Ciudadanos en su encrucijada
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A la formación que preside Albert Rivera le está llegando la hora de la verdad. Ese momento en el que uno debe tomar la difícil pero crucial decisión de qué quiere ser de mayor. El resultado de los comicios andaluces ha puesto final a una etapa en la que a un partido nuevo, sin pasado marcado por los lastres propios de la ostentación del poder durante años, se le perdonaba todo. Al fin y al cabo no estaba dentro de gobierno alguno y además se veía con las manos libres para apoyar a unas u otras opciones manteniéndose, eso sí, en una siempre cómoda oposición desde la que enhebrar la estrategia a corto o medio plazo muy pendientes –casi esclavos– de la demoscopia y hasta permitiéndose resbalones tan imperdonables para sus propias expectativas como haber dejado a Rajoy a los pies de los caballos de una moción de censura que Rivera solo acabó de creerse cuando Sánchez enfilaba su investidura. Esa etapa ha dado paso al momento que siempre llega de poner las cartas sobre la mesa y que en el caso de Ciudadanos pasa por definir si pretende ser un partido de gobierno, lo cual obliga a fijar más nítidamente según qué posiciones o por el contrario se conforma –que también es legítimo– con ser una prometedora bisagra al más puro estilo del partido liberal alemán.

Lo de introducir por parte de Juan Marín la variante del entendimiento con el PSOE de Susana Díaz de cara a un futuro gobierno de la Junta como alternativa al cambio que se negocia con el Partido Popular y que sería asumido por Vox, además de poner en un brete ese cambio por el que podría haber apostado el electorado, compromete a Rivera cuyo discurso hoy va por otro lado y hasta puede dinamitar las expectativas de la formación centrista de cara a los comicios municipales, autonómicos y generales llegado el caso. Alguien debería recordarle a Marín alguna realidad como el hecho de que hasta ahora y durante décadas, en Andalucía y resto de España se votaba únicamente a PSOE o a PP y el castigo en las urnas al uno repercutía en beneficio del otro, pero resulta que ahora son no dos sino cuatro las opciones en liza y lo de incumplir las promesas electorales puede no resultar tan gratuito. Ciudadanos se ha pasado la campaña andaluza abominando de un gobierno socialista al que apoyó durante cuatro años y todo lo que sea volver a ir de la mano con esta formación, tenga o no a Díaz al frente, resultará suicida. Rivera lo sabe, entre otras cosas porque se añade otro argumento tan de peso como que entenderse con los socialistas en Andalucía supone desactivar en gran medida la causa anti independentista que Ciudadanos lleva tiempo abanderando con mayor éxito que nadie. El partido de Rivera está en su hora de la verdad y eso genera vértigo, pero no le queda otra. De lo que haga o no haga en el nuevo escenario andaluz va a depender su papel de entrada hacia la edad adulta...salvo que opte por el complejo de «Peter Pan».