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El conde de Mercoeur o el príncipe Enrique de Francia

Con ese alias llegó a entrar en Francia traspasando la frontera con Brujas

  • Sus retratos llevaban diferentes nombres para evitar que fuesen confiscados
    Sus retratos llevaban diferentes nombres para evitar que fuesen confiscados

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24 de agosto de 2018. 06:21h

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Amadeo-Martín Rey y Cabieses.  23/8/2018

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La seguridad y la comodidad justificaban el uso del incógnito. El Conde de Chambord, Enrique V para los legitimistas franceses, quiso ir en 1839 a Roma desde Verona. Al no tener pasaporte fue de incógnito con autorización del duque de Angulema. Se hizo pasar por su sobrino el duque de Lévis. Sin embargo, era importante hacerse reconocer por el Santo Padre, la sociedad romana y los franceses en Roma. Se instaló dos meses en el palacio Conti, en la plaza de la Minerva.

Enrique vivía exiliado en el castillo de Frohsdorf, Austria, y debía ser discreto cuando realizaba reuniones encaminadas a la restauración monárquica. En cierta ocasión entró en su país atravesando la frontera de Brujas. Se presentó bajo el nombre de conde de Mercœur en la estación de Tourcoing el 1 de julio de 1871, acompañado de los condes de Monti de Rezé, y de Vanssay, y de Stanislas de Blacas. No había puesto el pie en Francia desde hacía 41 años. El señorío de Mercœur, convertido en ducado en 1569, lo ostentó por vez postrera Carlos X, abuelo de Enrique. La mañana del 2 de julio llegó a la Estación del Norte de París. Ese día se votaba. Tras oír misa, siempre de incógnito, en Nôtre-Dame des Victoires, visitó Nôtre-Dame, la Saint-Chapelle, el palacio de Justicia y las ruinas de las Tullerías, donde solo quedaba el pabellón de Marsan. Se entrevistó con el marqués de la Ferté para comunicarle el texto del manifiesto del 5 de julio, pero éste le hizo saber las consecuencias funestas de ese documento. Hubo un altercado y no se vieron más.

un viaje a escondidas

En esos días, Enrique oyó a dos trabajadores que discutían. Uno decía: ¿Por quién vas a votar? ¡por los blancos! Yo voto por la república. Quieres hacer volver a Enrique V, y tras él a los beatos y los nobles. El otro contestó: Mi padre decía que se pagaba menos y que se era más feliz con los reyes. ¡Ah! Si me atreviese, murmuró M. de Mercoeur (Enrique V), cómo estrecharía contento la mano de ese chaval. Se non è vero...

Dos años más tarde Enrique dejó Frohsdorf de incógnito en compañía de Monti, de Blacas y de Chevigné. Llegaron a la Estación del Este de París, donde les recibió el conde de Sainte-Suzanne en coche de posta. Para evitar ser reconocido se envolvió el cuello y parte de la cara con un foulard calándose su sombrero. Oyeron misa en Saint-Laurent y fueron a Versalles, donde M. de Vanssay puso a su disposición una casa junto a la catedral, en 5, rue de Saint-Louis. Allí, el 19 de noviembre de 1873, jugaba al whist con Maxence de Damas. Nunca llegaría a reinar por mantener su fidelidad a la bandera blanca, cuajada de flores de lis, de los Borbones.

Bajo el reinado de Luis Felipe (1830-1848), toda imagen del conde de Chambord era sedi-ciosa. Para escapar a la confiscación, sus retratos llevaban nombres como: «L’Orphelin», «l”Exilé», «le Petit Pélerin», «l’Enfant du Ciel», «l’Enfant du miracle», «le Jeune Matelot bordelais» o «le Petit Montagnard exilé». En este último caso, la leyenda iba seguida de los últimos versos de la romanza del vizconde de Chateaubriand: «Mon pays sera mes amours/Toujours», quien por cierto le llamaba «L’héritier des siècles». En cierta ocasión, el nuncio monseñor Macchi felicitó a Luis XVIII en nombre del cuerpo diplomático por el nacimiento de Enrique –en la fiesta de San Miguel Arcángel, protector de Francia– y le llamó el «Hijo de Europa». También se le llamó «M. de Trop» y el «Mesías de las Legitimidad». Pero quizá el más conocido de todos sus sobrenombres sea el citado de «Hijo del milagro», debido a haber sido hijo póstumo del duque de Berry y, gracias a eso, heredero de la corona de Francia. Ese apodo lo recibía de todos los franceses, a excepción naturalmente de los Orleáns. De éstos, el duque de Aumale y el príncipe de Joinville le llamaban «grand cousin».

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