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Europa y Siria, dos frentes de una misma guerra

La Razón
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La idea de que el autodenominado Estado Islámico (EI) está perdiendo terreno en Irak y Siria y que ello ha avivado la amenaza terrorista en Europa se está extendiendo. El propio John Kerry acaba de afirmar que el EI está arremetiendo contra Europa a la desesperada porque su base en Oriente Medio se está erosionando rápidamente. Se podría deducir, por tanto, que la posibilidad de que haya más ataques terroristas en suelo europeo es alta y que, consecuentemente, la mayor parte de los esfuerzos contra el EI deberían centrarse en el frente doméstico.

Pero ¿qué pasará mientras con Irak y Siria? Y, ¿se puede afirmar que el Estado Islámico está perdiendo la «guerra»? Para dar una respuesta hay que revisar qué es lo que buscan los terroristas y qué es lo que quiere Occidente. Lo primeros desean mantener su califato, extender su ideología a otras partes del mundo y atacar a Occidente para meternos miedo y dividirnos políticamente. ¿Y qué quiere Occidente? Principalmente arrebatar el territorio al enemigo, acabar con sus líderes y prevenir ataques en casa.

Efectivamente, el EI está perdiendo terreno –según fuentes militares norteamericanas hasta un 40 por ciento del territorio en Irak– y, en general, los países occidentales están haciendo la vida algo más complicada al enemigo, que ha visto, por ejemplo, sensiblemente reducidas sus fuentes de financiación. Pero al mismo tiempo, el Estado Islámico está ganando terreno y adeptos en otras partes del mundo como en Libia, Afganistán y Yemen. Precisamente en Libia es donde ahora recae la mayor parte del flujo de «foreign fighters» (combatientes extranjeros), que antes iban a los territorios de Irak y Siria.

En cuanto al segundo frente, es decir los ataques contra Occidente, basta con recapitular lo que ha pasado desde finales de octubre: un avión ruso fue derribado sobre el Sinaí en represalia por los ataques aéreos de Moscú en Siria; varios ataques coordinados en París dejaron en noviembre un saldo de más de un centenar de muertos; en diciembre un matrimonio disparó y mató a 14 personas en San Bernardino (California) tras haber prometido lealtad al EI; y, por último, lo ocurrido en Bruselas. Son cuatro ataques en algo más de cuatro meses, algo sin precedentes que Al Qaeda nunca logró. Teniendo en cuenta estos dos frentes, la manera de medir si los terroristas del EI están ganando o no será evaluar su habilidad para seguir conquistando terreno y su capacidad para conducir ataques en Occidente. Y, a la vista de los acontecimientos, resulta excesivamente optimista afirmar que estén perdiendo.

Se está haciendo mucho, pero no lo suficiente, ni a nivel interior para prevenir ataques como el de Bruselas, ni tampoco en Irak y Siria. Y este segundo frente es el que no debe ser descuidado. Hay que quitarles ese territorio porque, además de una importante arma de reclutamiento, es allí donde se sienten seguros, y es allí donde planifican y llevan a cabo las operaciones terroristas con total libertad. Es cierto que después de París la campaña contra el EI se intensificó: los británicos ampliaron sus operaciones aéreas a Siria, antes limitadas a Irak; los franceses doblaron su capacidad en la región con el desplazamiento del portaaviones «Charles de Gaulle»; y los alemanes desplegaron a principios de año cuatro Tornados en Turquía para operaciones de reconocimiento en Siria. Sin embargo, en el cómputo global, se refleja un escaso énfasis de Europa en las operaciones militares en Irak y Siria y no se vislumbra un cambio en su estrategia contraterrorista cómo se podía esperar después del 13 de noviembre. Por ahora es Estados Unidos quien sigue llevando a cabo el 77 por ciento del total de los ataques aéreos de la coalición internacional –el 94 por ciento sólo en Siria – y es quien trata principalmente de degradar al EI.

Ahora los belgas han prometido reanudar la misión de los F-16 que estuvieron en Jordania como parte de la «operación Resolución Inherente». Temas presupuestarios y de reparación de las aeronaves son lo motivos que llevaron a suspender la misión en junio pasado. Es una buena noticia, pero insuficiente. Y lo peor es que el miedo en Bélgica y en Europa haga centrarse casi exclusivamente en el frente doméstico descuidando, como hasta ahora, el otro campo de batalla.

* Investigadora del Real Instituto Elcano