El factor racial en las elecciones de Estados Unidos

Se estima que en el país existen casi 100 milicias de corte supremacista y sus acciones son cada vez más disruptivas

Manifestación en memoria a George Floyd en MadridCipriano PastranoLa Razón

La campaña electoral ha estado marcada por constantes incidentes provocados por tensiones raciales que amenazan con romper el tejido y cohesión social en Estados Unidos. Estas tensiones van en aumento, y las protestas, tanto pacíficas como violentas, se han ido multiplicando con cada nuevo caso de brutalidad policial. Mientras Biden hace una condena de las protestas violentas, Trump se presenta como el único candidato capaz de restablecer el orden en el país. Y es que estas tensiones raciales son, hoy por hoy, uno de los principales temas de división en el país norteamericano.

La polarización en Estados Unidos es cada vez mayor, y las autoridades tienen cada vez más dificultades en controlar las masivas y violentas protestas como las ocurridas estos últimos días en Filadelfia y Nueva York. Pero el problema va más allá de unos simples altercados en un par de ciudades. Desde la elección de Obama en el 2008, el número de milicias privadas, de corte ideológico ultraconservador y con tintes supremacistas, se ha multiplicado. Hoy se estima que existen casi 100 milicias de este tipo en el país, y sus acciones son cada vez más disruptivas. Este verano, el Departamento de Seguridad Nacional y el FBI identificaron a este tipo de grupos como uno de los principales riesgos de cara a las elecciones.

Las tensiones van en aumento, y esta multiplicación de milicias ha tenido un resultado nada sorprendente. En el país de las armas, pronto han surgido milicias de ciudadanos negros como la recientemente creada NFAC (Not Fucking Around Coalition). Esta asociación, aunque activa desde 2017, ha cobrado protagonismo a raíz de los eventos de este verano y están activos en varios estados del sur.

Estados Unidos es, hoy por hoy, un país más dividido que ayer. La erosión del estado es clara. Cuando organizaciones, tanto civiles como de corte militar, empiezan a socavar el concepto del monopolio de la violencia en el Estado, la inseguridad aumenta. Nos encontramos ante una situación extremadamente inestable. El Estado es la garantía de la defensa de los derechos del ciudadano como individuo.

La respuesta violenta a las tensiones sociales no ha hecho más que acrecentar las divisiones. La respuesta está en el más sagrado respeto al Estado de derecho y a la libertad individual, sin tener en cuenta el color de piel de la persona, la religión, su orientación sexual, o cualquier otra identidad personal.