Así fue la caza del “Pollo” Carvajal: con peluca y escondido tras las plantas de su balcón

El ex jefe de la Inteligencia Militar de Venezuela vivía “secuestrado” en un tercer piso del 123 de la calle Torrelaguna, en el madrileño barrio de Ciudad Lineal

Dice que su error fue no haberse cambiado de piso, que en este ya llevaba ocho meses y está convencido de que esa ha sido la imprudencia que le ha costado verse engrilletado. Hugo Armando “El Pollo” Carvajal, ex jefe de la Inteligencia Militar venezolana vivía “secuestrado” en un tercer piso del 123 de la calle Torrelaguna, en el madrileño barrio de Ciudad Lineal, desde el pasado mes de enero tras dar tumbos por todo el país desde que se fugó en 2019. Entonces, la Audiencia Nacional le dejó en libertad mientras decidía si procedía a su extradición a EE UU, donde estaba reclamado por pertenencia a organización criminal y tráfico de drogas.

Para cuando la Justicia acordó que sí le entregaría él ya había abandonado su domicilio de La Moraleja. Mientras le buscaban, el Grupo de Fugitivos de la Policía Nacional recibió todo tipo de informaciones que le ubicaban en Andorra, Galicia, Salamanca, Alicante... Pero no daban con él. Hasta la noche del jueves. Fue una información de la DEA (Agencia de Control de Drogas de EE UU) de mediados de junio lo que centró al fugitivo en este barrio pegado a Arturo Soria; sin embargo, no fue sencillo corroborar que efectivamente ahí estaba su guarida.

No salía de casa para absolutamente nada y para ello contó con la colaboración de una mujer de la misma nacionalidad, Carolina V. P., la encargada de hacerle la compra de alimentos, tirar la basura o suministrarle medicamentos que necesitaba. La Policía sabía que ella era una de las formas de llegar a él aunque, como comprobaron, ella no iba a colaborar. Cuando fue abordada, según fuentes policiales, explicó que vivía sola aunque mientras explicaba esto en la calle las luces y cortinas del piso en cuestión se movían.

La información de la DEA también explicaba que se había hecho operaciones estéticas para pasar desapercibido en caso de salir a la calle pero, según fuentes policiales presentes durante el arresto, su aspecto físico no ha variado. Sí habría utilizado, al parecer, pelucas e incluso bigotes postizos para las pocas veces que se asomaba a la terraza (llena de plantas muy altas) a que le diera un poco el aire. Una de esas veces fue precisamente la noche del jueves: era la primera vez que le veían y no hubo duda de que era él. Así, con la preceptiva orden judicial (tenían orden de detención, no de registro del inmueble) procedieron a llamar.

No abrió, lógicamente, y hubo que tirar la puerta abajo. Se mostró tranquilo y colaborador con los agentes: sabía que ese día iba a llegar. Al principio no abrió la boca pero cuando se relajó lamentó en voz alta su error: había demorado demasiado su cambio de vivienda y sabía que le habían “mordido” por eso.

Para los agentes también fue un día importante. “Se nos podía haber escapado, habiendo sido jefe de servicios secretos podía tener algún tipo de fuga que no conociéramos, a un piso contiguo o por el garaje, aunque teníamos a gente controlando y estaba todo vigilado. Nuestro abrazo cuando le detuvimos creo lo dice todo”, explica el responsable de la operación.