Es la economía, estúpido

Los que han votado por el presidente lo han hecho porque su política económica pre-covid ha sido excelente

La bolsa americana celebra una posible victoria de Trump mientras las europeas prefieren a BidenKAI PFAFFENBACHREUTERS

Estas elecciones norteamericanas pasarán a la historia como las más controvertidas, con un pueblo dividido y tensionado que debe elegir entre la continuidad que representa Trump o una nueva política más sesgada a la izquierda y apoyada por Biden. Se trata de optar entre lo malo conocido o lo bueno por conocer, entre economía o ideología, donde muchos no han votado a Biden, sino contra Trump.

Los que han votado a Trump lo han hecho principalmente porque su política económica pre-covid ha sido excelente, con tasas de desempleo del 3,5% tanto en hombres como en mujeres, y del 2,8% en los mayores de 24 años, algo que ni imaginamos en España. Además, la economía del país ha crecido un 2,2% en 2019, y todo ello cumpliendo sus principales promesas electorales, entre ellas, la más cuestionada por los demócratas: que se puede crecer con fuerza bajando significativamente los impuestos. Los estadounidenses tienen ahora mayores salarios y mayor poder adquisitivo que con la Administración Obama, donde el desempleo era del 5% y la economía ralentizaba su crecimiento hasta el 1,7%. Como muestra un botón: Walmart, que tiene 2,3 millones de empleados, ante la reducción de impuestos realizada por Trump, decidió aumentar un 10% el salario por hora y dar más beneficios sociales a la plantilla en nómina, además de repartir un bonus de hasta 1.000 dólares por empleado como consecuencia del ahorro impositivo que tuvo.

En lo que respecta a los mercados financieros, la incertidumbre sobre el ganador se ha apoderado de los principales índices de las plazas europeas que empezaron la jornada en pérdidas ante la previsible victoria de Trump, pero que han ido dándose la vuelta hacia el mediodía, marcando subidas superiores al 1% ante la posibilidad de que gane Biden. De igual forma y como era de esperar, Wall Street ha reaccionado al alza con una fuerte subida cercana al 3%, situando el Dow Jones en niveles próximos a los de principios de este año. Para Europa es positivo que gane el candidato demócrata, mientras que para el mercado norteamericano lo que cotiza al alza es la victoria de Trump, pues supone la continuidad en sus políticas proteccionistas y la reducción de impuestos junto a la generación de empleo para las empresas americanas.

Desde el punto de vista geoestratégico, la victoria de Biden supondría acabar con la guerra comercial con China, en la que Europa se encuentra en medio, y daría un balón de oxígeno a las economías emergentes. En EE UU se apostaría más por el desarrollo de energías renovables, el Green New Deal, que favorece a unos y penaliza toda actividad relacionada con las emisiones contaminantes, entre las que se encuentran los productores de petróleo tradicional (como en Texas) y de fracking, como ocurre en varios Estados y del que viven muchas empresas. Estas se encuentran en una situación delicada dado el bajo precio del petróleo y las deudas cercanas a los 90.000 millones de dólares que acumulan, y que no parece que puedan afrontar. Un negocio que da empleo a más de 10 millones de personas y un crudo que se almacena en Oklahoma y que también dinamiza la economía. Quizás por eso Trump ha conseguido en Texas un 65,4% del voto, el doble que su rival.

De igual forma, los Estados del cinturón industrial han apostado abiertamente por el candidato a la reelección, pues no ven con agrado las pasadas políticas que han desindustrializado una región que fue el principal bastión de la economía en el siglo XX y que perdió todo su esplendor con la globalización. Igualmente ocurre con los llamados Estados de la América profunda, que recorren el río Missouri de norte a sur, y otros del centro del país, donde viven granjeros y gentes más humildes que buscan mantener las tradiciones y que luchan por el eslogan MAGA, pues a fin de cuentas son el lugar donde aún se conserva la esencia y la idiosincrasia del país. Si bien aportan pocos representantes, en su conjunto suponen un saldo interesante para Trump, que ha sabido enaltecer su patriotismo, sus valores y su identidad junto con mejoras económicas en unas zonas que estaban deprimidas, como es el caso de Kentucky, Arkansas, Tennessee, Nebraska, Kansas, Utah, Iowa, Montana y Wyoming.

Y por último, tenemos los Estados de la Costa Oeste (California, Oregón, Washington) y varios de la Noreste, como Nueva York, Massachusetts o Virginia, donde se localizan las principales empresas del país, con población más afín al pensamiento demócrata, así como una gran parte de la comunidad mexicana, que se siente protegida en las ciudades santuario. Son áreas donde predominan los servicios tecnológicos y financieros. Dicen que en los últimos 60 años el candidato que ha ganado en Ohio ha sido proclamado presidente y esta vez Donald Trump ha marcado una diferencia de más de 475.000 votos, si bien los aires de cambio podrían romper este año esta tradición.