Lukashenko chantajea a la UE con llegadas masivas de migrantes a Lituania

La comisaria Johansson visita el país báltico para mostrar el apoyo de los 27

Manifestantes lituanos protestan con un cartel contra un campo de refugiados en la pequeña Deveniskes
Manifestantes lituanos protestan con un cartel contra un campo de refugiados en la pequeña DeveniskesMindaugas KulbisAP

Alexander Lukashenko, el considerado como el dictador más longevo de Europa, se ha convertido en un avezado alumno de Recep Tayyip Erdogan y Mohamed VI. Al igual que los mandatarios de Turquía y Marruecos, también el viejo dictador está utilizando como chantaje a oleadas de migrantes sin control (la mayoría de ellos iraquíes) que están llegando Lituania gracias a la laxitud de las autoridades bielorrusas que están haciendo la vista gorda.

La Guardia fronteriza lituana asegura que ya se han producido más de 3.000 detenciones de inmigrantes ilegales en lo que va de año, 2.400 en el mes de julio, justo cuando empezaron a hacer mella las sanciones europeas impuestas a Minsk. El país báltico cuenta con el apoyo del resto de los miembros del club comunitario a través de la presencia de guardias de Frontex ( la agencia europea que controla las fronteras) y representantes de la Oficina Europea de Apoyo al Asilo. Además, la comisaria europea de Interior, Yvla Johansson, se ha desplazado hasta el país en una vista que se prolongará hasta el día de hoy. Johansson se reunirá con las autoridades lituanas y visitará el paso fronterizo Padvarionys.

La semana pasada, las tres repúblicas bálticas hicieron frente común ante esta amenaza en una declaración conjunta. “La actual situación en la frontera no es simplemente una crisis migratoria, son acciones de guerra híbrida llevadas a cabo en contra de la estabilidad de la Unión Europea, la OTAN y, más concretamente, los Estados bálticos”, declaró el ministro de Defensa lituano, Arvydas Anusauskas.

El 9 de agosto de 2020, Bielorrusia celebró unos comicios fraudulentos que no fueron reconocidos por la comunidad internacional y que sólo tenían como propósito que el dictador se mantuviera en el poder. El pucherazo fue seguido de una oleada de manifestaciones pacíficas que desataron una violenta represión. Tras años de acercamiento, la UE puso en marcha una batería de sanciones contra figuras del régimen que incluyeron al propio Lukashenko y que ahora suman a un total de 166 personas. Esto sólo ha sido el principio. El pasado 23 de marzo, el opositor Raman Pratasevich y su novia Sofia Sapega fueron detenidos tras un aterrizaje forzoso en Minsk de un vuelo procedente de Grecia.

La respuesta de la UE fue fulminante con el cierre del espacio aéreo bielorruso y el pasado mes de junio se pusieron en marcha una serie de medidas económicas que incluyen las restricciones al comercio de productos petrolíferos, al cloruro potásico y productos del tabaco, aparte de al acceso a los mercados de capitales de la UE y a los créditos blandos del Banco Europeo de Inversiones. La estrategia de asfixiar económicamente al país al dañar sus principales fuentes de riqueza siempre ha entrañado riesgos en una doble vertiente: por una parte castigar aún más a la sufrida población civil cuyas condiciones de vida son ya muy duras y, por otra, propiciar un acercamiento aún mayor entre Minsk y Moscú.

Precisamente, tras la anexión ilegal por parte de Moscú de la península de Crimea en 2014 se produjo un alejamiento entre Lukashenko y Putin que intento ser aprovechado por parte de la UE. Pero este deshielo parece ya una posibilidad remota y desde los comicios fraudulentos del pasado año, Vladimir Putin ha vuelto a convertirse en el mejor aliado del mandatario bielorruso. De hecho, Lukashenko no descarta acudir a las Fuerzas Armadas de Rusia para garantizar la seguridad de su país según ha desvelado la agencia oficial BELTA. “Esto no sucederá jamás. Pero si fuera necesario, no dudaremos”, declaró el dictador a este medio de comunicación.

Lukashenko parece conocer bien las debilidades europeas. Tras la crisis de refugiados del año 2015, los Veintisiete siguen sin haber conseguido reformar el sistema de asilo europeo, lo que le hace seguir siendo muy dependiente de las llegadas frente a países terceros y también son claras las divisiones el el club comunitario a la hora de lidiar con Vladimir Putin.