Una solución limpia para las mascarillas (y una ayuda al medio ambiente)

La Comunidad de Madrid ultima un plan para habilitar almacenes temporales para los residuos infecciosos de baja intensidad como batas, guantes o tapabocas

Es una bomba de relojería medioambiental. Ocupados como estamos en combatir el coronavirus, las “armas” y el futuro de estas ha pasado a un segundo plano. Pero con ello nos toparemos más pronto que tarde. Por eso, la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid planea habilitar almacenes temporales para la acumulación de residuos infecciosos de baja densidad (batas, guantes, calzas, mascarillas, dispositivos de protección ocular y en general los residuos sólidos y de baja densidad) generados en distintos centros sanitarios, con el fin de “racionalizar la gestión estos residuos ante el incremento de producción derivado de la presión asistencial en los centros, servicios y establecimientos sanitarios”. Así lo publica el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM), en el apartado de la gestión de los residuos en contacto con Covid-19 procedentes de hospitales, centros de salud, instalaciones medicalizadas, ambulancias, laboratorios y establecimientos, en la actualización de la orden para frenar la pandemia en la región. Podrán prestar servicio a varios centros sanitarios, manteniéndose en todo momento segregados por su origen con el fin de garantizar la trazabilidad de la gestión y se asignará un Número de Identificación Medioambiental en calidad de poseedor a cada uno de estos centros de almacenamiento temporal. A efectos de traslado, se considerará un único traslado con dos etapas, entre el centro productor del residuo y el centro gestor de tratamiento. Los residuos irán acompañados del correspondiente documento de identificación en el que figurará el centro sanitario de origen y el centro gestor de destino previsto. Los residuos permanecerán el menor tiempo posible y se destinarán preferentemente al tratamiento previsto en los contratos entre el Servicio Madrileño de Salud y los gestores de residuos. Todo para evitar que, acabada la lucha contra la pandemia, nos encontremos -nunca mejor dicho-, con su herencia envenenada.