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El constante declive electoral de la socialdemocracia

El fracaso de Renzi en Italia se suma a la debacle de la izquierda en Países Bajos, Francia, Alemania y República Checa el último año. El populismo ha arrebatado a los viejos partidos sus votantes tradicionales.

  • El constante declive electoral de la socialdemocracia

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06 de marzo de 2018. 01:42h

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6/3/2018

En la mayoría de Europa, los partidos socialdemócratas se encuentran en su momento más bajo. El domingo, el Partido Democrático en Italia cayó del 26% en 2013 al 19%. También el domingo, un referéndum entre los militantes del SPD dio luz verde a a la Gran Coalición con Angel Merkel. Este acuerdo ha llegado meses después de que los socialdemócratas alemanes registraran una derrota histórica con sólo el 20.5% de los votos (el peor resultado del partido desde la II Guerra Mundial). Mientras, los sondeos entre la población joven y de mediana edad relegan al SPD a la tercera opción tras los ultras de Alternativa para Alemania.

Hasta la fecha, entre los 28 estados miembros de la Unión Europeo, uno puede apreciar que sólo hay seis gobiernos liderados por socialdemócratas (Italia, Malta, Portugal, Rumanía, Eslovaquia y Suecia). Y probablemente, Italia pronto saldrá de esta lista. El los comicios del año pasado, socialistas y socialdemócratas fueron borrados en Francia (5.7%), en Países Bajos (5.7%) y en República Checa (7.3%). En Austria han perdido frente a una coalición de centro derecha. Los partidos socialdemócratas no tienen representación en los parlamentos de Hungría y Polonia y han sido marginados en Grecia (6.3%). Solamente el Partido Laborista en Reino Unido registró un crecimiento inesperado en votos.

Esta excepción lo dice todo. El líder laborista, Jeremy Corbyn, es un dinosaurio marxista y de barba blanca que ha pasado décadas en los confines de la política británica. Ahora él encarna el populismo anti «establishment» de la extrema izquierda. En Alemania, la postura de Corbyn sería considerada muy lejana al espectro socialdemócrata.

El crecimiento de los populismos radicales de derechas y izquierdas tiende a solapar en sustancia, incluyendo los temas difíciles y las hostilidades hacia el libre mercado o en oposición a la globalización. Lo que estos partidos o movimientos comparten es un desdén hacia las élites y expertos de todo tipo, claman representar la «verdadera» voluntad del pueblo y presuponen que los problemas complejos requieren soluciones simples.

Los 500.000 votos perdidos por el SPD fueron a parar a AfD. Junto a Die Linke, representan a los votantes abandonados y con ingresos bajos que forman parte de las áreas rurales del este de Alemania. Juntos tienen más votantes que el SPD. Todo esto tiene consecuencias de largo alcance. Con la llegada de la AfD, la perspectiva de un Gobierno de izquierdas se han desvanecido.

Habitualmente, se ha comentado que la causa principal del declive del SPD ha sido el relego de los jóvenes militantes en la coalición con la CDU/CSU. Sin embargo, es difícil de comprobar. En 2013, el SPD prácticamente mejoró sus resultados a pesar de haber estado cuatro años en la oposición. Y en 2017, el partido perdió su histórico feudo de Renania del Norte-Westfalia. A pesar de todo, el argumento de que el SPD ha perdido su ventaja, parece justificado. Como mucho otras formaciones europeas, el llamamiento a las capas menos privilegiadas de la sociedad ha sido eclipsado por los populismos, tanto de izquierda como de derecha.

Una explicación a este hecho es que los socialdemocratas, durante sus etapas de Gobierno, abandonaron los objetivos tradicionales de garantizar empleos en industrias que se han vuelto no competitivos o la redistribución de los ingresos y la riqueza, aunque eso signifique el incremento de las tasas y la deuda. Como dijo Margaret Thatcer, «el problema con el socialismo es que eventualmente agota el dinero de la población». Lo que es parcialmente cierto, ya que las divisas y las inversiones se trasladaron a otras partes en la era de la globalización digital. Esto es lo que ocurrió en Alemania hace 15 años, cuando el país era considerado el «enfermo de Europa». El canciller Gerhard Schöder reaccionó reformando las leyes laborales y desinflando el sistema de bienestar. Todo ello causó un estrangulamiento de la clientela del SPD, que no ha ganado unas elecciones desde el segundo mandato de Schröder en 2002. Sus reformas fracasaron en el partido, pero compensaron al país. De alguna manera, el liderazgo del SPD falló a la hora de ganar el crédito por sus logros, y los votantes adjudican el éxito económico al centro derecha.

La segunda razón de su derrota es la apariencia de que la socialdemocracia se ha convertido en la nueva ideología dominante, fomentada en muchas ocasiones por la derecha. Siempre que la exigencias socialdemócratas ganaron popularidad, Merkel rápidamente se hizo con ellas, robándole el crédito al SPD por ser socialmente progresista. Más que nunca, Europa está viviendo en la época de la socialdemocracia, aunque los partidos socialdemócratas estén en retroceso derrotados por su propio éxito. Muchos socialismos y partidos socialdemócratas fueron demasiado complacientes con los funcionarios y los sindicatos. Fueron especialmente lentos en reacciona frente a los nuevos desafíos de la digitalización, la globalización y la migración.

Para poner fin a esta tendencia hay dos estrategias posibles. Una sigue el camino del populismo y la izquierda radical. El sorprendente éxito de Bernie Sanders en EE UU, Jean-Luc Mélenchon en Francia y Corbyn en Reino Unido han agitado el idealismo entre los votantes jóvenes. La aternativa es emular a Emmanuel Macron: ser libre de las estructuras y mentalidades socialistas para luego crear un partido de centro con unas bases ligeramente anti «establishment». Cualquiera de estos escenarios es el fin de la socialdemocracia tal y como la conocemos.

Director de Open Europe Berlin

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