Buenos Aires aprueba el aborto a partir de los 13 años

El arzobispo de la capital argentina critique que se apruebe este protocolo en medio de una emergencia sanitaria provocada por el nuevo coronavirus

Protesta contra el Gobierno de Alberto Fernández
Miles de personas se manifiestaron el pasado día 7 contra el Gobierno de Alberto Fernández en la Ciudad de Buenos Aires (Argentina)Juan Ignacio RoncoroniEFE

La Legislatura porteña aprobó la adhesión de la Ciudad de Buenos Aires al protocolo nacional para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal del embarazo (ILE) con 50 votos a favor, 7 en contra y 3 abstenciones, en una sesión que contó con la participación de todos los diputados.

“La adhesión (al protocolo ILE) es un paso más en la ciudad a favor del derecho a la salud de las mujeres”, dijo la diputada Patricia Vischi, de UCR-Evolución, quien fue la primera oradora del debate y es presidenta de la Comisión de Salud de la Legislatura. El proyecto para la adhesión al protocolo ILE fue presentado en febrero último por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y contó con el apoyo de 42 diputados, de un total de 60.

Debate acalorado

Sin embargo, la postura de cada bloque no fue unánime y, entre los diputados que no apoyaron la adhesión se encuentra Guillermo González Heredia (VJ), quien se definió como “el primer orador (de la sesión) del grupo llamado celeste”. “¿Es un derecho habilitar a una niña de 13 años a ir a un efector de salud y requerir un aborto? Yo creo que no, creo que es un desamparo”, sostuvo.

De acuerdo al protocolo, a partir de los 13 años, “se debe considerar la voluntad (de la adolescente) al momento de dar intervención a los organismos de protección”. En cambio, las niñas menores de 13 años “podrán brindar su consentimiento con el acompañamiento de sus progenitores, representantes legales, personas que ejerzan formal o informalmente roles de cuidado”.

Al respecto, Manuela Thourte (UCR-Evolución), apuntó que “el 90% de los casos de abuso sexual contra niñas son por parte de alguien del entorno familiar, por lo que mal podrían ir a acceder a una ILE con sus padres”.

El protocolo ILE establecido por el ministro de Salud, Ginés González García, en diciembre de 2019, se basa en las causales previstas por el Código Penal argentino desde 1921 -y confirmadas por la Corte Suprema de Justicia en 2012-, según las cuales la interrupción del embarazo es legal si el mismo es fruto de una violación o implica riesgos para la vida o la salud de la mujer gestante.

En este sentido, Laura Velasco (FdT) afirmó en la sesión, durante el debate, que en Argentina “cada tres horas una menor es madre” y que en la mayoría de los casos, son niñas y adolescentes que sufren situaciones de “violencia intrafamiliar”. Y luego agregó: “Vamos por la soberanía sobre nuestros cuerpos, sabiendo que son las más pobres y las más jóvenes quienes mueren por aborto clandestino”.

Lucía Romano (VJ), por su parte, mencionó que en el caso de los embarazos que son resultado de una violación, para acceder a la ILE “no hace falta hacer denuncia penal, alcanza con una declaración jurada”. Y, respecto a las adolescentes de entre 13 y 16 años, Romano mencionó que el Código Civil de la Nación, reformado en 2015, “reconoce su autonomía para decidir sobre su propio cuerpo”.

Entre las voces que se opusieron al protocolo ILE también se encontró la de Carolina Estebarena (VJ), quien consideró que “se le tiene que dar a las mujeres la opción de no abortar y para eso hay que dar educación y contención”, y pidió al Estado “considerar esa tarea y no dejarla solo en manos de las ONG”.

En este sentido, el protocolo establece que el acceso a la ILE “implica necesariamente el consentimiento informado por parte de la persona titular del derecho”, a quien “el equipo de salud debe brindarle la información necesaria, en lenguaje claro, no sesgada y accesible”. El resultado de ese “proceso de consentimiento informado, agrega, es el documento por el cual, después de recibir la información pertinente, la persona manifiesta haber decidido en forma autónoma, libre de influencias y presiones de cualquier tipo y conociendo cabalmente posibilidades y riesgos”.

También participó del debate Ofelia Fernández (FdT), quien afirmó que “en Argentina cada tres horas una niña de entre 10 y 14 años es obligada a gestar y parir”, y agregó que “la ILE ya es un derecho y este protocolo viene a terminar con las restricciones” que impiden acceder a esta práctica.

El protocolo nacional al que adhirió la Ciudad fue repuesto por el Ministerio de Salud en diciembre de 2019, ya que había sido derogado durante el gobierno del ex presidente Mauricio Macri.

Antes de la adhesión, la capital contaba con un protocolo de aborto no punible, pero no estaba vigente porque diversas organizaciones habían presentado un amparo ante la justicia por considerarlo restrictivo. Como consecuencia, regía en la capital un protocolo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Actualmente, las provincias de San Juan, Formosa, Tucumán, Santiago del Estero y Corrientes no tienen protocolo propio ni adhesión al que rige desde 2019. El Interior del país es un mundo muy aparte, muy tradicional y religioso comparado con la capital. Estas provincias son las que también presentan mayor número de abusos y violaciones contra mujeres.

Por su parte el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Poli , y todos los obispos auxiliares de la ciudad cuestionaron la decisión de la Legislatura porteña de aprobar la adhesión al protocolo de Interrupción Legal del Embarazo (ILE) en medio del momento más crítico de la pandemia y cuando las cifras de contagio crecen cada día.

Expresaron su rechazo a la adhesión al protocolo y advirtieron que constituye la aprobación del “aborto no punible, que ya se practica en gran parte del país”.

“Nos lastima y duele, que en medio de un letal contagio, donde tantos agentes sanitarios y servidores esenciales exponen y arriesgan su vida para salvar la del semejante, los legisladores vean oportuno avanzar en una ley, que ciertamente no es «honrar la vida», como nos gusta escuchar y cantar a los porteños”, señalan los obispos en una fuerte declaración.