Mabel Lozano: «Yo no soy una feminista y activista de postureo»

Ha realizado un «spot» sobre la violencia de género para el canal Crimen+ Investigación

Mabel Lozano en la plaza del Reina Sofía
Mabel Lozano en la plaza del Reina SofíaJesús G. FeriaLa Razon

Temperamental, apasionada y con un entusiasmo contagioso propio de una persona que ha hecho del dolor un revulsivo al pisar el barro en el que están las mujeres víctimas de género y de la trata, atrapadas en unas arenas movedizas que las puede atrapar hasta engullirlas. Hace muchos años –ella dice que «en otra vida»– Mabel Lozano y la popularidad iban de la mano gracias a su labor como presentadora, modelo y actriz. Sin embargo, hubo un momento en que quiso dar la cara no delante de la cámara sino detrás. Desde entonces, se ha conjurado para poner en negro sobre blanco la situación de las féminas que están en una situación de vulnerabilidad extrema por el maltrato físico y psicológico de sus parejas y las que están inmersas en la espiral de prostitución. Acaba de rodar para el canal de pago Crimen + Investigación un «spot», «Cambia el final de tu historia», en colaboración con la Fundación Ana Bella para su programación especial dentro de la campaña #StopViolenciadeGénero, mientras es candidata al Goya por el cortometraje «Biografía del cadáver de una mujer» y ya tiene en las librerías «Porno Xplotación».

Cuando llegó Lozano a Madrid, desde un pueblo de Toledo, para ella fue tener a mano un parque de atracciones lleno de posibilidades y alicientes culturales. De ahí, que el primer sitio que escoge es el Museo Reina Sofía: «Allí vi por primera vez el ’'Guernica’' de Picasso y casi me desmayé». Sin embargo, insiste que se resalte otro sitio más mundano: el bar El Diamante. «Por sus bocatas de calamares, en el momento en que empecé a residir aquí era mi lugar de referencia». Después escoge en Madrid de los Austrias y, en tercer lugar, que por sentimiento, puede que sea el primero Madrid Río. Es una cuestión personal. Es de Atlético y allí estaba el Vicente Calderón.

Es tiempo de ir a lo mollar de sus inquietudes y desvelos de los últimos años: el maltrato. Del anuncio que ha rodado para Crimen+ Investigación sobre todo resalta que «se da voz y cara a mujeres que han sido muy valientes. Y solo pido a los medios de comunicación que sigan visualizando la violencia de género sin hacer pornografía del sufrimiento. Eso es importante. He tenido la oportunidad de darle voz a las víctimas de género, que se las vea y levanten la mano, eso es importantísimo para las mujeres». Subraya que también hay jóvenes «que ven a mujeres maduras y piensan que no va con ellas. Sin embargo, la realidad es que ellas ven que sus chicos la controlan como interpretación de que las quieren. No saben identificar a tiempo las señales que le identifican como un maltratador y un misógino» Lozano tiene un discurso bien armado, ella ha ejercido hablar más con los hechos que con las palabras. «Al principio trabajaba haciendo determinados papeles que tenían más que ver con mi físico. España es un país con muchos prejuicios y ponemos muchas etiquetas». Un día, cambió todo: «Madrid era un lugar que me ofrecía acceso a la educación, a la cultura y un montón de posibilidades como intérprete. Pensé que ese era mi destino, pero no. Me lo cambió Irina, una chica de trata de mujeres que conocí en 2004. Me contó cómo había sido captada y explotada en un puticlub de Madrid. Me cambió la vida. Los destinos no son los lugares si no las formas de ver las cosas».

Sobre el feminismo tiene una reflexión que va más allá de las palabras comunes: «Yo nací feminista, pero no de postureo. No soy una investigadora de salón o de despachos. Estoy en la calle, no me quedo detrás de un ordenador, No, no, dos días antes del confinamiento llegaba de Colombia investigando sobre las chicas y las modelos de ’'webcam’', una experiencia 2.0. El fenómeno de la trata y la prostitución es muy cambiante. No te puedes quedar en una pantalla hablando del patriarcado. Hay que investigar».

Lozano no es inmune a los testimonios que busca. «No contengo las lágrimas, lloro mucho y nadie lo ve. Yo sueño todos los días con Yamiled, la rotagonista de ’'Biografía del cadáver de una mujer’'». Y a los ciudadanos nos deja una reflexión: «Una mujer maltratada no es víctima para siempre, no se la puede seguir revictimizando porque es nefasto».