diario “The Local”. “Todavía no hay leyes en Suecia, por lo que puede haber un vacío legal; no quieren decir que las personas deberían hacer algo y ser responsables de las pérdidas económicas, es una posibilidad. También existe una tendencia general a no usar órdenes severas en Suecia. Proporcionamos a las personas los hechos que necesitan para tomar una decisión informada y esperamos que esa decisión sea la correcta”.

“Todos nosotros como individuos debemos asumir la responsabilidad. No podemos legislar y prohibir todo”, aseguró este viernes Löfven, que aboga por la conciencia individual y colectiva para combatir el coronavirus. Una amenaza cuya gravedad no trata de ocultar a los ciudadanos.

En un inusual discurso a la nación el pasado domingo (el último se produjo en 2003 tras el asesinato de la titular de Exteriores Anna Lindh), el primer ministro sueco pidió “prepararse mentalmente para lo que viene”. “La infección se está extendiendo en Suecia. La vida, la salud y los empleos están amenazados. Más personas caerán enfermas, más tendrán que despedirse de un ser querido”, advirtió Löfven.

Si bien se han descartado, por el momento, adoptar el confinamiento decretado en otros países europeos, las autoridades suecas se han centrado en proteger a los mayores de 70 años, el principal grupo de riesgo, al que insta a quedarse en casa y no salir siquiera a comprar, así como todo aquel que experimente síntomas del virus como tos, dolor de garganta o fiebre. Asimismo, se recomienda mantener la distancia social, evitar viajes no esenciales, trabajar desde casa siempre que sea posible y no visitar ni a ancianos ni hospitales.

“Mantenga su distancia, normalmente decimos en el tráfico. Pero eso también se aplica a la vida social ahora. En primera instancia, use el teléfono, el chat de video u otra tecnología para mantenerse en contacto con familiares y amigos”, recomienda la ministra de Sanidad y Asuntos Sociales, Lena Hallengren,

Ayer mismo, el Gobierno limitó de 500 a 50 personas el aforo máximo para actos o reuniones públicas como ceremonias religiosas y competiciones deportivas. Precisamente, las estaciones de esquí se están convirtiendo un importante foco de contagio, por lo que muchos restaurantes y clubes en las ciudades norteñas de Are, Salen e Idre ya han cerrado sus puertas.

Estocolmo, que concentra el mayor número de casos, mantiene aún su vida social, aunque menos bulliciosa de lo normal al comienzo de primavera. Los cines, museos, bibliotecas y parques se mantienen abiertos con normalidad, mientras que los restaurante y bares están obligados a servir solo en mesas individuales. Se permiten los paseos al aire libre, pero debe evitarse el contacto con otras personas.

Sin embargo, como ha revelado la televisión pública SVT, no existe consenso entre la comunidad científica sobre la línea seguida por el Gobierno. “Realmente no podemos entender por qué [las medidas en Suecia] difieren tanto de otros países”, lamenta Björn Olsen, profesor de enfermedades infecciosas en la Universidad de Uppsala. “Es justo decirle a la gente ‘estamos tomando esta decisión debido a esto o aquello’, y eso es muy importante cuando ves esta gran diferencia entre otros países. Las personas no son estúpidas, saben exactamente lo que está sucediendo en el resto de Europa, así que es muy confuso para nosotros los científicos, para los suecos y me imagino mucho para los extranjeros aquí”.

Precisamente, esa falta de comunicación por parte de las autoridades es lo que más lamentan los científicos. La epidemióloga y escritora científica Emma Frans critica que “en Suecia estamos permitiendo que las personas usen su propio juicio”, dijo. “Todos deberíamos pensar no solo en nuestro propio riesgo, sino también en el riesgo de transmitir la enfermedad, especialmente los jóvenes, que piensan que no corren el riesgo de enfermarse gravemente o morir y no son tan cuidadosos como deberían. están obteniendo esta libertad de no estar encerrados, pero con esta libertad viene la responsabilidad”.

Mientras, desde la oposición, Jimmie Akesson, líder de los ultraderechistas Demócratas Suecos (DS), tercera fuerza en el Parlamento (Riksdag), pide abiertamente el cese del epidemiólogo jefe, mientras que el ex primer ministro conservador Carl Bildt advierte en Twitter de que la catástrofe sanitaria que padece ahora Italia puede reproducirse en Suecia si no se emprenden medidas más duras.

La estrategia del Gobierno pasa por aplastar la curva de infectados por Covid-19 para no desbordar sus hospitales, que ya se preparar para lo peor en las próximas semanas. Con 571 respiradores y 5,1 camas en UCI por cada 100.000 habitantes (9 en Alemania), afronta el sistema sanitario sueco la mayor pandemia del último siglo. El 20% de la población del país nórdico es mayor de 65 años.

Las autoridades sanitarias se preparan para el “día cero”, la jornada en la que el número de contagiados por coronavirus se multiplicará exponencialmente. Pronostican que Estocolmo requerirá alrededor de 900 camas aisladas y al menos 250 de cuidados intensivos 87 días después de ese pico.

"Los departamentos de cuidados intensivos tendrán que llevar una gran carga. Actualmente, las diferentes regiones suecas no tienen los recursos, pero parece que la capacidad necesaria puede desarrollarse, dado que la institución de atención médica tiene algo de tiempo para hacerlo. Debería poder funcionar y creo que parece positivo, más que hace un par de semanas ", dijo Anders Tegnell, epidemiólogo estatal de la Agencia de Salud Pública.

Estímulos económicos

Como en el resto del mundo, el Gobierno rojiverde teme las consecuencias económicas de pandemia y multiplica las ayudas para mantener la actividad comercial e industrial. Al mismo tiempo, la Autoridad Supervisora Financiera de Suecia (FI) pidió este semana a los bancos y otras instituciones crediticias que no repartan dividendos a sus accionistas este año. “Que haya mucho capital en bancos e institutos crediticios es vital para su capacidad de resistencia y el suministro de crédito. En las actuales circunstancias la FI espera que estas sociedades no repartan dividendos a sus accionistas hasta que se aclare la inseguridad en la situación económica”, explica en un comunicado.