¿Qué sería de la moda sin los 70?

Juan Vidal rebobina en la historia durante la Fashion Week Madrid, mientras que la colección de Schlesser vuelve a los 90

La firma Brain & Beast mostró en Cibeles el lado urbano de la moda / Efe
La firma Brain & Beast mostró en Cibeles el lado urbano de la moda / Efe

Juan Vidal rebobina en la historia durante la Fashion Week Madrid, mientras que la colección de Schlesser vuelve a los 90.

Duarte con su sastrería de talle amplio para hombre y mujer abrió los desfiles de ayer en la Fashion Week Madrid. Su propuesta de revisión de la sudadera y los acolchados avanza un otoño caliente. Si Palomo Spain no tiene dinero para desfilar en dos sitios a la vez –Madrid se quedará sin disfrutarlo y los neoyorquinos alucinarán el 4 de febrero con su colección «Inverso»–, Custo no se pone límites y desfila en Madrid y dentro de una semana en el 080BCN. El catalán propone que las mujeres hagamos, salvando las distancias, como un gremlin malo, que al desprendernos de un abrigo enorme de peluche, que llama «eco-pelo», cause el efecto sorpresa y aparezca la mujer empoderada que llevamos dentro y que no necesita nada más que un vestidín ligero tipo lencero que requiere un radiador cerca para no encadenar gripazos. Si Custo no presentase una colección llena de «brilli brilli», metalizados y mezclas de todo tipo de tejidos, no sería él.

Brain & Beast también hará doblete con el 080BCN y, a falta de María Escoté y Carlos Díez, han llegado a Cibeles como un soplo de moda urbana. Para su primera vez en Madrid, Ángel Vilda se recrea en todo lo que se puede hacer con una sudadera, una camiseta y unos vaqueros. Con estas tres piezas diseña un ropero completo que resulta de lo más atractivo. Las piezas las ajusta con cordones tipo corsé, a los vaqueros rectos les coloca unos vivos blancos, con un portatrajes se hace un vestido de noche y con tres camisas superpuestas una falda de hombre. Y sí, propone vestirse a capas y que nada sea lo que parece, a lo que le añade color y buen rollo. Algo de lo que carece la propuesta de Roberto Diz, que con un stock de neopreno negro se ha hecho una colección de trajes que sólo una mujer pez entendería.

Diversidad e ilusión

Si Caprile y Palomo Spain coincidían en su decálogo para un buen desfile en que una música estresante podía arruinarte un show, la de Diz lo ha conseguido. Para compensar, Juan Vidal crea una colección como si fuera una pizza donde todo cabe. Es su metáfora de la diversidad femenina. Propone vestidos camiseros de los años 70, estampados africanos y asiáticas en telas de tactel, trajes de cuero y muestra una curiosa coincidencia en sus trajes todos se unen y ajustan con lazos. No hace hombre pero hay maxi abrigos inspirados en el de Balenciaga sin costuras, que son unisex. ¿Qué es el arte?, preguntó ella. Una enfermedad. ¿Y el amor? Una ilusión. Ese diálogo, Rabaneda, en su segunda colección para Ángel Schlesser, lo traduce en 42 modelos. La batalla la presenta con el patronaje de los 90 y la lana. No hay exceso, por no haber no hay ni estampados ni bordados. La mayor parte de la colección se centra en la sastrería. «Aún sigo buscando mi hueco dentro de Schlesser y tiro mucho de archivos viendo desfiles de los comienzos y de ahí saco unos volúmenes comedidos», dice. Trabaja tres ambientes de color, para la sobriedad usa el gris, para la tendencia, el azul y el tercer ambiente es de los rosas y verdes. Los abrigos son de colores potentes, como el naranja o el rosa, y los vestidos tienen corsé interno para enfatizar otros volúmenes.