Estabilidad o entretenimiento

Martín Prieto

Como sociedad, padecemos lo que los neurólogos llaman pérdida de memoria a corto plazo. Nos acordamos de Francisco Franco, obligados por la mentalidad presidencial y gubernamental, pero quedan como de otro siglo las piñatas del ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, la mal enterrada crisis económica del año 2008, las subidas espeluznantes de la dichosa prima de riesgo, la negativa de el ex jefe del Ejecutivo Mariano Rajoy a la intervención de las cuentas de España, limitándola al sistema financiero, o la quiebra del bipartidismo político imperfecto, que mal que bien nos alejaba de los precipicios.

Pero, al igual que ocurre con la información que es procesada por Internet, todo queda preservado en el disco duro o en la nube.

Esta campaña electoral es tan atípica que, sin ni siquera haber comenzado de forma oficial, tiene su inicio en la moción de censura del pasado verano, la cual catapultó al líder de los socialistas, Pedro Sánchez, al Palacio de La Moncloa, siendo desde entonces todo el terreno de barbecho electoralista.

Desahuciado el bipartidismo, lo que realmente votaremos los ciudadanos en menos de un mes serán las coaliciones. Y los avances demoscópicos ligan menos que los gases nobles.

Lo que subyace es la añosa división existente entre la derecha y la izquierda, más las subdivisiones más de mercadeo que ideológicas. Un hipotético Gobierno formado por PP, Ciudadanos yVox, y presidido por el partido que lidere la lista más votada de todas, podía ser deseable si la extrema derecha democrática se abstuviera de exigir ministerios a cambio, ya que llevará su tiempo descriminizarla.

Mientras, un Gobierno del PSOE (con Sánchez a la cabeza) con Ciudadanos y los partidos pitufos regionalistas o separatistas sería más de lo mismo y, sobre todo, el final de la carrera del líder de Ciudadanos, Albert Rivera.

Si metiéramos en la ecuación zurda al manglar de Podemos, a la baja como se presupone por el momento, ocurriría lo mismo que con Vox, pero elevado a la enésima potencia. Con Cataluña dividida no políticamente, sino sentimentalmente entre el bien y el mal, la presencia de ministros de Pablo Iglesias en La Moncloa recordaría demasiado al Frente Popular de 1936 y sus indultos.

Llevamos demasiados años políticos de sustos, proezas, ejercicios funambulístas sobre el alambre, pactos imposibles o incluso contra natura, como para suponer que el censo electoral votará lo que le parezca más estable para el país y, al margen de las opiniones de cada cual, el futuro Gobierno que el 28 de abril salga de las urnas menos descuanjeringado puede ser el que ofrezcan las derechas si cuentan con suficiente peso parlamentario.

Zapatero ya inició una era,por la cual tuvo que transitar Rajoy, de entretenimiento con la economía, Cataluña, la Memoria Histórica y juguetes varios.

La estabilidad se pondrá de moda y, si no, todos acabaremos echando de menos el turnismo entre Cánovas y Sagasta.