Entre actores y marionetas: embarcados en el «Nautilus»

La Comédie-Française trae a los Teatros del Canal una adaptación de «20.000 leguas de viaje submarino»

20.000 leguas de viaje submarino. De la Comedie- Francaise
20.000 leguas de viaje submarino. De la Comedie- FrancaiseTeatros del canal

«¿Cómo interpretar el agua en teatro? Rechazamos categóricamente la proyección de vídeo. Ahí está toda la magia…». Esto reflexionaba Christian Hecq, que junto a Valérie Lesort, asumió en 2015 el desafío de crear un espectáculo híbrido entre actores y marionetas con la adaptación teatral de «20.000 leguas de viaje submarino», la novela de Julio Verne. Con ella, los actores de la Comédie-Française nos embarcan en las aventuras del legendario Nautilus del capitán Nemo. En este submarino encontramos al profesor Aronnax y su criado Consejo quienes, antes de naufragar y convertirse en prisioneros de Nemo, se lanzaron a la búsqueda del célebre narval gigante a bordo del Abraham Lincoln junto al arponero Ned Land. El Capitán Nemo los lleva a una oceánica vuelta al mundo donde la experiencia científica se mezcla con la poesía de las grandes profundidades. Con este espectáculo, premio Molière 2016 de Creación visual, la Comédie-Française estará en los Teatros del Canal del 10 al 13 de diciembre, en francés con sobretítulos en español.

Christian Hecq, que tiene una larga trayectoria como titiritero y manipulador, invitó a Valérie Lesort, artista visual, a subir a bordo del Nautilus para ayudarlo en la puesta en escena y esta diseñó y creó junto a Carole Allemand toda clase de monstruos marinos, peces arcoíris, medusas fosforescentes, pulpos gigantes, calamares albinos, el pez payaso y las más extrañas criaturas del mundo submarino. «Marionetas manipuladas por los propios actores, invisibles en la oscuridad, que bailan, agitan y se balancean para producir imágenes de gran belleza. Según Valérie Lesort, «la adaptación es fiel a la historia pero nosotros damos nuestra versión. Tiramos hilos para desarrollar los personajes, inventamos situaciones para hacer existir en ella la escala de este increíble viaje. Y le agregamos bastante humor».

«Quise fusionar las marionetas a los personajes representados en carne y hueso, por eso, cada uno pertenece a un universo diferente: el humano y el animal», afirma Hecq. A lo que añade Lesort: «El hecho de que los actores manipulen títeres e interpreten personajes implica un ritmo altamente físico y riguroso. Los cambios de vestuario y de marionetas se efectúan en solo unos segundos y en la oscuridad más absoluta. Es un trabajo de equipo formidable».

Este es un espectáculo en el que los peces pueden competir con los actores. «Si al comienzo del trabajo, la oscuridad pudo ser desestabilizadora para los “manipulactores”, el malestar desapareció rápidamente, pronto encontraron una complicidad con las marionetas», explica Hecq. «Hay una multitud de categorías de peces y la forma en la que los actores les dan una personalidad increíble, aunque sin llegar a humanizarlos», apostilla Lesort: «La apuesta es por estar bajo el agua durante hora y media, y para ello contamos con la escenografía, el sonido, las luces, materias flotantes y el trabajo de los actores». Y concluye Hecq: «Esto crea una atmósfera un poco inquietante, pero esencial para la credibilidad de la situación en el submarino. Fue apasionante, buscar la manera de animar ese mundo de las profundidades, esos peces que forman parte de la historia de las veinte mil leguas de viaje submarino».