El tráfico ilegal de los gases de aires acondicionados y neveras pone en peligro la reducción de CO2 para 2030

Una investigación confirma que al menos 3.000 toneladas de gases hidrofluorocarbonos, equivalentes a 4,7 millones de toneladas de CO2, entraron en la UE en 2019 sin control. Se cuelan por aduanas, a través de la venta online o saltándose las cuotas de importación asignadas

Los gases hidrofluorocarbonos (HFC) están presentes en nuestra vida diaria aunque no los veamos. Se encuentran dentro del circuito del aire acondicionado de nuestro hogar o en el sistema de los grandes frigoríficos de los supermercados. Estos gases desprenden CO2 que produce un efecto invernadero y el calentamiento global del planeta.

En 2014, la Comisión Europea puso en marcha una nueva reglamentación a la que denominó F-GAS, la nueva directiva 517/2014; que entró en vigor en enero de 2015, y pretende reducir, entre los años 2015 y 2030, en un 79% el CO2 que los HFCs emiten, sustituyendo estos, poco a poco, por otra generación de gases, los hidrofluoroolefinas (HFO). El cambio de gas supone que, por ejemplo, en los frigoríficos de los supermercados, el potencial de calentamiento global (PCA) baje de 4.000 a 150.

El Comité Técnico Europeo de Fluorocarbonos (EFCTC) denuncia que esta directiva no se está llevando a la práctica debidamente. “La Unión Europea ha creado esta norma única en su categoría y como norma es fantástica pero sólo dice que la implementación tiene que ser proporcional, disuasiva y efectiva en cada uno de los países miembros. Esto significa que no hay homogeneidad en la aplicación”, asegura Murli Suhkwani, director general para Europa, Oriente Medio y África de FluoroChemicals de Chemours, empresa dedicada este tipo de gases, y miembro del Comité Técnico Europeo de Fluorocarbonos (EFCTC).

La F-GAS se basa en una serie de cuotas para todos los países de la Unión Europea, es decir que cada empresa puede importar lo equivalente a la cuota anual que la UE le ha asignado a cualquiera de los países miembros, y entregar un informe que verifique esta cantidad de importaciones al año siguiente.

El Comité Técnico Europeo de Fluorocarbonos, gracias a las investigación que ha promovido con la agencia privada Kroll, ha podido comprobar que las importaciones ilegales HFC continuaron introduciéndose en la Unión Europea durante 2019. Esta es la conclusión a la que han llegado después del seguimiento de 228 denuncias de actividades ilegales, entre marzo y diciembre de 2019, de las cuales 14 proceden de España. Gracias a ellas se han identificado cientos de envíos de gases HFC mayoritariamente procedentes de China.

La mayoría de las denuncias están vinculadas con los gases HFC R-134a, R-404A y R-410A, que se utilizan en sistemas de refrigeración de casas, supermercados, aires acondicionados o transportes, y con cilindros ilegales no recargables, prohibidos en Europa. Ambos se suelen vender online a través de plataformas de comercio electrónico. La investigación ha logrado reunir pruebas sobre un total de 3.000 toneladas de HFC ilegales, que podrían ser equivalentes a 4,7 millones de toneladas de CO2, o lo que es lo mismo, a las emisiones generadas por conducir más de 3,5 millones de coches nuevos durante un año.

También se han detectado las formas en las que se introduce ilegalmente el gas en la Unión Europea. La mayoría del gas proviene de China que cuenta en abundancia con la materia prima, el flúor. En algunas ocasiones se recurre al abuso de las cuotas por parte de titulares y de nuevos operadores debido a que el control se hace a año vencido. “Una empresa puede tener una cuota que le deje importar 10 toneladas pero como durante ese año nadie le va a controlar, puede importar 10 a un país, 10 a otro etc...y en noviembre de ese año declararse en bancarrota y entonces ya no tener que informar al año siguiente de lo que se ha importado”, señala Suhkwani, como uno de los engaños que se llevan a cabo.

Otras veces los HFC se declaran para ser transportados a través de la UE hacia otros destinos, pero finalmente se comercializan de forma ilegal en la UE fuera del sistema de cuotas. “Tú puedes traer una importación de China al puerto de Valencia para poder enviarlo después a otro sitio, pero la investigación que ha hecho Kroll ha revelado que no se sabe si el producto, cuando va de un punto a otro se queda por el camino, por los países que pasa”, explica Suhkwani.

Otras prácticas usuales son: el contrabando abierto de mercancías declaradas en aduanas, en las que el importador no tiene cuota, y la comercialización de productos falsificados y prohibidos. Y es que las aduanas no tienen bases globales ni conocimientos para detectar los fraudes.

El Comité Técnico Europeo de Fluorocarbonos (EFCTC) ha propuesto varias soluciones para terminar con las importaciones ilegales, como entrenar al personal de aduanas mediante cursos, para que sean capaces de reconocer un gas HTC, o distinguir un cilindro, una lata de un sólo uso, un barril..., y, si tienen dudas, puedan consultar con la industria. Otra de las medidas sería la creación de una ventana única, es decir un registro de cada una de las importaciones y las cuotas de cada empresa que se actualice en cada momento, y se puedan ver las transacciones de cada una de las empresas sin tener que esperar a que ellas mismas hagan un informe un año después.

Otra medida imprescindible es poder unificar las sanciones por parte de los países miembros de la Unión Europea. Por ejemplo en Polonia la sanción administrativa es de 2.000 euros, y una cisterna de 2 toneladas puede alcanzar 200.000 dólares en el mercado. Sabiendo que sólo se registran, más o menos, un 2% de las mercancías que pasan por aduana. Si, por ejemplo, se pasan 10 cisternas y requisan una, la multa sería de 2.000 euros, que no es gran importe teniendo en cuenta lo que el delincuente va a ganar con las otras 9 cisternas que ha podido pasar.

Por último, la EFCTC reclama que cuando la UE reparta las cuotas entre las distintas empresas, investigue datos como su razón social, quién hay detrás... para evitar posibles fraudes. “Llevamos más de año y medio hablando a mucha gente de la Comisión Europea, asociaciones, a la industria...; hemos hecho muchísimas cosas, y, desafortunadamente, no vemos que haya un impacto sustancial, aunque ahora las autoridades nos escuchan con mucha más atención”, asegura Suhkwani.

La industria se ha gastado cientos de millones de dólares para sacar adelante los HFO; productos mucho más sostenibles y con los que se reduce las emisiones de CO2, pero que no están sustituyendo a los HFC al ritmo que debería por el problema de las importaciones ilegales. Nosotros hemos hecho nuestro trabajo haciendo las inversiones para tener el producto listo para lanzarlo al mercado, y porque sabíamos que el gas iba a funcionar. Ahora tiene que haber voluntad política”.