Opinión

Orlandi

El nombre y apellido de Emanuela, la muchacha de 15 años misteriosamente desaparecida en 1983, ha vuelto a aparecer en los medios de comunicación de medio mundo. Desde hace treinta y seis años su familia intenta desentrañar el misterio de su desaparición en una madeja llena de bulos, falsos rumores e hipótesis disparatadas cargadas de las peores intenciones.

La última fase de este «culebrón» se está desarrollando en el Cementerio Teutónico de la Ciudad del Vaticano donde una carta anónima enviada a la familia informaba que podían encontrarse los restos de la desafortunada chiquilla. El 11 de julio se abrieron dos tumbas en dicho camposanto y, ante el estupor de todos los presentes, se constató que estaban vacías. Ni restos de Emanuela ni de las dos princesas alemanas cuyos nombres y fechas de su muerte figuran en las lápidas.

Dos días después el Vaticano informaba que durante los años 60 y 70 toda la zona había sido remodelada y que era posible que los cadáveres de las dos tumbas exploradas hubiesen sido trasladados a dos osarios. El 20 de julio se abrió el escotillón que permite el acceso a los mismos y los investigadores se han encontrado con una masa de huesos que la abogada de la familia Orlandi ha cifrado en más de mil. Los peritos dispondrán del tiempo necesario para analizarlos y atribuirles una fecha.

La Santa Sede quiere demostrar a la familia Orlandi y a la opinión pública con su disponibilidad para estas investigaciones que no tiene intención alguna de ocultar la verdad.