Bahréin y Omán, los próximos en el deshielo entre Israel y las monarquías del Golfo

Las autoridades israelíes y las emiratos árabes cooperan desde hace años entre bambalinas para favorecer las inversiones y la cooperación tecnológica

El "premier" israelí, Benjamin Netanyahu, conversa con miembros de la comunidad judía en Emiratos Árabes UnidosDPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

Que Israel y los países del Golfo Pérsico mantenían relaciones estratégicas y de negocios hace años era un secreto a voces, pero la «formalización de relaciones absoluta» entre el Estado judío y Emiratos Árabes Unidos (EUA) anunciada la pasada semana –el tercer acuerdo de relaciones diplomáticas con naciones árabes tras Egipto (1979) y Jordania (1994)– abre un nuevo capítulo en las alianzas y dinámicas en la región de Oriente Medio.

El sorpresivo anunció paralizó momentáneamente la convulsa realidad político-social israelí, marcada por la dura crisis económica provocada por el coronavirus y las continuas marchas exigiendo la renuncia del primer ministro, Benjamin Netanyahu. Pero el «premier» dio un golpe sobre la mesa, certificando que las reiteradas predicciones de que Israel no lograría normalizar relaciones con países de la región sin solventar el conflicto interno eran erróneas.

«Fue una política persistente que lideré durante años. Este histórico cambio servirá para avanzar la paz con el mundo árabe y, en última instancia, traerá una paz segura y verdadera con los palestinos», celebró el «premier» judío tras el anuncio.

Jugando la carta del pragmatismo, el «Rey Bibi» aceptó como concesión paralizar los planes de anexión de territorios y asentamientos del 30% de Cisjordania. En hebreo sigue afirmando que seguirá adelante con su promesa electoral, pero el liderazgo de los colonos desconfía de él. La operación diplomática se llevó a cabo sin informar al ministro de Defensa y socio de coalición, Benny Gantz, de Azul y Blanco, con quién mantiene continuas pugnas que apuntan ya a nuevas elecciones en Israel.

Ante informes donde se alertaba de que el acuerdo alcanzado bajo mediación de la Casa Blanca incluía una «cláusula secreta» para que Washington pudiera vender cazas F-35 al país emiratí –alterando así la supremacía aérea hebrea en la región–, la oficina de Netanyahu se apresuró en aclarar que se trataba meramente de «fake news».

Lo incuestionable es que, de ahora en adelante, «será más fácil manejar las negociaciones cara a cara», declaró entusiasmado un empresario agrícola israelí, que llevaba años exportando en secreto tecnología agrícola al país del golfo vía Jordania. Sin relaciones formales, EUA permitían el ingreso con discreción de diplomáticos y hombres de negocios israelíes. En junio, aterrizaron por primera vez en la historia dos vuelos directos desde Dubái a Tel Aviv cargados de asistencia médica para socorrer a los palestinos en la contención del covid-19; y en julio se firmó un acuerdo entre firmas israelíes y emiratíes para desarrollar tecnologías para combatir la pandemia.

Según estima el Ministerio de Economía en Jerusalén, las exportaciones al país del golfo podrían oscilar entre los 300 y 500 millones de dólares anuales. EUA tiene la undécima renta per cápita más alta del mundo (70.000 dólares), y en los últimos años ha diversificado su ecosistema, que a pesar de ingresar el 30% de su PIB gracias al petróleo, ha avanzado en terrenos como el turismo, el transporte aéreo, el comercio exterior o las manufacturas.

El periodista Henrique Cymerman, corresponsal de SIC (Portugal) y otros medios internacionales, llevaba años viajando a países del golfo. Esta semana, fue nombrado presidente de la Cámara de Comercio Israel-Países del Golfo Pérsico (que incluye a Arabia Saudí, EUA, Omán, Bahréin, Kuwait y Qatar). «Es difícil de explicar la explosión generada en todas las partes», declaró a LA RAZÓN tras atender a un alud de llamadas.

Aclara que Dubái no apuesta por tener acceso a un bazar donde invertir sus petrodólares: «Quieren establecer sociedades y desarrollar tecnologías conjuntas. EUA tiene a personal preparado en las mejores universidades internacionales, e Israel el mayor número de ‘start-up’ por metro cuadrado del mundo. Hay una combinación de intereses por las dos partes».

Otro factor que destacó Cymerman es que en países como EUA y Arabia Saudí, el 70% de la población es joven, «y para ellos las guerras del siglo XX entre Israel y los árabes son agua pasada. Al entender que no se doblegará militarmente a Israel, quieren unir fuerzas contra los enemigos comunes, con un Irán que intenta controlar la región y grupos yihadistas como Al Qaeda o el Estado Islámico, que intentan minar sus Gobiernos».

Al respecto de la causa palestina, el embajador de EUA en Washington reiteró en declaraciones al rotativo israelí «Yediot Aharonot» que «seguiremos siendo unos arduos defensores del pueblo palestino. Por su dignidad, sus derechos y su Estado propio, deben compartir los beneficios de la normalización». No obstante, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abas, condenó duramente el acuerdo.

Ante un boicot árabe a Israel que durante décadas no trajo avances para los palestinos, Cymerman añadió que «en el Golfo oigo que la vía es el diálogo y no la confrontación, y lo han probado sellando un acuerdo con un Israel liderado por un primer ministro de la derecha nacionalista».

Y concluyó: «Los próximos en la lista [de formalizar relaciones] podría ser Bahréin, bajo influencia saudí y que espera la luz verde del príncipe heredero Mohamed Bin Salmán, y Omán».