Opinión

Dolors Codina

España vivió, a inicios de los años 20 del pasado siglo, el nacimiento del feminismo que vería parte de sus reivindicaciones satisfechas de la mano de la dictadura de Miguel Primo de Rivera. En abril de 1924 promulgó un Decreto Real, firmado por él, como presidente del Directorio Militar, otorgando el derecho a voto a la mujer, aunque con ciertas restricciones. El sufragio universal femenino se establecería definitivamente en 1931 gracias al empuje de Clara Campoamor y con la feroz oposición de la izquierda socialista, a través de la diputada Victoria Kent. La socialista opinaba que la mujer española carecía, en aquel momento, de la suficiente preparación social y política y que, debido a la influencia de la Iglesia, su voto sería conservador y perjudicaría a la República, mientras que Campoamor defendió que toda mujer debería tener el derecho de votar, pues defendía la igualdad de todos los seres humanos. Curioso paradigma que contradice en pleno siglo XXI el discurso de la izquierda española.

Dolors Codina Arnau nació en Lleida en 1878 y falleció en el municipio de El Talladell en 1944. Rica propietaria (la «pubilla» de cal Codina de Talladell), monárquica, catalanista, amante de España, descendiente de una familia de profesionales liberales comprometidos con el progreso y la política, destacando su tío –Felip Codina Canut–, dirigente del «Partido Progresista» de Lleida, escogido diputado provincial y senador en 1871.

Dolors Codina fue nombrada alcaldesa del Talladell, municipio cercano a Tàrrega –capital de la comarca leridana de Urgell–, el 17 de octubre de 1924, bajo el régimen político del general Primo de Rivera. Este hecho la convirtió en la primera mujer alcaldesa de España. Dolors Codina no fue elegida por sufragio universal sino en virtud del Estatuto Municipal de 1924 que establecía que las mujeres podían ser elegibles, siempre y cuando se cumplieran algunos supuestos como por ejemplo que sólo se podían presentar las solteras y las viudas con patria potestad; las casadas no podían presentarse a unas elecciones. Su mandato terminó con el final de la dictadura, consiguió una gran dinamización de la vida cultural de la ciudad, creó la Sociedad Coral La Aurora y puso el pequeño municipio en el centro de multitud de actividades musicales y corales. Durante la Segunda República se dedicó a la administración del patrimonio familiar y debido a su ideología derechista hubo de esconderse de los incontrolados de Lluís Companys durante la guerra civil, escondida en Barcelona, ​​para evitar ser asesinada. En 1940 volvió al Talladell, a su casa principal, y recuperó su posición social. Dolors Codina accedió a la alcaldía acompañada de otras dos regidoras, Antònia Solé Segura y Francesca Domingo Bo. Días después, en el municipio de Quatretonda de Alicante, sería nombrada alcaldesa Matilde Pérez Mollá. En recuerdo y homenaje a la verdad histórica: Clara Campoamor, Matilde Pérez o Dolors Codina, fueron las auténticas luchadoras de la igualdad de la mujer.

Por cierto, mi madre se llama Dolors Codina Balletbó.