Biden mantendrá “el cerco diplomático” a Maduro

El encargado de negocios de la Embajada en Caracas sostiene que el reconocimiento a Guaidó y el apoyo a la oposición no se toca

Seguidores hispanos del presidente Trump protestan por la victoria del demócrata BidenGiorgio VieraEFE

Las elecciones de Estados Unidos se vivieron en Venezuela como si Yaritagua formara parte de los condados que eligen presidente en el país del norte. Las discusiones fueron aguerridas, altaneras, ásperas, radicales, de las que pusieron en juego la gran polarización que el chavismo le ha enseñado a los venezolanos durante dos décadas. Por eso la cantidad de ruido que ha causado el reconocimiento de Juan Guaidó a Joe Biden por su triunfo.

En el país suramericano hay gran convencimiento de que el desenlace político nacional depende en gran medida de Washington, y la determinación que en la Casa Blanca exista para desalihar a Nicolás Maduro del poder o de “cohabitar” con él, ayudando a estabilizar su régimen.

De allí la polvareda que generó el mensaje con el que el presidente de la Asamblea Nacional, reconocido por Estados Unidos y otras casi 60 naciones como presidente encargado del país, felicitó a Joe Biden por el triunfo, al tiempo de agradecer a Donald Trump y a su vicepresidente Mike Pence “por su firmeza y determinación en enfrentar la dictadura de Maduro”, anunciando que el trabajo seguiría “hasta el final de su mandato”.

La estrategia encarnada en Guaidó tuvo vuelo porque Estados Unidos la impulsó, de eso no hay duda. Fue el primer país en recoocerlo como mandatario interino, y el que ha establecido una política de sanciones y “máxima presión” diplomática contra el régimen chavista. Tanto, que en algún momento en Venezuela en verdad se pensó que “los marines” podían desembarcar en las costas o que una acción militar norteamericana podía extraer a Maduro, recordando el caso de Manuel Noriega en Panamá.

Ahora con un cambio de administración en Washington se abren las apuestas de cuál será la posición del demócrata Biden frente a la situación venezolana, cuya diáspora en el sur de la Florida se decantó por el mensaje de mano dura de Donald Trump. Pero quien esté esperando un viraje total, pudiera salir desencantado.

Biden era el vicepresidente de Barack Obama cuando el exmandatario firmó aquél decreto que calificaba a Venezuela como una “amenaza real y extraordinaria” contra su país, abriendo el compás para las primeras sanciones personales contra Maduro y buena parte de su entorno. Y se insiste en que la política hacia el conflicto venezolano es bipartidista, tomando como ejemplo el aplauso a casa llena que recibió Guaidó en el Congreso en febrero de 2020 por parte de ambos partidos, en la visita a Washington en la que se reunió tanto con Trump como con Nancy Pelosi.

“La actual propuesta de Estados Unidos es el marco para la transición democrática que han planteado el secretario de Estado, Mike Pompeo, y Elliot Abrams (enviado especial para Venezuela e Irán). Creo se mantendrá con Biden. Es una propuesta bien recibida por varios países, aunque Estados Unidos ha actuado un poco aislado. Quizá se abra la oportunidad de que mejore la coordinación con Francia, Alemania, Reino Unido y España, que son relevantes para aumentar las presiones sobre Nicolás Maduro”, opina el analista Gustavo Rojas.

Según el encargado de negocios de la Embajada de EEUU para Venezuela, James Story, el respaldo a la oposición venezolana es “total” y desde “los dos lados de la política norteamericana”. Afirma que “eso no va a cambiar”, así como tampoco el respaldo a Guaidó. Pero sus palabras no alivian a quienes dudan.

El economista Francisco Rodríguez, impulsor en EEUU de la iniciativa Oil For Venezuela, cree que las sanciones económicas y personales se mantendrán, pero pudieran abrirse más excepciones humanitarias. A su juicio, pudiera estar llegando el final de la filosofía de aplicar “máxima presión” a Venezuela, en favor de espacios de diplomacia y negociaciones.

Y allí pudiera estar la aspiración del chavismo, donde la idea de dialogar directamente con Washington ha sido prioritaria. Hace algunas semanas, la agencia Bloomberg develó que Richard Grenell, un alto exfuncionario muy cercano al presidente Donald Trump, se reunió con Jorge Rodríguez (exministro de propaganda del régimen) en México. Story no quiso ahondar en esa cita, sin negarla.

La esposa de Maduro, Cilia Flores, ha dicho que “más teprano que tarde” habrá acercamientos con la Casa Blanca. Y el propio mandatario al felicitar a Joe Biden vía Twitter aseguró que “siempre estará dispuesto al diálogo y al entendimiento con el gobierno de los EEUU”.

Pero lo mismo decían en 2016 cuando Trump se alzó con el triunfo electoral. Incluso, el régimen venezolano a través de la petrolera Citgo que opera en Estados Unidos, aportó 500 mil dólares como donación para el acto de inauguración del republicano el 20 de enero de 2017. Así enviaban un mensaje a quien creían sería más benevolente a Hillary Clinton, si ganaba, como heredera de la gestión Obama.

No funcionó. Como ahora pudiera tampoco funcionar una estrategia similar, según ha dicho el opositor Leopoldo López, jefe político de Juan Guaidó y estratega del gobierno interino.

En cualquier caso, Biden deberá tomar en cuenta la opinión de la base electoral cubana y venezolana que hace vida en Florida, y que fue determinante para el triunfo del republicano en ese estado. Allí hubo convencimiento de que el ahora presidente electo coquetea con el socialismo, y pudiera aflojar el puño frente a dictaduras latinoamericanas.

No es casual que justo antes de las elecciones, le dijera al diario El Tiempo de Colombia que “las políticas de Trump no han tenido éxito. Los dictadores permanecen atrincherados en el poder tanto en Cuba como en Venezuela. Mi objetivo será promover y lograr la libertad de las personas que viven bajo los regímenes opresivos liderados por Maduro, Ortega y el régimen de Cuba”.

Queda pendiente el cumplimiento de su promesa de aprobar un TPS para los venezolanos, que aliviaría la condición migratoria de quienes han huído de Venezuela hacia Estados Unidos, y confirmar si habrá una alineación de la política exterior con Europa, enfocada en caminos dipomáticos y de negociación que permitan lograr espacios electorales, en vez de pretender el el derrocamiento de quien aún controla el poder en Caracas.