Shenzhen, el milagro «tech» que rivaliza con Silicon Valley

El presidente chino, Xi Jinping, visita este antiguo pueblo pesquero que hace 40 años se convirtió en el primer experimento capitalista y que ahora alberga a 11.230 empresas entre ellas Huawei o Tencent

Hace cuarenta años, el pueblo pesquero de Shenzhen fue la localidad elegida por los mandamases chinos para llevar a cabo su primer experimento con el capitalismo. En una nación con un índice de pobreza entre la población muy elevado y una gran brecha social, aquella decisión supuso todo un desafío para un país comunista que buscaba oportunidades de negocio y crecimiento con el exterior de una manera controlada. El ensayo fue todo un éxito y con el paso de los años aquella población se convirtió en una metrópoli de más de 12 millones de habitantes con uno de los ingresos per cápita más altos de todo el gigante asiático.

Con más de 11.230 empresas de alta tecnología y aportando más de la mitad de todas las patentes que registra el país, Shenzhen se ha convertido en el Silicon Valley de China. Un ascenso que, más allá de levantar simpatías, ha despertado el recelo de Estados Unidos, que ha visto cómo se erigía casi de la nada una urbe futurista con centenares de rascacielos y con la primera red 5G a nivel mundial. Esa especie de ojeriza se desató desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca.

La Administración se ha empeñado desde entonces en frenar el auge de China dejando a la vista la pugna tecnológica entre las dos mayores economías del planeta. Pero Shenzhen, de momento, ha salido airosa. Esta megalópolis cuya media de edad ronda la treintena, ejemplifica como ninguna otra la prosperidad conseguida en el gigante asiático como consecuencia del desarrollo económico de las últimas décadas. Hasta este lugar, que hace treinta años estaba repleto de pantanos, han llegado millones de ciudadanos persiguiendo unos sueños que para muchos se han hecho realidad.

Mucho tuvo que ver que en 1980 fuera nombrada la primera zona económica especial (ZEE) de la China continental. Si bien primero se benefició de la proximidad con su vecina Hong Kong convirtiéndose en una zona manufacturera de productos electrónicos baratos; después fueron los recién llegados quienes apostaron por la innovación tecnológica. Siempre de la mano del Gobierno chino, que en una apuesta clara por ese sector impulsó numerosas políticas beneficiosas para lograrlo. Ahora, Shenzhen acoge a los gigantes tecnológicos made in China como Huawei, la segunda mayor fabricante de móviles del mundo y pionera de las redes 5G; Tencent, dueña de Wechat, el WhatsApp chino; o DJI, el principal fabricante de drones del planeta. Allí, en los cuarteles de estas grandes compañías, el talento no falta y las sinergias casi salen solas.

Ese éxito quizás se deba a que «en Shenzhen, se pueden encontrar cinco componentes diferentes para un nuevo producto en una tarde y luego decidir cuál se prefiere. Ninguna otra ciudad en el mundo puede rivalizar con Shenzhen en este aspecto», explicaba al diario estatal Global Times un portavoz de DJI. Esa flexibilidad caracteriza a un lugar en el que las start up se multiplican. Cada año emergen decenas de empresas en la ciudad. Según las cifras oficiales, esta ciudad china contribuyó con casi la mitad de las 49.000 solicitudes de patentes internacionales que presentó el país en 2019, y también se clasificó como la cuarta a nivel mundial. Con un ecosistema innovador y una renta per cápita que ha pasado en cuatro décadas de los 73 euros a los 23.000 anuales «Shenzhen es como Silicon Valley para Apple», aseguró el director ejecutivo de Tencent, Pony Ma Huateng, que ha estudiado, trabajado y vivido en la ciudad durante más de 30 años.

Hoy la ciudad se vestirá de gala para celebrar el 40º aniversario de la ZEE y recibir al presidente chino, Xi Jinping, quien tiene previsto ofrecer un discurso que seguro alaba la fórmula de éxito de una urbe sobre la que además de luces también hay sombras. Entre ellas, los problemas globales derivados por la epidemia del coronavirus u otros locales como mejorar los servicios públicos como la sanidad o los precios de la vivienda. Pero la sombra más larga que se cierne sobre esta ciudad es la de EEUU, país que lleva tiempo tratando de minar la reputación de algunos de sus buques insignia.

Es el caso de las renombradas Huawei o ZTE -la conocida fabricante de chips-, a las que ha acusado de servirse de sus dispositivos para espiar para el Gobierno chino. Aún así, muchos como Wei Jiawei, un emprendedor de 28 años que reside en Shenzhen, consideran que pese a que las fricciones entre China y EEUU le han salido muy caras a muchas empresas de la ciudad, el futuro como centro tecnológico mundial con un enfoque en I+D e investigación de vanguardia es irremediable.

Esa es la meta que Pekín busca para Shenzhen y en ese camino ha tratado de potenciar sus cualidades incluyéndola como parte esencial del Área de la Gran Bahía, un proyecto que busca integrar Hong Kong y Macao con otras nueve ciudades chinas con el fin de crear un competitivo centro tecnológico, financiero y académico mundial en el que no falte de nada.