Madrid, laboratorio del «sharing»: 85.000 viajes diarios

La movilidad compartida absorbe el tres por ciento de los movimientos de los madrileños. Las empresas logran salir de los números rojos con nuevas estrategias

Imagen nocturna de tres patinetes eléctricos por la Plaza Mayor
Imagen nocturna de tres patinetes eléctricos por la Plaza Mayor FOTO: JESUS G. FERIA La Razon

Madrid se ha convertido en un laboratorio de la movilidad compartida, sobre todo de la eléctrica, una verdadera apuesta por la sostenibilidad, con más de 16.000 unidades circulando por la capital entre «carsharing», «motosharing», patinetes y bicicletas. De hecho, los expertos hablan de que en el futuro no tendremos coches, sino que los compartiremos.

La capital abrió sus puertas al «sharing» hace relativamente poco tiempo, diez o doce años. Y desde que desembarcó, este modelo de movilidad que inventaron los alemanes y que extendieron por toda Europa, no ha dejado de crecer a la vez que se disparaban las distintas aplicaciones para poder usarlos. Se han llegado a hacer aplicaciones que proporcionaban el posicionamiento de todas las marcas («Chipi»). La movilidad compartida arrancó en Madrid con vehículos eléctricos de «Car to Go» (ahora Share now) y, desde entonces, en el mundo del «sharing» no ha cesado de haber fusiones. Las principales marcas de coches apoyaban este modelo de negocio como una forma de lanzar ciertos modelos que encontraban en las calles de la capital un gran escaparate. Fueron prosperando con el tiempo sin que estuviera incluida la amortización del coche. «Estos negocios, que llevan mucha tecnología por detrás, no llegaron a ser rentables y han estado en números rojos pero, después, en el mundo “sharing” han ido entrando otros dispositivos de movilidad personal. Una moto o un patín es mucho más barato a la hora de amortizar el vehículo que pones a compartir y conforman el gran laboratorio que es Madrid», asegura Luis Miguel Martínez, gerente del Consorcio Regional de Transportes de la Comunidad de Madrid.

Con la llegada de la crisis se independizan las plataformas de las marcas, que ya dejan de inyectar dinero y estas plataformas empiezan a poner en circulación vehículos de distintas marcas.

En los mejores tiempos del «sharing», un vehículo podía llegar a tener hasta más de 30 usos diarios. Hoy en día no superan los diez y el precio también ha variado dependiendo de la hora, se han inventado abonos de fidelidad, precio por 24 horas, por 15 días... «El concepto está pensado para ofrecer un producto que no solo valga para tu movimiento diario, sino también para otros usos, como las vacaciones porque supone ya una opción para no tener coche», añade el responsable de Transportes.

Además, se han creado estrategias de carga con la concertación de aparcamientos en puntos estratégicos o cargas rápidas, se ha ido intentando mejorar el modelo de negocio, tanto en posicionamiento de vehículos como en carga de baterías o en los modelos de leasing (más baratos y con baterías de más larga duración). «Todo esto ha permitido a las compañías (más de una veintena) salir de los números rojos y tenderá a no serlo porque han sabido optimizar su negocio a través de la plataforma tecnológica o de lo que es toda la intendencia de posicionamiento de vehículos», añade el responsable madrileño.

No obstante, todavía es muy escasa la movilidad que absorbe el mundo compartido, representa solo un 3%, frente a los 4,5 millones de viajes en el transporte público. Así, según los cálculos de la Comunidad de Madrid, en total se realizan 85.000 viajes compartidos al día. Los más de 3.000 vehículos operativos realizan unos 30.000 viajes diarios; las cerca de 2.500 bicicletas hacen 15.000 itinerarios al día, casi los mismos que las 4.000 motocicletas eléctricas diseminadas por la ciudad. Otros 25.000 movimientos se hacen en los cerca de 5.000 patinetes que circulan por Madrid.

Más concienciación

En esto de la movilidad compartida también hay un factor importante de concienciación ciudadana. Según un estudio realizado por Kantar para Spin sobre la percepción de la ciudadanía sobre la micromovilidad compartida, el 71% de los madrileños utilizaría más el transporte público si tuviera cerca servicios de micromovilidad compartida.

Además, ocho de cada diez personas considera que la micromovilidad eléctrica es esencial para resolver los problemas de movilidad urbana, uno de los grandes problemas que sufre especialmente la capital tras la recuperación de la presencialidad en los puestos de trabajo tras la pandemia.

Pero es que, además, más de la mitad de la población entrevistada en el estudio, el 59%, cree que esta es una opción muy beneficiosa para combatir los problemas de contaminación, uno de los grandes retos de las grandes capitales como Madrid.

La capital es, precisamente, una de las ciudades españolas donde los ciudadanos sienten un mayor interés por la micromovilidad. Algunos expertos en movilidad consideran que dar la mejor solución posible a esta cuestión es un factor clave. «El espacio público es finito y hay que optimizarlo, poner reglas y tomar decisiones porque el vehículo privado lo es todo en la ciudad, pero la gente empieza a comprar bicicletas porque se está buscando la vida para poder avanzar», explica Ramón Ledesma, asesor de Pons Seguridad Vial. Pero aún estamos lejos de acostumbrarnos a esa convivencia entre bicicletas y coches. ¿Puede aumentar la accidentalidad con estos nuevos modos de movilidad que se abren paso en la ciudad? «Si se calma el tráfico desaparecerán los muertos. Hay que garantizar que la velocidad baje para evitar atropellos porque el 75% de los conductores se desplazarían en bicicleta si fuese un medio más seguro para moverse en Madrid», añade.