Juegos de deconstrucción

José Marco

El Pacto de Toledo, creado hace 18 años, significó en su momento un paso de gigante en la cultura política de nuestro país. Se sacaba de la lucha partidista un elemento central del Estado de bienestar, como son las pensiones, y los partidos políticos y los sindicatos se comprometían a debatir en ese nuevo foro sus propuestas y a aceptar los acuerdos que surgieran de ahí. El Pacto de Toledo traducía, por otra parte, la existencia de un pacto intergeneracional básico y estructural, muy propio de la sociedad española y que le proporciona a esta una naturaleza y una solidez específica.

La forma y el momento que se ha elegido para relanzar, como una ofensiva de guerra, el debate sobre las pensiones indican que hemos entrado en una nueva fase. Resulta un poco paradójico. Habiéndose encontrado la forma de llegar a un consenso sobre la deriva independentista catalana, era de esperar que las fuerzas políticas nacionales le hubieran cogido el gusto al diálogo, al pacto y al acuerdo, y que estuvieran dispuestos a continuar y profundizar un instrumento tan valioso, y tan fructífero, como el Pacto de Toledo.

No ha sido así. Parece que la cuestión independentista, en vez de traer al centro –es decir al marco nacional– a los partidos políticos, les lleva, en particular al PSOE y tal vez a Ciudadanos, aunque sea por razones distintas, a tensar la situación. Si la tendencia continúa, es posible que estemos asistiendo al final del Pacto de Toledo y después, a la de la actual legislatura. Será una manera de reconocer a los independentistas una victoria de alcance estratégico. Y redundará pronto en la reducción de los ingresos de los pensionistas, que comprobarán, por si no lo supieran ya, que sólo la estabilidad institucional es capaz de mantener un nivel razonable y mínimamente equitativo de ingresos.

La ofensiva separatista demuestra que hay fuerzas muy poderosas empeñadas en desarticular territorialmente nuestro país. La ofensiva de las pensiones, si se consolida, demostrará que hay por lo menos otras tantas empeñadas en desarticular uno de los elementos más vertebradores de nuestra sociedad.