Estados Unidos anuncia el fin del trato preferente a Hong Kong

Washington sancionará a los trabajadores de Huawei y otras empresas chinas, mientras Pekín amenaza con tomar represalias

Donald Trump, Xi Jinping
El presidente Donald Trump y su homólgo chino Xi Jinping, en una foto de archivoSusan WalshAP

Estados Unidos y China mantienen el pulso. El martes, en una rueda de prensa que fue más bien un mitin electoral, con la prensa achicharrada bajo el sol de Washington, el presidente Donald Trump dijo que China es el mayor enemigo de EE UU. Denunció que el candidato demócrata, Joe Biden, ha sido siempre proclive a concederle todos sus deseos, que permitió el supuesto saqueo de la economía estadounidense, la deslocalización de sus empresas, que cambiaron su residencia a China en busca de mano de obra barata, la guerra de divisas y otra larga serie de males. Biden, dijo Trump, concedió al país asiático un estatuto de nación privilegiada.

Pero las declaraciones del presidente no se quedaron en la mera retórica. De hecho, anunció que acababa de firmar un decreto para liquidar de una vez el estatuto privilegiado con el que siempre había contado Hong Kong. Por si fuera poco Estados Unidos también impondría nuevas sanciones como consecuencia de haber liquidado las libertades en la vieja y populosa antigua colonia británica. Era, en cualquier caso, algo anunciado, pues hace ya meses que el Congreso de EE UU había aprobado vigilar de forma especialmente atenta las posibles violaciones de los derechos humanos en Hong Kong.

En junio la Casa Blanca ya adelantó que la ciudad semiautónoma perdería su estatus privilegiado. Era la consecuencia inevitable después de que China aprobase una Ley de Seguridad Nacional que compromete de forma severa la libertad de expresión y reunión, la independencia del sistema judicial y la libertad de prensa.

Para Washington no cabía duda de que Pekín estaba violando el acuerdo alcanzado en 1997 con Reino Unido. Todo lo que no había logrado la represión de los manifestantes lo alcanzó al final un Gobierno chino crecido tras la evolución de la epidemia de covid-19 en EE UU y Europa.

Tras el cambio de estatus, China reiteró su intención de tomar represalias contra EE UU por la Ley de la Autonomía de Hong Kong –firmada por Trump–, aunque evitó detallar cuáles serían en este periodo en que la tensión entre ambas potencias conoce nuevas cotas. En una inusualmente repleta rueda de prensa, la portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores, Hua Chunying, se limitó a repetir el comunicado que su propio departamento había publicado horas antes y en el que asevera que «China dará la respuesta adecuada e impondrá sanciones al personal y las autoridades estadounidenses competentes» por esa nueva ley.

Trump no está solo en su creciente desconfianza. El Gobierno de Boris Johnson ya ha adelantado que concederá permisos de residencia y hasta la nacionalidad a los habitantes de la ex colonia que cumplan los requisitos para ello.

Al mismo tiempo que Hong Kong pierde su estatus preferente como centro de negocios internacional, el Departamento de Estado tampoco olvida otra de sus guerras más enconadas, motivo de violentas fricciones con Pekín estos últimos años, relacionada con la tecnología telefónica y las redes 5-G. El secretario de Estado, Mike Pompeo, anunció que Washington sancionará a los trabajadores de Huawei y otras empresas tecnológicas chinas. Les impondrá restricciones de visado por facilitar las violaciones de los derechos humanos. Pompeo aprovechó para avisar a las empresas de telecomunicaciones de que «si hacen negocios con Huawei, están haciendo negocios con un violador de derechos humanos».

El gigante asiático, Huawei, clave en el desarrollo de estas redes, ha sido acusado repetidamente por la Casa Blanca de actuar como pantalla de una hipotética maniobra de espionaje. De fondo late la perturbadora evidencia de que China va bastante por delante y de que será complicado evitar su primacía tecnológica en su sector clave para las telecomunicaciones de los próximos años.

Cuando Reino Unido anunció que vetará que los operadores del país puedan adquirir tecnología 5G de Huawei, la Casa Blanca entendió que su colega, Johnson, les está dando la razón y, en consecuencia, lo celebró como una victoria propia.

«Hemos convencido a muchos países,muchos. Lo hice yo solo casi todo, que no usen Huawei, porque pensamos que es un riesgo para la seguridad, es un riesgo enorme», alardeó Trump.

India, que también ha bloqueado diversas aplicaciones telefónicas, se sumó hace unas semanas al damero geoestratégico. Aunque obviamente ningún análisis de sus movimientos puede ignorar las recientes tensiones territoriales entre los dos países, después de las escaramuzas en la frontera del Himalaya.

Todo esto sin olvidar las tensiones surgidas en el Mar del Sur China, que crecían exponencialmente estos días después de que Washington dejase claro que rechaza todas las reclamaciones efectuadas por el régimen de China en unas aguas que enfrentan a Vietnam, Filipinas, Taiwán, Malasia y Brunei. En EE UU, tienen bastante claro que la justicia internacional sanciona su postura, que el derecho está de su parte y que los tribunales han tumbado muchas de las pretensiones chinas.

Tampoco contribuye a serenar los ánimos el anuncio de que China piensa sancionar a un puñado de destacados senadores, acusándolos de injerencia en sus asuntos internos y en protesta por la ley estadounidense que pretende castigar a los jerarcas chinos sospechosos de violaciones de los derechos humanos con los musulmanes uigures de Xinjiang.