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En el lado equivocado de la historia

Tiempo de lectura 4 min.

20 de agosto de 2017. 21:50h

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20/8/2017

El derribo de una estatua conmemorativa, Robert E. Lee sacó a la luz lo peor de América. Los racistas, neonazis, antisemitas y fanáticos aparecieron para ejercer su libertad de expresión, una libertad de expresión que fue acompañada de armaduras, antorchas, armas de fuego y otro variado surtido de armas que incitaron a la violencia que provocó la trágica muerte de una mujer defendiendo los derechos de los demás. La respuesta inicial del presidente Trump fue que la “culpa era de ambos lados”. ¿Ambos lados? Ésta no es la condena inequívoca que se espera del presidente de los Estados Unidos. En un discurso posterior, que obviamente fue una declaración preparada, expresó el nivel de condena esperado, y llamó a esos grupos de odio específicamente por su nombre.

Pero Trump no podía detenerse ahí. Trump no es el genio de la oratoria que fue su predecesor, y cuando improvisa, las declaraciones inapropiadas e incomprensibles vuelven a surgir de sus labios. En una conferencia de prensa, en la que no tenía planeado hablar del tema, la verdad salió. En una extraña respuesta -a la vez defensiva y agresiva- a las preguntas volvió a echar la culpa a ambos lados y dijo que había “buenas personas en la marcha”. ¡Los neonazis y los miembros del KKK que gritan lemas antisemitas no son gente buena! Una vez más Trump está en el lado equivocado de la historia. ¿Estaba el ya defenestrado Steve Bannon, princiipal estratega de la Casa Blanca y ex presidente ejecutivo de Breitbart, un periódico de extrema derecha que defiende el antisemitismo y el racismo, detrás de estos comentarios? Tal vez, pero parece que esos improvisados comentarios fueron obra exclusivamente de Trump. Trump ama a sus partidarios y en ninguna otra parte recibe más amor y afecto que en la derecha. Se puede comprobar en su cuenta de Twitter y en sus declaraciones públicas que son el narcisismo y la inseguridad los que impulsan al presidente.

Salió en defensa de sus ávidos seguidores. ¿Deberíamos sorprendernos por lo que hizo durante la campaña? Los partidarios de Trump apostaron por él después de que insultara a latinos, musulmanes, inmigrantes, mujeres y discapacitados. Cuando vemos a David Duke, ex líder de KKK, agradecer al presidente su honestidad, hay que entender que su escala moral no funciona. Por desgracia, Trump no tiene brújula moral. No tiene empatía, simpatía o profundidad, ni sentido de la historia. Bannon se ha caracterizado como alguien que buscaba el caos y la ruptura, y estamos percibiendo que su visión está llegando a buen puerto.

El presidente ha envalentonado a la extrema derecha y le ha servido de plataforma. Además, con la ayuda de internet, estos representantes del odio no están solos, sino que pueden contactar fácilmente con otros, haciendo que su capacidad para organizarse sea más grande. En EE UU hemos visto un aumento en los crímenes de odio contra los judíos, los musulmanes y los negros. Por ejemplo, esta semana el Memorial del Holocausto en Boston fue saqueado por segunda vez en pocos meses, después de que en los últimos veintidós años el monumento se mantuviera intacto.

Trump criticó a Obama por no enfrentarse al extremismo musulmán. “J’Accuse” Mr. Trump! Conducir un automóvil contra una multitud de personas y matar a una mujer inocente es terrorismo doméstico motivado por el rascismo, el fanatismo y el antisemitismo, eso es así.

¿Qué pasa con el resto del Partido Republicano? Muchos han salido muy claramente condenando a los grupos por su nombre que cometieron actos de odio y violencia el fin de semana pasado. Sin embargo, muchos republicanos todavía no denuncian al presidente por sus declaraciones. Incluso Mike Pence, el vicepresidente, está de acuerdo con sus declaraciones. ¿Por qué le apoyan? ¿Son la agenda republicana de la reforma sanitaria y fiscal tan importantes que se puede pasar por alto el odio y el ma? ¿Dónde están esos valores americanos que todos dicen abrazar? Si el presidente no puede salir y decir a un público muy asustado que está con todas las religiones y todas las razas y no hay espacio para el fanatismo, ¿qué papel desempeña él como “líder del mundo libre”?. Incluso la comunidad empresarial que tenía grandes esperanzas de una presidencia “desreguladizadora” de Trump está abandonándole.

Ningún CEO quiere sentarse en un comité consultivo con alguien que no puede denunciar el racismo flagrante, el antisemitismo y el fanatismo cuando lo ve. Tengo curiosidad por lo que Trump le dijo a su yerno judío, hija y nietos después de explicar que hay neonazis “buenos”. Estos acontecimientos suplen la pregunta: ¿Esto es hacer a América Grande otra vez? Algunos pueden decir que sí. La derecha preferiría el Jim Crow South, cuando los negros no podían participar en las elecciones y la educación y la igualdad de trato, y cuando los judíos no podían asistir a ciertas universidades y clubes.

Estos grupos de extrema derecha denuncian lo que hizo el movimiento por los derechos civiles para muchos estadounidenses y quieren volver a “tiempos mejores”. La esclavitud, el trato injusto de los negros, los judíos y otros grupos son parte de la historia americana, pero no define a los Estados Unidos. Como nación aprendimos de estas experiencias y hemos forjado un nuevo camino. ¡No hay marcha atrás, señor presidente! La grandeza de una nación no sólo se encuentra en su pasado, sino en su futuro. Trump y el Partido Republicano que no han denunciado los comentarios del presidente deberían estar avergonzados.

*Profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de Hofstra

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