Bolsonaro y Lula
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El regreso de Lula pone a Bolsonaro en alerta

La posibilidad de un duelo en 2022 entre el ex presidente y el actual mandatario sacude la política brasileña en el peor momento desde que comenzó la pandemia

«Fui víctima de la mayor mentira jurídica en 500 años». El ex presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, presenta una alternativa al actual mandatario de Brasil, Jair Bolsonaro, sin aclarar si será candidato a las elecciones presidenciales en 2022 tras la decisión del Tribunal Supremo de anular sus condenas de cárcel y su inhabilitación.

El ex presidente de Brasil Luiz Inacio Lula da Silva en Sao Bernardo do Campo, Sao Paulo FOTO: Andre Penner

«No tengo rencor. El sufrimiento por el que está pasando el pueblo brasileño es infinitamente superior a cualquier crimen que cometieron contra mí», aseguró esta semana en la sede del sindicato de metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo. «Estaba seguro de que la verdad vencería y ese día llegó», añadió el líder de 75 años del Partido de los Trabajadores (PT) en el mismo lugar donde se forjó como organizador de huelgas.

Bolsonaro cargó contra él y criticó el fallo de la Corte Suprema: «Todo el mundo fue muy sorprendido. Todos los robos que este gobierno hizo están claros delante de la sociedad». La posibilidad de un duelo entre Lula y Bolsonaro en 2022 sacude la política brasileña en el peor momento desde que comenzó la pandemia tras registrar el miércoles récord de fallecidos por segundo día consecutivo al perder la vida 2.280 personas. Las UCI están borde del colapso y la vacunación avanza a cuenta gotas por la falta de dosis.

“Vacunas para todos”

El ex mandatario que pasó 580 días en prisión promete «vacunas para todos». Lula tiene previsto vacunarse «si Dios quiere» la próxima semana junto a los brasileños de su grupo de edad. La OMS ha expresado su preocupación por la posibilidad de que Brasil se convierta «en una fábrica de mutaciones resistentes a las vacunas» por los altos niveles de contagio.

El otrora presidente más popular del gigante suramericano criticó duramente el negacionismo de Bolsonaro: «No sigan ninguna decisión imbécil del presidente de la República ni del ministro de Salud. Hay que ponerse la vacuna ¡La que sea!». El líder progresista enarboló un discurso de aspirante a la presidencia señalando las prioridades del país: vacunas, restablecimiento de la paga del coronavirus que ya tramita el Congreso y creación de empleo. «Este Gobierno no cuida la economía, el trabajo, el salario mínimo, la salud, el medio ambiente, la educación, los jóvenes, los chavales de periferia… ¿De qué cuida?», se preguntó quien estuvo al frente de Brasil de 2003 a 2011.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro FOTO: UESLEI MARCELINO

Bolsonaro ha advertido que «el país entero estaría confinado con un presidente de izquierdas». El mandatario brasileño agita el miedo al proyecto progresista: «Venezuela sería un paraíso en comparación con Brasil». Más allá de su candidatura, la otra gran incógnita es si la iniciativa que propone Lula se limitará a un frente de izquierdas o incluirá a la derecha tradicional en contra de Bolsonaro. El fabricante de piezas mecánicas que nació en la extrema pobreza, comenzó a vender naranjas a los 5 años, se convirtió en sindicalista y llegó a la presidencia, está gestando una alternativa al proyecto ultraconservador del presidente. El ex militar nostálgico de la dictadura arremete contra el plan: «No creo que los brasileños quieran un candidato como ese».

Lula combinó un discurso emotivo con momentos de indignación por los «abusos» del juez Moro. El Tribunal Supremo anuló su condena a 26 años de prisión por dos causas ya que consideró que Moro «no tenía competencias» para juzgarle. El alto tribunal no entró a valorar la supuesta parcialidad e intención política del juez Moro. El Tribunal Supremo deberá juzgar este asunto. El magistrado se convirtió después en ministro de Justicia de Bolsonaro.

La polémica por el juez Moro

Lo cierto es que Lula era favorito para ser presidente en 2018 cuando fue condenado. La sentencia facilitó la llegada de Bolsonaro al Palacio de Planalto. La anulación de las condenas contra Lula envía la investigación de las cuatro causas abiertas contra él a la justicia federal de Brasilia. Los tiempos judiciales impiden una condena en firme que le inhabilite antes de las elecciones presidenciales de 2022.

El Alto Tribunal aplazó este martes la vista que debatía si el juez Moro fue imparcial. Su actuación en el caso Lula había sido validada por dos de los cinco jueces. Sin embargo, dos magistrados solicitaron un aplazamiento. La contundencia del voto particular del juez Gilmar Mendes es poco habitual. Mendes calificó la conducta de Moro y la Operación Lava Jato como «el mayor escándalo de la historia judicial brasileña». El magistrado Ricardo Lewandowski tampoco consideró que Lula fuese sometido a un juicio justo: «Es un verdadero simulacro penal cuya nulidad salta a los ojos».

La sentencia contra Moro supondría anular todas sus decisiones en la Operación Lava Jato incluidas las órdenes de detención, los registros bancarios y las escuchas telefónicas. Si el Tribunal Supremo sentencia que Moro no fue imparcial, Lula lograría su gran reivindicación: ser declarado inocente.

La sociedad brasileña está dividida respecto a la figura de Lula. El ex presidente genera esperanza y crispación. La encuesta publicada esta semana por el diario «O Estado de Sao Paulo», uno de los más importantes de Brasil, revela que Lula suma una intención de voto del 50% frente al 38% del actual presidente. Pese a las discrepancias en torno a su figura, Lula sigue siendo uno de los líderes más carismáticos de América Latina. La mayoría de sus rivales valoran las políticas sociales, la mejora del sistema educativo y la gran expansión económica que sacó de la pobreza a alrededor de 29 millones de personas durante su presidencia entre 2003 y 2011. Lula prepara su viaje por Brasil planeado tras salir de la cárcel en noviembre de 2019 y postergado por la pandemia para dialogar con los ciudadanos. «Me siento joven para pelear, desistir jamás», sentenció. El futuro político de Brasil se encamina a un duelo entre Lula y Bolsonaro.