La increíble historia del piloto que fue succionado de la cabina en pleno vuelo y sobrevivió

Pasó 20 minutos pegado al fuselaje, sujetado por uno de los tripulantes hasta que lograron aterrizar

Recreación de cómo quedó el capitán tras ser succionado por la ventanaArchivoArchivo

El 10 de junio de 1990 el capitán Tim Lancaster despegó de Birmingham en el vuelo 5390 de British Airways con destino a Málaga. El equipo era el de siempre, se conocían desde hacía 15 años, pero ese día había algo distinto y eso les salvaría la vida a todos. Junto a ellos iba un nuevo primer oficial, Alistair Atchinson, un ángel de la guarda que evitó la tragedia hace 30 años.

Después de completar la lista de comprobaciones, decidieron despegar. El capitán anotó que había detectado un pequeño problema en el parabrisas y que necesitaba ser sustituido, pero nada lo suficientemente grave para no emprender el vuelo. El despegue fue uno más en la carrera del capitán. Después puso el piloto automático y se quitó el cinturón de seguridad.

Nigel Ogden, uno de los auxiliares de vuelo entró en la cabina para preguntar a la tipulación qué querían desayunar y les dijo que lo tendrían listo en un momento. Estaban a 5.273 metros de altitud cuando el parabrisas izquierdo del avión salió despedido y, producto de la descompresión, el capitán fue succionado por el hueco del parabrisas. Por suerte, Ogden estaba ya en la cabina con el desayuno y tuvo tiempo de agarrar por las piernas al piloto, que quedó con la espalda pegada al fuselaje y las piernas dentro de la cabina.

Alistair Atcheson salvó la vida de todos los pasajerosYoutubeArchivo

La fuerza de la presión arrancó las bisagras de la puerta de la cabina y salió volando. Ogden pudo sostenerse en pie sin soltar al piloto. Alistair Atchinson se enfrentaba en su primer día a una situación extrema. A pesar de tener vientos cercanos a los 500 kilómetros por hora dentro del habitáculo logró rehacerse y pudo tomar el mando del avión, que volaba a más de 620 kilómetros por hora. Atchinson luchaba por controlar el avión y gritaba “¡Mayday! ¡Mayday!”. nadie sabe cómo, pero logró controlar la aeronave.

La prioridad era encontrar un aeropuerto donde aterrizar lo antes posible para salvar la vida de Lancaster. Ogden sufría para sostener al capitán y se le estaba escurriendo, aunque por suerte John Heward, un segundo miembro de la tripulación de cabina, lo agarró por el cinturón. Un tercer tripulante llegó hasta ellos para sujetar la cadena humana y hacer posible el milagro.

El capitán trató de mantenerse erguido para ser rescatado pero acabo doblado en forma de U, con las piernas para atrás y la parte superior del cuerpo pegada a la parte alta del morro del avión. Estaba a -17 grados centígrados y a merced del fuerte viento. La escena era terrible y Ogden deberá vivir con ella hasta que muera. La cara del piloto golpeaba contra la ventana y le salía sangre de la nariz, sus brazos se agitaban y parecía que medían dos metros. Según describiría años después, lo más aterrador fueron sus ojos, muy abiertos".

Mientras el copiloto Alistair Atchinson se hacía cargo de los controles, un segundo asistente de vuelo llamado Simon se subió a la silla del tercer piloto y ayudó a sujetar la cadena de hombres. A pesar de las inmensas dificultades, el joven oficial decidió descender para salir de las rutas de vuelo y poner la aeronave en un lugar en el que no hicieran falta las máscaras de oxígeno, una decisión que logró salvar la vida de todos los ocupantes del avión.

Imagen del piloto junto a la tripulación en el hospitalYoutubeArchivo

Sin embargo, al bajar de los 3.000 metros y reducir la velocidad por debajo e los 300 km/h, el cuerpo del capitán dejó de estar sujeto al fuselaje y se deslizó por la parte exterior de la cabina. Ogden y los otros dos auxiliares estaban ya casi sin fuerzas. Fue en ese momento cuando desde la torre del aeropuerto de Southampton, comenzaron a darles instrucciones para realizar un aterrizaje de emergencia. Eso renovó sus fuerzas e hizo posible que se obrara el milagro.

Pero los problemas no acababan ahí, Atchison tenía sólo 1.800 metros de pista para aterrizar y él afirmó que necesitaba por lo menos 2.500 metros por el peso del avión, que en ese momento llevaba los estanques de combustible prácticamente completos. Habían pasado 31 minutos desde el despegue, de los que casi 20 habían vivido en situación de emergencia. Atchison comenzó la maniobra de aterrizaje, la más difícil de toda su vida, pero que logró finalizar con éxito.

Recreación de lo ocurridoNational GeographicArchivo

Los vehículos de emergencia estaban esperando, rodearon el avión y atendieron al capitán Lancaster, que logró sobrevivir a pesar de las extremas condiciones que tuvo que soportar. Los 81 pasajeros y 6 tripulantes del vuelo 5390 lograron sobrevivir.

Tras la investigación, se descubrió que el accidente se produjo debido al uso de tornillos inadecuados para sujetar los parabrisas. Esto sirvió para revisar todos los procesos de mantención de los servicios aéreos y evitar así futuros problemas.