Inmigración

«Mi pesadilla comenzó con una multa de tráfico»

Varios «dreamers» en una protesta
Varios «dreamers» en una protestalarazon

En la actualidad hay 11 millones de personas residiendo sin autorización en Estados Unidos y los dreamers, alrededor de 800.000, son el subgrupo con mayor aceptación ya que están perfectamente adaptados a su cultura y no tienen responsabilidad directa de su estatus migratorio. El 80% de ellos nacieron en territorio mexicano, y si Trump cumple con sus veladas amenazas podría provocar una deportación masiva de estos jóvenes bilingües y binacionales a México. Muchos apuntan a que la cancelación de DACA es solo una estrategia más del líder republicano con la que extorsionar a sus vecinos del sur. Entre tanta conjetura solo se asoma una certeza que confirman a La Razón, dreamers deportados al país azteca: “México no está preparado para acoger a tantos deportados”.

Israel Concha nació hace 38 años en México aunque no tiene recuerdos haber vivido en ese país. Cuando tenía 4 años sus padres decidieron emigrar a Texas, el lugar que terminaría siendo su hogar por más de tres décadas. Allí se crió, fue a la escuela, se licenció en Administración de Empresas en la universidad y en cuanto pudo abrió una empresa de transporte con la que daba trabajo a “8 empleados y más de 25 chóferes norteamericanos”, según cuenta a La Razón.

Pudo llevar adelante su vida a pesar de que fuera considerada una persona “ilegal” desde que era un niño, cuando sus padres cruzaron clandestinamente a Estados Unidos. Un limbo legal con el que le ha tocado convivir toda su niñez y madurez, pero que no le impidió luchar por sus sueños. Lamentablemente su situación migratoria, de la que nunca fue responsable, le hacía estar pendiendo de un hilo. Cualquier desliz podía acabar con su sueño americano y ese desliz llegó en forma de multa de tráfico.

“Un día teníamos mucho trabajo y me tocó a mí recoger a un cliente. Y sí, no voy a mentir, iba rápido en la autopista, y lo que para otra persona habría sido una multa para mí fue el comienzo de una pesadilla”, confiesa Israel. Esa pesadilla terminó dos años después con su deportación a México pero su camino hasta entonces sirvió de ejemplo a muchos otros.

Israel tuvo la oportunidad de bajar los brazos y asumir la expulsión de un país que consideraba suyo pero decidió llegar hasta el final: “no quería estar toda la vida preguntándome que habría pasado”. Su pelea duró dos años en los que el mexicano permaneció retenido en un centro de detención de inmigrantes “50 personas vivíamos en una habitación de 5x7 metros, 23 de las 24 horas del día; también había españoles”.

En el año 2015 se formalizó su deportación y traslado a la Ciudad de México, un lugar que no conocía “me expulsaron de mi país y me mandaron a otro con el que no me identificaba. No somos ni de aquí ni de allá, somos diferentes pero no por ello dejamos de ser mexicanos”, lamenta en un español edulcorado con palabras en inglés.

Su espíritu empresarial le llevo a buscar nichos de mercado en México donde los dreamers podían ser de utilidad. Ahí fue cuando dio con los callcenter que, aunque ofrecían puestos nada presuntuosos, al menos eran un comienzo: “siendo bilingüe, teniendo algo de experiencia en atención al cliente, normalmente no tardas ni 24 horas en tener una oferta de trabajo. Vi que era una ventana interesante para otros que iban a encontrarse en mi misma situación”, asegura Israel, quien trabajó como teleoperador varios meses mientras le daba vueltas a una idea mucho más grande.

“Al llegar me di cuenta que no había servicios para nosotros, fue entonces cuando pensé en conectar a estas grandes empresas con los perfiles de los retornados y ampliar la cobertura a través de una organización civil”. 2 años después de su fundación, ‘New Comienzos’ ha podido brindar apoyo a más de 3.500 personas y con la última declaración de intenciones del presidente Trump, se ven ante la tarea de asumir las responsabilidades de un estado en materia de apoyo a retornados.

La historia de Israel no es diferente a la de otros dreamers que, sin ser responsables de su situación migratoria, podrían terminar pagando con su futuro, las voluntades de un duro empresario y polémico presidente, al que no le tiembla el pulso a la hora de lograr sus objetivos. Aunque en juego estén los destinos de cientos de miles de personas.