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El proyecto Macron se somete a las urnas dos años después

El presidente francés llega debilitado a las elecciones europeas por la crisis de los «chalecos» y una desafortunada campaña.

El proyecto Macron se somete a las urnas dos años después
El proyecto Macron se somete a las urnas dos años despuéslarazon

El presidente francés llega debilitado a las elecciones europeas por la crisis de los «chalecos» y una desafortunada campaña.

El «Mesías» que vino a salvar Europa hace dos años tiene hoy serias dificultades para salvarse a sí mismo. Esta es la visión que impera en el arranque de la campaña para las elecciones europeas en los medios franceses. Con la lista de Marine Le Pen codo a codo de cara al 26 de mayo, la crisis de los «chalecos», que sigue sin aplacarse por completo, y una muy cuestionada planificación de campaña por parte del Gobierno, el presidente galo, Emmanuel Macron, se ve enrolado en una contrarreloj de dos semanas para reflotar su proyecto de nueva Europa que, desde luego, no tiene la proyección que él imaginó a su llegada al Elíseo, de la que se cumplen dos años esta semana.

La tensa situación interna apenas deja espacio al proyecto europeísta con el que quiso deslumbrar cuando llegó. La sensación de que el presidente galo se somete a un plebiscito encubierto en la cita europea lleva semanas inquietando a las filas de su movimiento político, En Marcha. Al principio pudo haber algún reparo en reconocerlo, pero llegados a este punto, la estrategia es frontal. «Es obvio que es un test nacional y europeo para Macron», ha sentenciado el director de campaña de En Marcha, Stéphane Séjourné, a Radio Francia Internacional esta misma semana.

Pero la campaña en las filas de Macron ha arrancado cargada de polémicas y con una candidata, la ministra de Asuntos Europeos, Nathalie Loiseau, criticada por falta de carisma. En los últimos días, la cabeza de cartel del macronismo ha estado envuelta en varias salidas de tono que aún lastran más la imagen del Gobierno. Apeló a relanzar su campaña como una «Blitzkrieg» –guerra relámpago en alemán–, una táctica que usaron los nazis en la II Guerra Mundial para ocupar rápidamente Polonia, Dinamarca, Noruega o Bélgica. El inoportuno comentario cayó como una losa en vísperas del 8 de mayo, fecha en la que Francia conmemora la victoria contra los nazis en 1945.

Esta polémica sigue a otra. La prensa francesa revelaba hace un par de semanas que el nombre de Loiseau figuró en su juventud en una lista de extrema derecha. La candidata primero lo negó, para poco después asegurar que «había sido un error de juventud» que fue el de no verificar mejor los colores de una lista universitaria a la que la invitaron porque faltaban mujeres. Una cadena de errores que ha forzado a varios pesos pesados del Gobierno, incluido el primer ministro, Edouard Philippe, a salir al rescate de la candidata en los últimos mítines. Pocos dudan en Francia del buen conocimiento técnico que Loiseau tiene de los asuntos europeos, lo que realmente debería importar de cara a las urnas, pero estos episodios han eclipsado su bagaje. El diario «Le Monde» calificaba a Loiseau a mediados de abril como «una candidata sólida pero con poco carisma».

Los sondeos dan prácticamente un empate técnico entorno al 21% de intención de voto entre la lista macronista y la de la extrema derecha de Le Pen, que ha escogido a un joven de 23 años como cabeza de cartel, Jordan Bardella, con la clara estartegia de rejuvenecer la imagen del antiguo Frente Nacional, rebautizado desde el año pasado como Agrupación Nacional. Pese a su llamativa juventud, Bardella lleva desde los 16 años implicado en la formación de los Le Pen y, desde entonces, su ascenso ha sido imparable. Su lealtad al partido se ha traducido en una promoción a nivel nacional. Imagen de chico bien, buena retórica en platós de televisión, formación en la Sorbona pero, al mismo tiempo, orígenes modestos. Hijo de una inmigrante italiana, creció en una vivienda social en el suburbio parisino de Saint Denis. «Represento el origen modesto y la fibra social. Formo parte de una generación que toma las riendas de su destino, que tiene ganas de combatir», señaló en una entrevista en «Libération». Bardella, tachado de «marioneta» de la líder ultraderechista por sus rivales, es a su vez el máximo exponente de la estrategia de Le Pen en un contexto de malestar social con los «chalecos amarillos» apretando al Elíseo.

Casi ningún analista podría poner en cuestión que la candidata macronista conoce mucho mejor cualquier engranaje de la UE, pero Bardella, mucho más frágil en ese sentido, es la apuesta de la ultraderecha por unas elecciones que pueden leerse en clave de plebiscito a Macron y que el propio presidente ha presentado en varias ocasiones como una batalla entre europeístas y eurófobos.

Con la difícil tarea de marcar sus posiciones se encuentran el resto de formaciones políticas, algunas aún en cenizas tras las últimas elecciones presidenciales de 2017. Los conservadores apenas alcanzan la tercera plaza con un 13,5% y la izquierda se ha fragmentado en múltiples candidaturas de las que ni siquiera un francés a pie de calle tiene conocimiento. Ninguna de ellas llega hoy por hoy al 10% en intención de voto. Ni siquiera los ecologistas van unidos en una sola candidatura, en lo que muchos ven un despropósito de egos que favorecen a Macron, muy volcado en sacar su lado «verde» . Quizás es una de las pocas buenas noticias que tiene el presidente para celebrar su segundo aniversario en palacio. La otra, casi anecdótica, es que la minúscula lista que promulga el «Frexit» sólo cuenta con un 1% de respaldos.