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Marine Le Pen reinventa la ultraderecha francesa

Reelegida presidenta en el congreso nacional, se deshace del patriarca Jean-Marie Le Pen y redobla su mensaje nacionalista y antiinmigración en busca de nuevos votantes

  • Marine Le Pen anuncia el nuevo nombre del partido/Reuters
    Marine Le Pen anuncia el nuevo nombre del partido/Reuters
París.

Tiempo de lectura 4 min.

12 de marzo de 2018. 20:11h

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Asunción Serena.  París. 11/3/2018

El Frente Nacional se ha sometido este fin de semana a un ligero retoque estético. Marine Le Pen quiere que su partido se llame ahora Rassemblement National. ¡Con lo fácil que era traducir el antiguo nombre al español! Ahora habrá que decidirse por unión, concentración, reunión, aglomeración... Agrupación... eso sí, Nacional. En cualquier caso, como explicó ayer Le Pen, el objetivo es expresar una «voluntad de unión de todas las energías nacionales» en un momento en el que Francia vive una «recomposición política». Y la palabra «nación» debía figurar de forma «imperativa» porque representa «para cada uno de nosotros el meollo de nuestro compromiso». Sin embargo, sí quiere conservar el logo del partido, la llama azul, blanca y roja que representa la bandera de Francia.

La reelegida presidenta del partido de extrema derecha quiso justificar este cambio de nombre ante sus militantes, a pesar de que «es portador de una historia gloriosa que nadie puede renegar». Según Le Pen, el nombre Frente Nacional se había convertido en «un freno psicológico» que impide a los franceses unirse al partido o votar por él. Algo diametralmente opuesto a lo que piensa su padre y fundador del partido, Jean-Marie Le Pen, que califica de «suicidio» político esta decisión, y que ayer fue apartado definitivamente de la formación al ser eliminado el cargo de presidente de honor. De hecho muchos son del parecer del padre. Sólo un 52% de militantes han dado el visto bueno al cambio, y ahora tendrán que decidir si el nombre propuesto por su líder les satisface. Los resultados serán conocidos en seis semanas.

Como estaba previsto, Marine Le Pen fue reelegida sin sorpresas como presidenta del partido. Era el único candidato a su sucesión, y recibió el 100% de los sufragios expresados durante el congreso. Aunque ello no oculte la desafección de los ciudadanos. Según un sondeo publicado ayer por el «Journal du Dimanche», sólo el 39% de franceses desean que presente de nuevo su candidatura a las próximas presidenciales. A pesar del histórico resultado obtenido frente a Emmanuel Macron, con once millones de votos en la segunda vuelta de las elecciones, su imagen ha quedado profundamente deteriorada, incluso entre sus posibles votantes, tras su desastrosa intervención en el debate con Macron antes de la segunda vuelta.

En el discurso de ayer en Lille para clausurar la convención nacional, Le Pen comenzó subrayando los desafíos a los que se enfrentan en los próximos años, que se resumen, en «un reto de civilización», porque lo que está en juego «es nuestro país, es la historia», es la posibilidad de «ver que Francia se interrumpe», afirmó la diputada frontista. En su opinión, el actual jefe del Estado francés representa el vacío, «la apariencia», «lo efímero», el caldo de cultivo en el que se difunde el islamismo. «El señor Macron, que intenta usurpar la modernidad, nada en sentido contrario», dijo Le Pen, asegurando que «la victoria de los pueblos y de las naciones de Europa es uno de los objetivos» de las próximas elecciones europeas en las que se enfrentarán dos proyectos: «el de la UE defendida por Macron con Juppé y Cohn-Bendit, y el nuestro, la gran coalición de nacionales».

Según Le Pen, el futuro de Emmanuel Macron puede compararse a la actualidad del ex primer ministro italiano Matteo Renzi: «Un referéndum y cuatro años más tarde, nuestros aliados de la Liga del Norte están a las puertas del poder. Signo premonitorio, asistimos a la caída del Macron italiano». Las críticas contra el actual presidente de Francia no acabaron ahí. «En la Francia del señor Macron ser marchador (en referencia al nombre de su partido En Marcha), es ser nómada, como lo son los inmigrantes y los expatriados fiscales». Según Le Pen, el nombre del movimiento fundado por el presidente, En Marcha, es en sí mismo «una profesión de fe por un nomadismo sin complejos» que lleva implícito el fin de las fronteras y la imposición de movimientos migratorios. La presidenta del todavía Frente Nacional atacó la «sociedad del señor Macron» que significa para el ciudadano una multiplicación de «inseguridades», incluidas las culturales: «Es en ese desierto mental en el que prospera y prolifera el islamismo». «El mundialismo y el islamismo son dos ideologías que quieren dominar el mundo: una a través del comercio, la otra a través de la religión», concluyó Le Pen.

Respecto a los franceses que han partido a Siria o Irak para unirse al Estado Islámico y que ahora quieren regresar, Le Pen dijo «no los queremos» de vuelta, arrancando los aplausos de la audiencia, «ni a ellos, que son unos monstruos, ni a sus mujeres, que son cómplices».

Le Pen denunció también la «sociedad sin límites» que ha generado el Mayo del 68, y propuso la celebración de un coloquio que ponga fin a la ideología que generó el movimiento. Asimismo atacó la reforma laboral del actual gobierno. «Aunque ciertos puntos deben evolucionar, no creemos que una nueva precarización del asalariado, tal y como resulta de la ley del Trabajo, sea una solución aceptable». Para ella, una ley del Trabajo deber ser «en primer lugar una ley contra el dumping social».

Este lavado de cara del Frente Nacional fue parcialmente truncado por la actuación de un asistente parlamentario del FN y número dos de las juventudes frontistas, Davy Rodríguez. En un vídeo difundido en las redes parece oírse cómo profiere insultos racistas contra el vigilante de un bar de Lille, al que había acudido la víspera. Rodríguez denuncia que es un montaje pero el partido ha decidido suspenderlo hasta verificar los hechos. David Racheline, alcalde del Frente Nacional, afirmó ayer que si la información esreal «sería condenable».

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