Europa

Abandonados 4.000 inmigrantes a su suerte en un bosque entre Polonia y Bielurrusia

Bielorrusia no exige visado a los sin papeles, que al llegar al aeropuerto de Minsk son trasladados a la frontera en autobuses

Los helicópteros del Ejército polaco siguen sobrevolando desde ayer sobre la pequeña localidad de Kuźnica. Según el Ministerio de interior polaco, hasta 4.000 personas están varadas en la zona. En tierra de nadie, su travesía está estancada en medio de un bosque entre la frontera polaca y bielorrusa. Militares polacos reconstruyeron ayer una valla de púas que los migrantes habían intentado derribar la tarde del lunes con árboles caídos desde territorio bielorruso.

Desde principios de año, la Guardia de Fronteras polaca registró hasta 30.000 intentos de cruzar ilegalmente su frontera. Polonia decretó el estado de emergencia desde el 2 de septiembre en 183 ciudades fronterizas en las provincias de Podlaskie y Lubelskie. Debido al estado de alarma, el Gobierno prohíbe la entrada de organizaciones no gubernamentales, observadores internacionales y periodistas. En Polonia, el Gobierno es la única fuente de información que distribuye al país a través de la televisión pública.

Después de que Alexander Lukashenko aprobara por decreto el acceso sin visado a decenas de nacionalidades, las fronteras de Polonia, pero también de Lituania, y Letonia, vieron aumentar el número de migrantes que buscan cruzar desde Bielorrusia. Actualmente se producen hasta 40 vuelos a la semana con destino Minsk desde Dubai, Estambul, Beirut, Bagdad, Damasco y Moscú. A su llegada a la capital bielorrusa, los migrantes son trasladados en autobuses hasta la frontera con Polonia. A pocos metros del límite fronterizo, los guardias polacos los hacen retroceder y no permiten su acceso, al volver por el mismo camino, son los soldados bielorrusos los que no permiten su regreso.

Sin acceso a ayuda humanitaria oficial, son las organizaciones no gubernamentales y ciudadanos anónimos en todo el país quienes intentan esquivar y moverse en la delgada línea de lo legal para ayudar a quienes se encuentran atascados en el bosque. Justyna Wolniewicz-Wrabec ha viajado varias veces desde Breslavia, en el oeste del país, conduciendo su automóvil lleno de mantas, abrigos y comida enlatada para socorrer a quienes lo necesitan. La zona en la que se encuentran los migrantes ronda los -3 grados a primera hora de la mañana y un 95% de humedad. Sin acceso a agua potable, comida o abrigo la labor de las ONG y personas anónimas es fundamental. “En el bosque nos encontramos con sirios, kurdos, yazidíes, iraquíes, afganos y gente de Suráfrica. Familias enteras con hijos, parejas, hermanos y amigos que viajan juntos. Están cansados, algunos llevan 40 días en el bosque”, comenta a LA RAZÓN.

El Gobierno aprobó hace un mes una nueva ley de extranjería que permite la expulsión inmediata de personas capturadas que no puedan demostrar que han entrado legalmente al territorio. Las quejas de organismos internacionales contra Polonia alegan que el país no respeta el derecho a asilo, la Convención de Ginebra y la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea. “Nos encontramos a un médico sirio, a un cantante, a un grupo de cuatro informáticos que escaparon de Afganistán en chanclas, con lo que llevaban puesto, huyeron porque a sus compañeros de trabajo los ataron los talibanes. Habían también personas no heteronormativas de Egipto. La mayoría son jóvenes, no pasan de los 50 años”, asegura Justyna. “Me temo que si nada cambia, empezaran a morir de frío y hambre”.