Los «isidros»

Abel Hernández

Hoy es el día de los «isidros», venidos un día del pueblo a la capital con la maleta de madera. Cuando llegaron las máquinas al campo, que hacían el trabajo de los animales de labranza y de los hombres, los campesinos cerraron la puerta de la casa y se trasladaron a la ciudad, que era donde fabricaban esas máquinas. Emigraron por necesidad y porque se veían inferiores y diferentes. Se ocupaban de alimentar al resto de la sociedad sin levantar la vista del suelo, pero nadie se lo agradeció. Al contrario. Y entonces sucedió el gran éxodo, la gran estampida. Se acomodaron como pudieron en los barrios populares y comprobaron enseguida que la ciudad también los consideraba seres inferiores. Ser de pueblo era sinónimo de cateto, paleto, palurdo... Notaron que los retrataban así en la televisión, en los teatros y en las viñetas de humor de los periódicos. Pronto trataron de disimular sus orígenes, aunque no fue fácil la adaptación. Como escribe Marc Badal en «Vidas a la intemperie», en el pueblo sus ojos conocían la sombra de cada árbol y sus pies, la forma de cada piedra. «Sólo la niebla podía llegar a desorientarles por unos instantes».

En la ciudad se quedaron sin referencias, como perdidos en la niebla. Lo que dejaron atrás no ha ido mejor. La España rural sigue vaciándose. Según las últimas estadísticas oficiales, los pueblos de menos de 2.000 habitantes han perdido desde 1970 la mitad de la población (del 11% al 5.9%), y también decaen los municipios rurales intermedios, los de 2000 a 10.000 habitantes. Esto es especialmente llamativo en Castilla y León. Los pueblos de la España interior se están muriendo, mientras Cataluña se rebela y atrae todas las miradas. Ahora no sólo se van los jóvenes y los de mediana edad, sino también los mayores de 65 años. No aguantan más. Por ley de vida, muchos se van muriendo. Hace tiempo que en los pueblos sólo aumentan los habitantes del cementerio. Las defunciones superan abrumadoramente a los nacimientos. Y otros se van a una residencia o a la casa de los hijos en la ciudad a ayudar con la pensión. Hoy en 5.686 municipios rurales viven 773.249 personas mayores de 65 años, con muchas necesidades sin satisfacer. De nada sirve la abrumadora lista de escritores, pensadores y artistas que han puesto de manifiesto la superioridad moral de la vida del campo sobre la de la ciudad. Como dice Oliver Goldsmith, «las virtudes rurales abandonan el país».