Muere John Lewis, el último superviviente del movimiento de Martin Luther King

Era uno de los seis organizadores de la histórica marcha por los derechos civiles de la minoría negra celebrada en Washington D.C. en 1963.

FILE PHOTO:  John Lewis takes the podium during the Democratic National Convention in Philadelphia
John LewisGary CameronReuters

Luto nacional por el último o penúltimo héroe de los derechos civiles. Murió el legendario congresista John Lewis, demócrata y negro, que organizó la histórica marcha por los derechos civiles celebrada en Washington D.C. en 1963, escenario del discurso “Yo tengo un sueño”, de Martin Luther King Jr. Lo hizo junto a Philip Randolph, John Farmer, Roy Wilkins, Whitney Young y el propio King.

También estuvo Selma, Alabama, que recibió los porrazos de los racistas seguidores del gobernador George Wallace, que concurrió a las elecciones con el lema «segregación ayer, segregación hoy, segregación siempre».

Lewis estuvo al lado del reverendo Martin Luther King. Al contrario de los modernos «social warriors», que hablan del racismo como una suerte de mal ontológico y, por tanto, intratable, y que parecen decididos a subvertir las aspiraciones de igualdad por una suerte de guetos estancos, Lewis todavía creía en el sueño de un país ciego ante las superfluas naderías de la pigmentación de la epidermis.

Estaba convencido de que la no violencia era la fórmula más eficaz, y sobre todo la única éticamente admisible, para sacar adelante las reformas necesarias para consolidar el respeto a los derechos humanos y la observancia de los principios constitucionales. Había recogido algodón en el sur de los cucuruchos blancos y las cruces flamígeras, había pasado a la posteridad cubierto de sangre en una marcha antirracista y, en los últimos tiempos, había recibido los ataques de un Donald Trump perennemente necesitado de sicofantes, sordo y ciego ante los méritos de cualquiera que no reconozca de forma unánime sus celestial grandeza.

Con ocasión de elección del presidente, en 2016 comentó que le recordaba «muchas de las cosas que George Wallace dijo e hizo», denunció su demagogia y advirtió de que los políticos no deberían de jugar al juego populista «dividir a las personas, no deberíamos separar a las personas».

Trump respondió que Lewis debería de dedicar «más tiempo a arreglar y ayudar a su distrito, que está en una situación horrible y se está desmoronando en lugar de quejarse falsamente de los resultados electorales». «Todos hablan, hablan, hablan», añadió, «sin actuar y sin lograr resultados. Triste». La polémica fue una de tantas en los días de la furia.

Pronto Trump encontró otros objetivos y, la verdad, tampoco parecía la mejor idea polemizar con uno de los supervivientes del movimiento del reverendo King. Cuando anunció su enfermedad, finales de 2019, Lewis comentó que había estado «metido en algún tipo de lucha, por la libertad, la igualdad, o los derechos humanos básicos, durante casi toda mi vida. Nunca me he enfrentado a una pelea como la que tengo ahora». Aunque no se engañaba respecto a sus posibilidades de supervivencia, dado que el estado del cáncer era muy avanzado, añadió que había decidido hacer «lo que sé hacer y lo que siempre he hecho: voy a luchar y seguir luchando por mi amada comunidad. Todavía tenemos muchos puentes que cruzar».

Tenía 80 años. Había nacido en Troy, Alabama, en 1940, fue congresista entre 1987 y el día de su muerte. Con apenas 17 años conoció a Rosa Parks y al año siguiente al mismísimo Marthin Luther King, al que seguía con devoción en sus discursos radiados mientras denunciaba el siniestro Jim Crow y su entramado de normas y leyes podridas nacidas al amparo de la Reconstrucción tras la Guerra de Secesión.

América era todavía un país fuertemente segregado, en especial en el Sur, de donde cada año huían miles de personas en busca de las grandes factorías del norte y, más allá de lo material, de la promesa de unas ciudades donde sus derechos políticos serían al fin respetados. D

espués de participar en todo tipo de manifestaciones y boicots contra el racismo, el joven Lewis, pastor y licenciado en filosofía, fue uno de los 13 freedom riders, los 13 pasajeros, 7 blancos, 6 negros, que en 1961 diseñan y ejecutan un viaje en autobús por EE UU desde Washington y hasta alcanzar Nueva Orleans. En aquella época muchos Estados todavía obligaban a que las personas viajasen en el transporte público segregados por su raza. Lewis y el resto fueron recibidos a pedradas de Rock Hill a Birmingham.