Derechos civiles

Antonio Pelayo

Recientemente el Papa Francisco ha destacado una de las mayores paradojas de nuestro tiempo: «Un fenomenal desarrollo normativo y por otro un deterioro en el goce de los derechos globalmente consagrados». La frase forma parte del discurso que pronunció ante la cumbre de magistrados pan-americanos celebrada en el Vaticano sobre el tema «Derechos civiles y doctrina franciscana». Expresado en términos más claros, lo que el Papa denuncia es que con la excusa de que los derechos civiles están pasados de moda nuestras sociedades aceptan y justifican la desigualdad social, la injusticia y la falta de oportunidades que –advierte– «es una forma de generar violencia, silenciosa pero violencia al fin».

Desarrollando esta idea, Bergoglio argumenta que la democracia, tan cacareada por líderes políticos de todo pelaje, no puede ser sólo nominal sino un sistema político-económico que se plasme en acciones concretas que velen por la dignidad de todos los ciudadanos bajo la lógica del bien común, basado en la solidaridad y la opción preferencial por los pobres.

Son estas ideas que el actual Pontífice ya expresó en la «Laudato si», encíclica que muchos comentaristas tuvieron interés en presentar como un inocuo documento ecologista cuando en realidad se trata de un formidable alegato en favor de la justicia social universalmente llevada a la práctica. Si tuviéramos que resumir en una sola fórmula el importante discurso papal nos bastaría citar estas catorce palabras: «No hay democracia con hambre, ni desarrollo con pobreza ni justicia en la inequidad».