El horror, como aprendizaje y captación

El yihadismo echa mano de la escenas más atroces para animar a jóvenes musulmanes a hacerse terroristas

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Isis (Estado Islámico, Daesh) ha recrudecido el contenido de los vídeos que difunde, cada vez con más asiduidad, a través de las redes sociales. A los consabidos mensajes de adhesión inquebrantable al “califa” Ibrahim Hashimi, une en las últimas semanas otros en los que trata de demostrar la “traición” de Al Qaeda al auténtico yihadismo y, sobre todo, los que incluyen asesinatos de enemigos e infieles.

La muerte del contrario debe causar una especial fascinación entre los musulmanes poco preparados, en especial los jóvenes, a los que se trata de captar con estas imágenes. Además, los que las ejecutan portan siempre armas cortas y largas, suelen ir embozados y lanzan proclamas como si fuera el mismísimos Alá enl que estuciera hablando a través de ellos.

Contemplar cómo un ser humando es decapitado lentamente, hasta separarle la cabeza del tronco, no puede ser observado con complacencia salvo por los que están fanatizados o en proceso de estarlo. A este terrible sistema de asesinato, vuelven ahora el que consiste en colocar explosivos en el cuerpo de la víctima y despezarlo mediante la detonación de los mismos.

Estos vídeos son los que ven los que después, tras un arduo trabajo de investigación, son detenidos por las Fuerzas de Seguridad occidentales para que no cometan atentados.

En los últimos días, hemos asistido a sendas operaciones, de la Policía y la Guardia Civil, en la que han sido arrestados individuos que habían combatido en Siria; y otro que, por su radicalización a través de las redes o de su estancia en la cárcel, se dedicaba a lanzar amenazas contra instituciones del Estado, entre ellas la Corona.

El común denominador de los vídeos es que siempre ganan los yihadistas, sus enemigos son masacrados sin piedad y sus armas robadas como botín. Ni una derrota y, por supuesto, ni una secuencia objetiva de los enfrentamientos que Isis y Al Qaeda protagonizan en diversas zonas del mundo, en especial en el Sahel.

Frente a esta peligrosa “guerra” mediática, las Fuerzas de Seguridad combaten también en el área del ciberespacio y han logrado notables éxitos. Pero deben ser los auténticos musulmanes, que en estos días celebran el Ramadán, los que disuadan a los suyos, en especial a los jóvenes, de las mentiras de estas campañas y de los peligros que conlleva apuntarse a la doctrina yihadista.

Recientemente, terroristas del Estado Islámico del Gran Sahara (ISWAP), que opera en el Sahel, entraron en una aldea de la zona e “invitaron” a los jóvenes a que se sumaran a sus filas. Por razones étnicas o, sencillamente, porque no querían convertirse en terroristas, se negaron y la reacción fue el asesinato de unos 40, mediante decapitamiento o disparos en la cabeza. No se puede escartar que, para “ejemplo” de los que dudan, en algún momento también se difundan las imágenes de esta salvajada.