¿Conoces el síndrome de Cenicienta?

Este fenómeno social se basa en la necesidad de algunas mujeres de depender de una figura protectora. Y no, los príncipes azules no existen.

No Cenicienta, ningún príncipe va a rescatarte.
No Cenicienta, ningún príncipe va a rescatarte.Archivo

Todos conocemos el cuento de la Cenicienta, donde una chica es maltratada por su madrastra hasta que encuentra un príncipe que se enamora de ella. Detrás de lo que puede parecer una inocente (e arcaica) historia infantil, se esconde un fenómeno psicológico muy común, el síndrome de Cenicienta: la necesidad que tienen muchas mujeres de tener una pareja que la salve de su vida.

Según el cuento, la mujer puede ser inocente, hermosa y amable, pero no fuerte ni independiente y debe ser rescatada por una fuerza externa, ya sea un Hada Madrina, ya sea un Príncipe encantador. De este modo, la aparición de un hombre será lo que dará sentido a su vida y la mujer quedará supeditada sus ideales, sin atreverse jamás a salir de su zona de confort.

Este complejo es negativo porque no permite a las mujeres lograr sus metas personales. Es curioso ver como en la actualidad, hay más féminas que hombres que cursan estudios universitarios, pero según se va ascendiendo en la escala de puestos de trabajo, hay un claro predominio de hombres que ostentan los cargos de poder, término que se recoge como el techo de cristal. En los grupos de WhatsApp del colegio, casi todas son madres. Cuando un niño se enferma, se da por hecho que lo cuidará la mamá. Y muchas mujeres todavía alaban al padre que está en el parque cuidando de su hijo, como si fuera un extra fuera de lo común.

Este fenómeno psicológico fue descrito por la americana Colette Dowling en su libro El complejo de Cenicienta, y lo define como el miedo a la independencia de las mujeres, que prefieren vivir bajo la sombra de un hombre y quedar relegada al cuidado de la casa y los niños. Para ser felices, estas “cenicientas” buscan y necesitan el resguardo y la sensación de seguridad de una pareja. Las relaciones que se basan en esta dependencia no son sanas, pues la falta de igualdad no puede jamás sustentar un amor sincero.

Escribe Dowling: “¿Por qué, cuando tenemos la oportunidad de dar un paso hacia delante, tendemos a retroceder? Porque las mujeres no están habituadas a enfrentarse con el miedo y vencerlo. Se nos ha acostumbrado a evitar cuanto pueda asustarnos. En realidad, no estábamos adiestradas para la libertad, sino educadas para todo lo contrario: la dependencia”.

Las mujeres con síndrome de Cenicienta siguen siempre el mismo patrón psicológico: son personas con una autoestima baja, con miedo a salir de la zona de confort y que tienen un deseo inconsciente de ser atendidas y cuidadas constantemente por otras personas. Este comportamiento puede derivar en patologías como depresión, ansiedad y una insatisfacción personal permanente.

Según Colette Dowling, el complejo de Cenicienta puede estar causado por ciertas reglas de educación que han recibido desde pequeñas, un modelo de crianza en el que incita a los hombres a desarrollar todos sus potenciales mientras que a la mujer se le insta a que se preparen para ser buenas esposas, madres y amas de casa. Y sí, estamos hablando de patrones que se siguen repitiendo en el siglo XXI. “Los hombres reciben lecciones de independencia desde el mismo día de su nacimiento, del mismo modo que sistemáticamente se enseña a las mujeres que tienen una salida, que algún día, de algún modo serán salvadas. Este es el cuento de hadas que se nos inculca desde nuestra más temprana edad”.

Claves para ser una mujer independiente

Hay que trabajar la autoestima, reforzando la idea de seguridad y valía sobre una misma. La única manera de tomar el control sobre la propia vida es asumiendo responsabilidades.

Tomar la iniciativa. Hay que dejar al lado la pasividad. Las cosas nunca vienen por sí solas, y cada una tenemos la clave para lograr lo que queremos en la vida.

Cuida tus emociones. Hay que realizar actividades que nos sean placenteras, cuidar el círculo amistoso y fomentar las relaciones con otras personas.

Hay que cambiar la forma de pensar acerca del significado que se les otorga a las relaciones de pareja. El amor no es dependencia ni un desequilibrio. Una pareja tiene que complementarte, no llenar tus vacíos internos.

Deja de pensar en negativo. Hay que salir del bucle insano que a veces invade nuestra mente. Debemos detectar estos pensamientos de manera automática y sustituiros por palabras de ánimo que eleven la positividad.

Hay que ser autónoma económicamente. No hay que depender de nadie ni pedir dinero, pues esto elimina totalmente la propia libertad.

Disfruta de la soledad. Valora esos momentos como algo con aspectos positivos y dedícate tiempo para ti: puedes leer, pasear, escribir, incluso llorar si lo necesitas. Aprender que estar contigo misma tiene que ser tu mejor compañía.