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Hallado muerto un exiliado ruso en su casa de Londres

Lavrov pide pruebas a Londres tras acusarles de envenenar a Skripal

  • Hallado muerto un exiliado ruso en su casa de Londres

Tiempo de lectura 4 min.

14 de marzo de 2018. 02:35h

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Andrea P. Egido / Antonio Mora.  13/3/2018

El exiliado ruso Nikolai Glushkov, de 68 años y amigo cercano del oligarca ruso Boris Berezovsky, fue hallado muerto el lunes por la noche en su casa de Londres. El cuerpo del fallecido fue encontrado por su familia y amigos y la causa de la muerte «aún no está clara». La Policía Metropolitana aseguró ayer que la unidad de comando antiterrorista está dirigiendo la investigación sobre la muerte «inexplicable» del ciudadano ruso. Glushkov ha sido hallado muerto tan sólo diez después del ataque con gas nervioso contra el ex espía Serguei Skripal y su hija Yulia en Salisbury, al sur de Inglaterra que ha abierto una crisis entre Londres y Moscú. Ambos se encuentran aun en estado grave. La Policía Metropolitana aseguró ayer que no hay «evidencias que vinculen la muerte (de Glushkov) con el incidente de Salisbury».

Glushkov trabajó para la aerolínea estatal rusa Aeroflot durante los años noventa. Cuando en 1999 las relaciones con Putin se tensaron huyó a Reino Unido. Entonces fue acusado de blanqueo de dinero y fraude y sentenciado a cinco años de prisión que cumplió hasta 2004 cuando fue liberado. Se exilió en la capital británica en 2011, donde testificó a favor de su compañero y oligarca ruso Boris Berezovsky que perdió el juicio contra Roman Abramovich, un «protegido» de Putin. Años más tarde, Berezovsky fue encontrado muerto en su residencia al sudeste de Inglaterra en marzo de 2013 y aunque la Policía apuntaba al suicidio –fue encontrado ahorcado en el baño–, el caso quedó abierto. Glushkov expresó sus dudas sobre el posible suicidio de su compañero y según la cadena BBC ha sido siempre muy crítico con el presidente ruso.

Esta nueva muerte «misteriosa» se suma a las 14 muertes ocurridas en el Reino Unido, que en su momento no fueron considerados como sospechosas pero que han sido «calificados por fuentes de la inteligencia de EE UU como posiblemente relacionados con el Gobierno ruso». Entre los nombres que figuran en la lista se encuentran el del citado oligarca Berezovski; el informante Alexander Perepilichnyy, que falleció mientras corría por un parque londinense; el agente del MI6 Gareth Williams (cuyos restos fueron hallados en una bolsa); y el científico británico relacionado con el caso de Litvinenko que murió apuñalado.

El fallecimiento de Glushkov no ha hecho sino aumentar la tensión diplomática. Si alguien tenía dudas de que Rusia y las potencias occidentales están librando una nueva Guerra Fría, la intervención de la primera ministra británica en el Parlamento el lunes se encargó de disiparlas. May afirmó que «es muy probable» que Rusia esté detrás del envenamiento de Skripal y su hija Yulia.

Países como Estados Unidos y Francia ya han condenado el ataque contra los Skripal y han prometido su apoyo a la primera ministra británica. El presidente norteamericano, Donald Trump, conversó ayer con Theresa May y aseguró que «tan pronto como tengan los datos correctos y si estamos de acuerdo con ellos, condenaremos a Rusia o cualquiera que haya sido».

Desde Moscú se mantuvo la misma línea de defensa. El propio jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, fue quien se encargó ayer de fijar la posición oficial sobre la presunta implicación de Rusia en el envenenamiento del ex espía y su hija. «Ya hemos dicho que es un disparate y es que Rusia no tiene nada que ver con ese caso», aseguró. Según Lavrov, su Gobierno está dispuesto a colaborar con la investigación pero puso como condición que Londres le dé acceso a todos los materiales relacionados con el envenenamiento de los Skripal.

Según el ministro de Exteriores, nada más conocerse el rumor de que el agente nervioso había sido fabricado en Rusia, reclamó el acceso a esa sustancia para que expertos rusos puedan analizarla «conforme a la Convención sobre la Prohibición de Armas Químicas». Hasta ahora –dijo– sólo «ha recibido una respuesta ininteligible que consiste en el rechazo de nuestras exigencias legales». La cancillería rusa también convocó ayer al embajador británico para expresarle su malestar por las acusaciones vertidas por la «premier». Cualquier posibilidad de que Putin –que será reelegido presidente el próximo domingo por cuarta vez– pueda mejorar las maltrechas relaciones con Europa y EE UU durante su nuevo periodo parecen haberse esfumado esta semana.

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