Trump da un giro al Supremo en la recta final de la campaña con la elección de Amy Barrett

El presidente de EE UU elige a la candidata católica para reemplazar a la fallecida Ginsburg en el Alto Tribunal. Antes deberá ser confirmada por el Senado, controlado por los republicanos

La jueza Amy Coney Barrett se convertía este sábado, a sus 48 años, en la elección oficial del presidente Donad Trump a ocupar la silla vacante de la reciente fallecida Ruth Bader Ginsburg en la Corte Suprema de EE UU.

Una semana exacta después de la muerte de la “Notoria RBG” a los 87 años tras batallar contra un cáncer de páncreas, la magistrada y devota católica Amy Coney Barrett se convertía en la nominada de Trump al cargo vitalicio, a falta de que el Senado ratifique su decisión.

A pesar de las quinielas en torno a otras posibles aspirantes, como la también jueza federal y estadounidense de origen cubano Bárbara Lagoa, la elegida habría sido la única en reunirse en persona con el presidente.

Al parecer, Barrett se habría reunido con Trump esta semana en la residencia presidencial y, según fuentes de la Casa Blanca, habría sido la única de la reducida lista de candidatas al cargo que habría tenido la oportunidad de entrevistarse con el presidente, quien dijo de ella que es una persona “muy respetada”.

Esta histórica nominación abre varios debates que se prolongarán de manera paralela durante la recta final de la campaña hacia las elecciones presidenciales del 3 de noviembre. Y es que ésta es la primera vez en la historia de EE UU que un presidente tiene la oportunidad de nominar, durante sus primeros cuatro años de mandato, a un total de tres jueces para la Corte Suprema.

Una mayoría clave que puede ser decisiva en la toma de decisiones tan importantes, y en un momento de tanta polarización social en EE UU, como el derecho al aborto o la regulación del uso de armas, y tan trascendentales como para tener la última palabra sobre el resultado final de las próximas elecciones, en el caso de que el recuento de votos sea muy ajustado..

Tal y como ya sucedió en el año 2000 entre George Bush y Al Gore, el escenario de caos producido por el casi igualado conteo al que se enfrentaron entonces durante los tres días posteriores a la elección podría repetirse ahora.

Por un lado, por la esperada masiva participación sin precedentes del voto por correo debido al brote de coronavirus que todavía acecha con fuerza al país y, por otro, por las dificultades a las que pueden enfrentarse algunos Estados con inadecuados mecanismos para llevar a cabo el decisivo recuento.

Ataques al voto por correo

Lo cierto es que la sombra del fraude electoral ha enturbiado la confianza del electorado sobre el proceso de voto por correo desde hace semanas. Unos rumores infundados por el propio presidente Donald Trump, quien ha lanzado acusaciones tanto en sus redes sociales como en sus mítines electorales, a pesar de que tanto él como la primera dama emplean ese mismo sistema para votar en Florida.

Incluso destacados medios estadounidense se han hecho eco de la posibilidad de que Trump se aferre al poder, usando su autoridad como presidente de EE UU y comandante en jefe de las fuerzas armadas para permanecer en la Casa Blanca más allá de la fecha de su mandato, en el caso de tener que enfrentarse a una futura derrota.

Su artillería, ante esta hipotética situación, sería alegar fraude electoral en en el votación por correo. La cúpula del Pentágono desmintió que puedan llegar a poner los intereses personales por encima de los de la nación, asegurando que cuentan con mecanismos institucionales suficientes para evitar llegar a esa posible situación sin precedentes.

Mientras tanto, a falta de 5 semanas para la cita electoral, contar con el apoyo del Senado para confirmar a Barrett como nueva jueza del Supremo será la finalidad absoluta del presidente y, de conseguirlo, otro de los méritos que en tiempo récord el candidato republicano anote a su favor. A las puertas de su reelección, otra situación sin precedentes de su mandato que alterará significativamente la composición ideológica de la corte.

El anuncio se esperaba con certeza para la tarde del sábado, después de que media docena de personas cercanas al presidente estadounidense filtraran la noticia con antelación, aunque advirtieron que Trump podría cambiar sus propios planes como suele hacer de manera habitual.

La jueza conservadora y devota católica se convertía en la nominada por Trump para reemplazar a la “Notoria RBD”, pero a tan solo cinco semanas de las elecciones en las que el presidente aspira a su reelección, por lo que su elección ha sido tomada en clave electoral.

Y es que los guiños de Trump al voto católico han sido múltiples y continuos tanto antes como, especialmente, durante su campaña electoral, por lo que la decisión de escoger a Barrett no ha cogido a nadie por sorpresa.

De hecho, el mismo día en que horas después tenía previsto anunciar a su candidata al cargo para la Corte Suprema, Trump enviaba un “mensaje presidencial” junto a la primera dama Melania con motivo del Día Nacional de Oración y Retorno. “Las pruebas que ha enfrentado el pueblo estadounidense durante los últimos meses han sido grandes”, enunciaban las palabras de Trump.

“Sin embargo, como hemos visto una y otra vez, la determinación de nuestra ciudadanía, fortalecida por nuestra fe en Dios, nos ha guiado a través de estas dificultades y nos ha ayudado a unirnos como una nación bajo Dios”, continuó el presidente, añadiendo: “Como país y como pueblo, renovaremos nuestro compromiso con los principios perdurables y atemporales de nuestra nación”, en alusión a las palabras del primer presidente de EEUU, George Washington.

Y no solo durante su campaña. Ya en 2016, el voto católico le resultó esencial para ganar las elecciones. Trump, consciente, lo ha cultivado a lo largo de todo su mandato. En enero de 2020, sin ir más lejos, se convirtió en el primer presidente en la historia de EEUU en participar en una manifestación contra el aborto.

Aunque aseguran los expertos que su decisión de elegirla como reemplazo de la emblemática RBG también podría afectar negativamente el apoyo de los votantes conservadores más moderados, ya que una buena parte de ellos también están a favor del derecho al aborto.

De hecho, la conversación paralela establecida en la red social más utilizada por Trump recordaba, en el mismo momento que el presidente daba a conocer su decisión y bajo la tendencia de “Biden es católico”, que los demócratas también cuentan con la legitimidad necesaria para acaparar el voto de ese colectivo en las próximas elecciones.